UNA FABRICA CAIDA DEL CIELO

La Consejería de Industria acogió con una pizca de escepticismo el primer contacto de los representantes del grupo francés Piguelly-Haulotte para proponer la creación de una planta de montaje de maquinaria elevadora en Cantabria. Quizá contribuyó a ello el hecho de que la visita fuese filtrada de inmediato a un medio de comunicación, algo que entendió como una maniobra de presión. Aunque pueda parecer lo contrario, la visita de promotores, con todo tipo de proyectos que nunca se concretan, es relativamente frecuente y el consejero de Industria optó por trasladar el asunto a sus directores regionales para mantener nuevos contactos y valorar la fiabilidad de la propuesta. Lo que parecía entonces inverosímil (octubre de 2005) es que, apenas un año después, la fábrica pudiese estar ya construida –al menos la primera fase–, y en funcionamiento. Y si se cumplen los plazos, así será. En diciembre de este mismo año saldrán de Reocín las primeras plataformas elevadoras de la compañía francesa fuera de su país.
Las expectativas que la instalación de esta fábrica ha creado en la comarca de Torrrelavega son muy importantes. Desde la llegada de Equipos Nucleares y Cunosa en 1974 no se ha implantado en la región una gran factoría. Es cierto que algunas de las ya existentes, como FEMSA (hoy Robert Bosch) lograron la hazaña de aumentar el empleo, algo insólito en un sector donde la automatización y la externalización han dejado las naves fabriles casi vacías, pero se daba por sentado que la época de las grandes industrias ya había pasado. De hecho, si en la primera mitad del siglo XX se habían asentado en Cantabria dos docenas, en la segunda la llegada se redujo a menos de la mitad.
El convencimiento de que la gran industria es un patrimonio con más tendencia a reducirse que a crecer sólo cambió –y por un plazo muy breve– con la oleada de euforia que provocó el anuncio de que el polígono de Reinosa acogería una gran fábrica de placas de fibroyeso. Una expectativa que, poco a poco, se fue desinflando hasta darse por perdida y que, cuando se ha recuperado, ya con el actual gobierno PSOE-PRC, nunca ha llegado a tener el mismo efecto popular, quizá porque al cambiar el emplazamiento y optar la empresa por un lugar costero, el proceso de recalificación del suelo ha demorado mucho el proyecto.

Un empleador y un cliente

La aparición de la estrella Haulotte en una constelación de fábricas tan inamovible ha levantado ahora las expectativas no sólo de quienes esperan encontrar un lugar entre los 600 puestos de trabajo iniciales, sino de todo el sector industrial, habida cuenta de que cada máquina montada tiene un sinfín de componentes y la mayoría, como en los automóviles, proceden de proveedores externos del sector metalúrgico. Empresas de servicios y de mantenimiento también parecen convencidas de que Haulotte puede ser un gran cliente caído del cielo.
Las negociaciones para la instalación de esta planta en Reocín han pasado por altibajos. Uno de ellos lo provocó, de forma involuntaria, Cantabria Económica cuando dio a conocer hace dos números que la decisión estaba ya tomada. La legislación francesa exige que antes de hacerse pública la noticia sea informado el comité de empresa de la compañía, lo que suscitó una gran tensión interna en plena negociación del convenio colectivo y la convocatoria de una huelga en las plantas galas. La compañía se vio obligada a hacer público un desmentido de la noticia, asegurando que aún no se había tomado una decisión definitiva, comunicado que nuestra revista recogió, aunque todos los indicios apuntaban a que ya existía un preacuerdo, en cuya negociación había tenido un papel muy relevante la vicepresidenta regional, Dolores Gorostiaga.
También ha resultado decisivo el hecho de que el director general adjunto de la empresa sea el cántabro Segundo Fernández, que ha apostado firmemente por su región de origen a la hora de decidir el lugar donde levantar la nueva fábrica. La compañía francesa, que en el último año ha aumentado su volumen de negocio en un 41%, necesitaba nuevas instalaciones con cierta rapidez y tenía interés por hacerla en España, uno de los mercados con más proyección. En nuestro país valoró las condiciones que podía encontrar en tres comunidades: Aragón, Asturias y Cantabria. Las dos últimas, con puertos de mar, tenían una clara ventaja de cara a la exportación del producto terminado y al acopio de piezas y componentes.
Desde el polígono construido sobre la antigua explotación minera de Reocín, el lugar finalmente elegido, será muy sencillo el desplazamiento de las máquinas construidas al puerto de Santander, y su reparto desde allí por el litoral español, por Francia, Inglaterra y Europa Central, los mercados que Haulotte busca abastecer. La compañía podrá utilizar, incluso, el cercano puerto de Requejada, ya que se trata de productos de alto valor y poco peso proporcional, apropiados para el tipo de barcos de escaso calado que pueden remontar la Ría de Suances.
La intención de la empresa francesa es montar en su futura planta de Reocín una nueva elevadora multifuncional destinada al movimiento de cargas y personas en las obras. Para ello realizará una contratación inicial de 600 personas e iniciará un plan de inversiones por importe de 18 millones de euros en cinco años. A medida que las instalaciones previstas en este plan se vayan poniendo en marcha, la plantilla se irá incrementando, hasta alcanzar casi un millar de operarios. Como contrapartida, el Gobierno cántabro se ha comprometido a tramitar subvenciones ante el Ministerio de Economía (Incentivos Regionales), a prestar ayudas con sus propios recursos (programa industrial IRIS) y aplicar las subvenciones establecidas por puesto de trabajo creado.
La compañía francesa tiene más de cien años y es uno de los principales fabricantes del mundo de equipos para la elevación de personas y cargas. En sus catálogos hay desde plataformas y manipuladores telescópicos a grúas automotrices y retroexcavadoras. Su cuota de mercado en España en plataformas elevadoras supera el 90%.
La posición internacional de Haulotte será aún más sólida cuando empiece a producir la fábrica de Cantabria y otra que, simultáneamente, pretende poner en marcha en Asia.

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