Cambio de velas

Los pantalanes del Marítimo respiran nuevos aires y no por la llegada del invierno sino por la de una nueva flota que comenzó a probar sus velas en octubre y estará lista para competir en febrero. Poner de acuerdo a una treintena de armadores para que se compren un barco J80 y se deshagan del anterior, de la categoría First Class 8, en menos de un mes, no es tarea fácil. Por eso, esta rápida y ordenada transición de una flota de monotipos a otra ya se considera un ejemplo y, como tal, ha sido presentado en el reciente Salón Náutico celebrado en Barcelona.
Hace tiempo que los armadores cántabros albergaban la ilusión de estrenar barco después de haber navegado con el mismo desde hace más de veinte años. Pero necesitaban un empuje moral, que han recibido del Club Marítimo, y económico, que les ha proporcionado Bancantabria financiando las embarcaciones a cambio de patrocinar la Bancantabria Sailing Cup, un nuevo trofeo de monotipos que contará con tres actos u oleadas de competiciones al año –en febrero, mayo y noviembre, cada uno con cuatro regatas– hasta el 2009.
El momento se considera ‘histórico’ para la vela regional porque supone la desaparición de los First Class 8, una potente flota compuesta por más de 20 barcos y 120 regatistas. De darles salida se ha encargado Jaime Piris a través de su empresa Yates y Cosas que, a estas alturas, ha vendido el 30% de los barcos y espera venderlos todos a final de año.

900.000 euros

Bancantabria ha financiado 900.000 euros, 30.000 para la adquisición de cada barco cuyo precio final asciende a 39.900 euros, una vez incluido el motor (1.200 euros), las velas (4.200 euros) y el remolque (4.500 euros).
Los J-80 son barcos de los astilleros americanos Jboats, también fabricados en Francia, tienen una eslora de 8,50 metros, una manga de 2,49 metros y una superficie de vela de 34,5 m2. Salvo que cuentan con un tripulante menos, apenas se diferencian técnicamente de los First Class. Sin embargo, es una categoría con mayor capacidad de atracción para regatistas foráneos y permitirán asistir a más regatas nacionales e internacionales.
Lo importante ahora es que el proceso de adaptación sea lo más rápido posible para cosechar tantos éxitos como ha tenido la First Class y que el nuevo trofeo se convierta en un referente nacional. En Cantabria no hay grandes competiciones pero es una gran cantera de tripulantes y no hay barco español que se precie sin un navegante cántabro.

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