Un cuarto de siglo de decadencia
Cantabria, con un crecimiento medio anual del 2,20%; el País Vasco, con el 1,95% y Asturias, con el 1,49% son las comunidades españolas que menos crecieron entre 1975 y 2000, según un estudio elaborado por los profesores Julio y Pablo Alcaide para el Instituto de Estudios Económicos (IEE).
Por el contrario, Melilla, Murcia, La Rioja y Canarias incrementaron su PIB cada año casi un 4% y Navarra y Valencia, superaron el 3% de media, porcentajes muy elevados si se tienen en cuenta los muchos altibajos que ha tenido la economía española en tan largo periodo.
Es evidente que siempre habrá quien se destaque más, pero el problema cántabro no está en la incapacidad para seguir a los de cabeza, sino en no poder alcanzar, siquiera, a los del medio. En estos veinticinco años, el crecimiento anual de España se situó en el 2,68% y eso significa que la región prácticamente perdió medio punto en cada ejercicio, lo que, en un cuarto de siglo tiene unos efectos acumulativos muy graves. Tanto que pasó de ser una de las provincias con más renta por habitante a estar claramente por debajo de la media.
Otro estudio paralelo, realizado por el Ceprede, indica que el Producto Interior Bruto per capita de los cántabros en el año 2001 suponía el 97,7%, muy lejos de las viejas glorias de los años 60, cuando superaba en más de diez puntos la media.
Cantabria también ha crecido por debajo de los parámetros europeos, y pasó de tener el 82% de la renta comunitaria al 74%, lo que la hacía claramente merecedora del Objetivo 1, el mecanismo comunitaria para ayudar a las regiones más pobres. Afortunadamente, en los últimos años, y en parte gracias a estos fondos comunitarios que nos inyectan cada ejercicio el 1,5% del PIB regional, la comunidad autónoma ha recuperado parte del terreno perdido y ha llegado a situarse algo por encima del 80% de la renta media comunitaria.
Una evolución más pobre, en cualquier caso, que la del resto del país, dado que mientras Cantabria se conformaba con poder retornar a donde estaba, el conjunto de España ha dado un salto significativo en la convergencia con la economía comunitaria. Si en 1975 tenía el 79,9% de la renta media comunitaria, en el 2000 había alcanzado ya el 86,1%.
Desindustrialización de la Cornisa
Además de una larguísima crisis política que prácticamente comenzó con la autonomía y acabó con la llegada al Gobierno de Martínez-Sieso en 1995, Cantabria también se ha visto gravemente afectada en este periodo por un desplazamiento de los ejes de crecimiento, desde la Cornisa Cantábrica, que ha padecido un proceso de desindustrialización, hasta las regiones del Arco Mediterráneo, que se han beneficiado de su fácil acceso a los principales focos europeos de dinamismo, así como las islas, favorecidas por el aumento de los flujos turísticos. Las regiones más dinámicas son, asimismo, las que han registrado un aumento de la población.
El estudio indica que las disparidades en las tasas de empleo y de renta per capita entre las regiones españolas se han reducido en estos veinticinco años al mejorar significativamente las más atrasadas, aunque las diferencias siguen siendo excesivas. El otro cambio más notorio de este periodo, que prácticamente coincide con la democracia, es el empobrecimiento relativo de las comunidades norteñas, dentro de este marco de mayor prosperidad global. El caso más notorio es el del País Vasco, que ha pasado de ser la primera región española en renta per capita a la sexta, ya que frente al 2,7%, de crecimiento medio anual nacional, la comunidad vecina no llegó al 2%, el peor porcentaje de todo el país.
En estos últimos 25 años, el País Vasco ha perdido nada menos que 40 puestos en el ranking de las 138 regiones más ricas de la UE. De haber crecido con la media nacional, ahora ocuparía el puesto 20 en lugar del 60.
Ni con la ‘ayuda’ vasca
El retroceso relativo vasco es un fenómeno que no se explica sólo por el deterioro siderúrgico y de la industria pesada, sino que es necesario incluir otro factor clave, la presión del terrorismo, que ha inducido la salida de un número considerable de inversiones que no encontraban un entorno socio-institucional favorable para la actividad emprendedora y la creación de riqueza.
Esta salida ha beneficiado a las regiones colindantes y así lo pone de manifiesto el estudio, hasta el punto que se ha convertido en una de las causas más notorias del fortísimo avance económico de La Rioja y Navarra en estos veinticinco años, pero no ha contribuido, en cambio, a empujar con la misma fuerza la economía de otra región limítrofe, como Cantabria o, si lo ha hecho, sólo ha servido para amortiguar el empobrecimiento relativo de nuestra región que aún podía haber sido aún más profundo, y haber llegado a los niveles de Asturias.
El hecho de que Cantabria haya sido una de las principales receptoras de la población vasca que se ha deslocalizado (el censo de Euskadi ha caído un 2,7%) o que los polígonos de Vallegón y Ambrosero hayan recibido muchas solicitudes de ubicación vascas puede indicar que, efectivamente, sin este traslado de actividad económica desde la región vecina, nuestra comunidad hubiese tenido un declive aún más notorio.