Los hitos de la historia económica de España (II)
Que el Nuevo Mundo –las Indias, como decían nuestros compatriotas de entonces– fuera descubierta por una escuadra española a finales del siglo XV, como cualquier escolar sabe por muy poco que atienda en clase, se debió en una parte considerable a la casualidad. Pero también es verdad que había una serie de hechos de fondo que lo hicieron posible. Sólo un estado moderno, como el que empezaba a formarse en ese momento, podía hacerse cargo del asunto; Castilla disponía de una marina preparada para viajes largos con un tipo de barco ágil y resistente, como era la carabela, y previamente había conquistado las Islas Canarias, la base perfecta para hacerse a la mar en dirección oeste, ya que son la cabecera del callejón de los alisios, unos vientos que soplan siempre en la misma dirección. Quien primero controlase esa zona tenía todas las papeletas para, tarde o temprano, descubrir América.
Cristóbal Colón hizo varios viajes después del Descubrimiento y exploró la zona de las Antillas y el Caribe e, incluso, llegó hasta las costas de América Central, pero tuvieron que pasar unos decenios para encontrar los rendimientos que justificasen la aventura.
Europa y América
América cambió por completo los objetivos vitales españoles, que hasta entonces estaban concentrados, exclusivamente, en la Reconquista. Pero en poco tiempo las necesidades estratégicas españolas se hicieron aún más complejas. En 1517 llegó al trono de España, por una carambola de herencias, la Casa de Austria, que lo conservaría doscientos años. Esto significó que los españoles nos vinculamos a los intereses europeos y perdimos de vista los más locales, para bien o para mal. A la vez que nos uníamos a los destinos de Europa se iba produciendo la conquista de América, de manera que nos vimos metidos en un entramado de dimensiones universales, para los criterios de la época.
América cumplía una función de abastecimiento, gracias a que la conquista fue más fácil y rápida de lo que se podía prever y a medida que se empezó a controlar todo aquel territorio empezaron a llegar los frutos, riquezas ingentes que no se supieron aprovechar. ¿Qué pasó, entonces, con ellas? Pues que, de acuerdo con una ley cuasi física muy sencilla que dice que lo que no se aprovecha se desperdicia, se disiparon y perdieron. Como en economía nada desaparece, la realidad es que fueron a parar a otras manos. Pero tal superabundancia sí dejó algo por estos lares, concretamente, un poderío militar y burocrático como no se había conocido hasta entonces y que convirtió a España en la primera potencia mundial durante siglo y medio.
Con los Austrias nos vimos metidos en una sucesión extenuante de empresas exteriores que parecían no tener fin y cuyo resultado, tras tanta gloria, fue la tremenda decadencia española del siglo siguiente debida al puro y simple agotamiento.
Una prueba de todo ello fue la evolución demográfica. El descenso de la población existente en la Península hizo mella en su desarrollo interno durante siglos, tras una merma de entre uno y dos millones de habitantes, una enorme cantidad para la época.
El dinero y la inflación
En 1517 llegó a España el archiduque Carlos de Gante, o sea Carlos I. Tenía 17 años y, por su aspecto, nadie podía pensar que iba a ser uno de los personajes más importantes de toda la historia española. Si tuviéramos que definirle en términos actuales, diríamos que era un europeísta. Si lo expresamos en los términos de entonces, era simplemente un emperador. Y, claro, pensaba y actuaba como lo haría cualquier emperador. Es probable que nadie, a excepción de los soberanos chinos y de su propio hijo, Felipe II, haya tenido jamás tantos territorios bajo su mando ni tan dispersos.
Desde el primer día se enfrentó a problemas económicos. Ya en 1518 tuvo que convocar las Cortes en Valladolid para pedir más recursos. Al año siguiente fue elegido emperador de Alemania con el nombre de Carlos V y volvió a pedir dinero para el viaje. Para allá se embarcó sin que nadie tuviese demasiada certeza en si iba a volver o no.
En España crecían los descontentos, las protestas y hasta las revueltas armadas, como las Comunidades y las Germanías, y uno de los factores desencadenantes fue la elevación brusca de los precios tras las primeras llegadas de plata americana.
Durante el siglo anterior los precios habían tendido a bajar debido a que la producción aumentaba más deprisa que la cantidad de dinero disponible, pero en 1520 pasó justo lo contrario. La repentina afluencia de dinero provocó la inversión de los términos de la situación y dio lugar al primer ciclo de inflación en la Edad Moderna.
Las revueltas también se debieron a las peticiones de rebaja o supresión de impuestos, al aumento o mantenimiento de los privilegios municipales y a la pretensión de instaurar un régimen de ciudades-estado autónomas o casi, como era por entonces Venecia. Aquello terminó con la vuelta de Carlos a España, quien, por fin, aprendió el castellano y se casó con la princesa hispano portuguesa Isabel.
La conquista
En ese momento se estaba produciendo una explosión vital auténticamente asombrosa, que aunque resulta sobradamente conocida, sigue sin haber encontrado una explicación medianamente lógica, probablemente porque no la tiene. El caso es que en veinte años un grupo de españoles que cabrían perfectamente en la grada de general de un campo de fútbol pequeño conquistaron un territorio que iba desde los actuales Estados Unidos hasta Santiago de Chile.
No sólo puede concebirse como una misión de Estado. Aquello también fue obra de particulares y aventureros que se lanzaron, en sentido literal, a la búsqueda de fama, gloria o dinero, porque de todo hubo. Desde Cuba partió Hernán Cortés con 416 hombres que él personalmente reclutó y, a pesar de su escaso número, ayudados por las diferencias internas, inesperadamente consiguieron apoderarse del país azteca completo. Pero, para dificultades, las que tuvo que superar Pizarro, quien con 170 hombres superó la empinada orografía del Perú y se plantó en Cajamarca donde audazmente apresó al inca Atahualpa. Ni en la más fantasiosa de las imaginaciones era posible pensar lo que allí encontró: templos recubiertos de planchas de oro y riquezas de fábula. En el valle de Jauja se encontraba la plata simplemente con escarbar en el suelo, algo increíble.
Cuando empezaron a llegar a la Península tales riquezas en 1551, como es fácil de imaginar, aquello fue un terremoto económico sin par en la Historia.
Velocidad de circulación
El principal efecto se produjo en el ritmo de circulación del dinero, por la mayor velocidad de la plata sobre el oro, el metal que se usaba hasta entonces como base en las transacciones comerciales. El oro, precisamente por su alto valor circula con lentitud, y nadie se desprende de él sin haberlo pensado varias veces. La tendencia natural siempre fue a guardarlo, a tesaurizarlo; en cambio la plata es mucho más circulante y su irrupción en Europa provocó un nuevo ritmo al que los estados, los banqueros, los comerciantes y los particulares tardaron en acostumbrase.
Tanto es así que la mayor parte de las crisis desconcertantes de la época sólo se pueden explicar por la fugacidad con que la plata aparecía y desaparecía.