La ciencia al día

Aviones de hidrógeno

Por primera vez, un avión tripulado se ha servido de hidrógeno como combustible para poder volar. Una vez en el aire, se impulsa exclusivamente gracias a dos células de 25 kw de hidrógeno, desarrolladas por una empresa inglesa y los únicos restos que produce el aparato son calor y agua. En cambio, para despegar, el avión necesita el apoyo de unas baterías de energía que le permiten alcanzar la velocidad suficiente.
Hasta ahora, las células de combustible sólo podían ser usadas para mover pequeños aviones, porque hay que solucionar el espacio para almacenar el hidrógeno. En este caso se trata de un planeador modificado, de modo que si la propulsión fallase podría descender hasta el suelo simplemente planeando.

Subirse por las paredes

Quién no ha oído decir eso de “estoy que me subo por las paredes” como una metáfora de enfado; pues bien, es posible que a medio plazo cualquier humano lo pueda hacer literal gracias a un invento desarrollado en Manchester por un grupo de científicos, que consiste en un nuevo tipo de adhesivo hecho con fibras plásticas microscópicas.
El procedimiento es el mismo que utiliza el lagarto gecko, que, no hace falta decirlo, lo tiene totalmente perfeccionado después de miles de años de evolución. Los investigadores del proyecto se dieron cuenta que esos lagartos eran capaces de sorprendentes hazañas, como estarse colgados del techo de una sola pata durante un tiempo indefinido y estudiaron la causa. La razón es que tienen billones de pequeños pelos en cada dedo, que les permiten crear las llamadas fuerzas Van de Walls que producen el efecto de quedarse adherido a una superficie, ni más ni menos.
Los científicos han copiado el diseño al lagarto en una especie de cinta adhesiva, y para demostrar su efectividad no se les ha ocurrido nada mejor que pegar un muñequito de spiderman a un cristal con una sola mano durante varias horas.
Crear millones de pelos de plástico de dos milésimas de milímetro de espesor resulta extraordinariamente caro por el momento y los científicos se han limitado a hacer unos guantes con los que ya han intentado descolgarse por las ventanas de su laboratorio.
El producto, siempre que pueda abaratarse, presenta unas enormes potencialidades, y no solo para hacer gansadas. Desde la cinta quirúrgica a la fabricación de ruedas de los coches con mayor agarre o para colgar los cuadros de las paredes sin dejar marca, que tampoco está nada mal.

Robot para localizar las malas hierbas

Si en lugar de esparcir los herbicidas indiscriminadamente se empleasen exclusivamente allí donde hay hierbas no deseadas, se emplearía mucho menos, de una forma más eficaz, y el medio ambiente lo agradecería. Así lo ha pensado un grupo de científicos daneses, que ha creado un robot que reduce el uso de herbicidas en un 70%.
El robot recorre el campo y anota la posición de las malas hierbas, lo que luego le sirve al campesino a ser más selectivo al actuar sobre ellas.
La pregunta es evidente: ¿cómo hace el robot para distinguir cuáles son las malas hierbas y cuáles las buenas? El secreto consiste en un software basado en la tecnología de reconocimiento de caras. Por medio de una cámara el robot compara la hierba con todas las que tiene registradas y saca una conclusión más o menos así: “tu cara me suena”.

Suscríbete a Cantabria Económica
Ver más

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba
Escucha ahora