La eléctrica alemana EnBW toma el 50% de Ferroatlántica
Después de un año de opas, por fin hay un vencedor en la batalla para hacerse con el control de Hidrocantábrico, una empresa eléctrica asturiana que hace diez años era considerada una pieza subsidiaria en el mapa eléctrico español –poco más que Electra de Viesgo–, pero que el interés de Unión Fenosa, primero, y de las eléctricas extranjeras, después, ha revalorizado hasta extremos difícilmente presumibles.
Hacerse con el 59% de Hidrocantábrico le ha costado a Villar Mir y a su socio alemán más de 300.000 millones de pesetas y ni siquiera esa cuantía garantiza nada, dado que los estatutos de la empresa eléctrica tienen una curiosa forma de entender la democracia. Para blindar al anterior consejo, un accionista no puede controlar más del 10% de los votos en la junta general, a no ser que supere el 75% del capital.
El sentido común probablemente conducirá a que Villar Mir tenga, antes o después el control político de la sociedad, pero antes de eso, el empresario ya prepara la compra de su siguiente presa: Viesgo. Villar fue presidente de la empresa eléctrica cántabra mientras Viesgo estuvo en manos del Banco Santander y la conoce perfectamente. Sabe de sus limitaciones, pero también conoce la importancia de sumar su mercado al de Hidrocantábrico. Con ambas reuniría algo más del 10% del sector eléctrico español, una cifra ya significativa para desenvolverse en él y, sobre todo, complementaría el negocio, dado que parte del mercado de Viesgo se entremezcla con el de Hidrocantábrico en Asturias y Galicia.
Lo que no parece claro es que Ferroatlántica ni la propia Hidrocantábrico puedan hacer frente a la operación con sus propios recursos, sin la ayuda de EnBW, después del endeudamiento provocado por la OPA que ha exigido el control del 59% de la eléctrica asturiana. A pesar de la potencia de su holding de empresas, la cifra pagada por Villar es muy elevada y sólo una parte puede resarcirse con la entrega de la mitad de las acciones de Ferroatlántica a los alemanes, que han valorado las tres fábricas de ferroaleaciones que la empresa tiene en Galicia y Cantabria y los saltos de agua en 63.318 millones de pesetas. El resto se convierte en endeudamiento; el dinero se lo ha prestado en primera instancia la propia EnBW y luego se transformará en endeudamiento bancario, a excepción de unos 100.000 millones de pesetas que serán cubiertos a través de una ampliación de capital que realizará Ferroatlántica.
Un hombre de la vieja economía
En una época de negocios financieros o de Internet, Villar Mir es un empresario apegado a los sectores tradicionales, que hasta ahora tuvo que conformarse con recoger cadáveres industriales y rentabilizar lo que nadie suponía que pudiera tener valor. Sectores que parecían haber quedado al margen de la evolución económica y que han encontrado una segunda vida mientras otros más modernos se daban enormes batacazos. Pero no sólo en ésto se empeña en ir contracorriente. Su imperio no puede calificarse como holding, aunque la Inmobiliaria Espacio actúe como tenedora de las acciones del resto de sociedades. Cada empresa tiene una gestión absolutamente independiente, porque Villar, que las preside todas, no cree en las amalgamas donde a menudo se mixtifican los resultados.
Su formación de ingeniero tampoco le permite sumarse a la cultura del pelotazo. Otro, probablemente, hubiese revendido para obtener las plusvalías en los negocios reflotados. Villar Mir continúa en todos ellos que, casi siempre tienen relación, por una u otra causa, con sus pasos profesionales anteriores. Si volvió a las ferroaleaciones fue porque uno de sus primeros trabajos, mucho antes de ser vicepresidente del Gobierno con Adolfo Suárez, fue la dirección de Hidro Nitro y ahora retorna al sector eléctrico tras su paso profesional por Viesgo.
Su trayectoria empresarial nació en 1987 cuando, con poco dinero y mucha decisión, se atrevió a hacerse con el control de Obrascón, una constructora en quiebra procedente del grupo Rumasa que compró por una peseta. Más tarde conseguiría el control de otras empresas del sector como Sato, Elsan, Lain o Huarte, que también recuperó de una profunda crisis, y hoy su grupo constructor es uno de los más potentes del país.
Hombre muy próximo a Emilio Botín y al Banco Santander (acude religiosamente cada año a la junta general), Villar no está, sin embargo, respaldado por ningún grupo financiero en sus actuaciones empresariales. Su imperio (una quincena de grandes empresas) se ha forjado con inversiones relativamente modestas (a excepción de Hidrocantábrico) y quizá por eso tampoco ha tenido necesidad de correr, como han hecho otros grupos, hacia la Bolsa, para poner en valor las compañías y obtener una importante liquidez.
Diplomático
Por si fuera poco, a Villar Mir no le ha faltado tiempo para intentar convertirse en presidente del Real Madrid (llegó a vicepresidente) ni para hacerse recientemente con la presidencia del Colegio de Ingenieros Industriales, con campaña electoral incluida.
Si alguien cree que esta actividad disipa su control directo sobre cada una de sus empresas se equivoca. El día que cualquiera de ellas pasa revista, Villar demuestra, a lo largo de una jornada exhaustiva que comienza a las siete de la mañana, que retiene en la memoria todos los datos de cada fábrica y que nada le pasa inadvertido. Pero, de todas sus virtudes, pocas son comparables a su sentido de la diplomacia y de las relaciones públicas, aunque pasará a la historia como el ministro de Hacienda que se atrevió a decirle al Parlamento con toda crudeza en qué situación se encontraban las finanzas nacionales al comienzo de la Transición.