Las conserveras se alían

Los vientos de cambio que soplan en el sector anchoero de Cantabria, comienzan a deparar iniciativas que resultaban impensables.
Cinco de las mayores empresas conserveras de la región, las laredanas Fredo y Laredana y las santoñesas Emilia, Zubieta y Hoya, han constituido la sociedad Gestión e Innovación Conservera para utilizarla como central de compras. Pero el objetivo llega más allá de hacer una estrategia conjunta de suministros para obtenerlos más baratos. A medio plazo no se descarta una comercialización conjunta de los productos.
La iniciativa ha sido impulsada por la empresa pública Sodercan, empeñada en introducir fórmulas de innovación en las empresas conserveras para adelantarse a los problemas que se avecinan. En este caso, aplicando las conclusiones de un estudio de mercado realizado por la consultora Díaz&Santurtún, que ha convencido a los gestores de las cinco conserveras de unir sus fuerzas para hacer frente a los cambios radicales a los que se enfrenta el sector tras el agotamiento del bocarte del Cantábrico.

Un mercado abierto

Con el agotamiento del bocarte en las aguas más próximas, desaparece también el monopolio que históricamente mantenían las empresas locales en la elaboración de anchoa. La búsqueda de materia prima se realiza ahora en caladeros tan lejanos como Perú, Argentina, China, Marruecos, lo que ha abierto el mercado a nuevos competidores, incluyendo la emergente industria conservera de las naciones dueñas de esos recursos pesqueros. “Ahora el agosto lo están haciendo ellos”, señala el gerente de Conservas Hoya, Antonio Fonfría.
La posibilidad de importar de esos países no sólo la salazón sino también la anchoa totalmente elaborada ha abierto el mercado de la semiconserva a cualquier empresa del sector alimentario que tenga una marca acuñada y una red de distribución. Incluso algunos envasadores de hortalizas se han visto tentados a entrar en el negocio y este aumento de la competencia para los fabricantes tradicionales de anchoa se ha visto acelerado por la agresiva política comercial de las grandes superficies, que han impuesto a sus proveedores una reducción de márgenes.
Lejos quedan los años dorados de la industria semiconservera, cuando contaban con muchos pequeños clientes que carecían de fuerza para discutir los precios. Ahora son las cadenas comerciales las que se sientan a negociar con los fabricantes y les imponen sus condiciones: “Las grandes superficies están acaparando cada vez mayor volumen de mercado”, explica Fonfría “y sólo quieren un marquista o que le hagas su propia marca; eso conlleva que un producto que antes dejaba mucho margen ahora deja muy poco y, a veces, incluso pérdidas”.

Una IGP para añadir valor

La repentina globalización de lo que hasta ahora era una actividad tan local como la elaboración de anchoas, sitúa a las empresas cántabras ante la necesidad de reforzar su imagen añadiendo valor a las semiconservas. Para ello nada mejor que seguir los pasos de los productores de jamón, vino o aceite de oliva, que han visto reforzada su identidad con la obtención de marchamos de Denominación de Origen o de Indicación Geográfica Protegida (IGP). La imposibilidad actual de vincular el bocarte que se envasa a una zona concreta, descarta la Denominación de Origen, por lo que los conserveros cántabros se inclinan por intentar obtener el reconocimiento de una IGP para sus productos. La asociación de fabricantes y la Consejería de Ganadería, Agricultura y Pesca trabajan ya en esta dirección de manera que, como apunta el gerente de Conservas Hoya, se pueda crear alguna marca “que nos incluya a todos los conserveros de una determinada zona y con unos tratamientos de elaboración y tipos de pesca semejantes”.

Ahorrar costes

Simultáneamente, acuerdos como los de estas cinco empresas tratan de mejorar la productividad comenzando por un ahorro de costes. A través de la nueva central de compras se han efectuado ya acopios conjuntos de aceite, latas y estuchados; se va a coordinar el aprovisionamiento de materia prima en lonjas norteafricanas y sudamericanas, y se explorarán las posibilidades que ofrecen las pesquerías de países como Croacia o Turquía. También servirá para coordinar la asistencia a ferias internacionales y amortizar mejor los gastos en stands y desplazamientos.
En un sector que hasta ahora había sido muy reacio a cualquier tipo de alianza y celoso de sus secretos comerciales, el paso que han dado los cinco fabricantes es muy significativo y puede abrir un camino mucho más ambicioso. Tanto que sus promotores no descartan la creación de una marca común, al juntar una capacidad de trabajo suficiente como para abordar la fabricación de marcas blancas para grandes cadenas comerciales.

Posibles incorporaciones

La iniciativa de estas conserveras, que facturan en conjunto unos 30 millones de euros y dan empleo a 400 personas, ha generado algún recelo en el sector, pero también ha despertado el interés de otras firmas. De hecho, los estatutos de Gestión e Innovación Conservera contemplan la posibilidad de que se incorporen nuevos miembros. No obstante, los cinco promotores son conscientes de que la clave para su funcionamiento es el clima de confianza mutua alcanzado en el año largo que han empleado en madurar la alianza. También lo ha facilitado un cambio de mentalidad gerencial de las viejas firmas conserveras tras la llegada de gestores profesionales y la asunción de responsabilidades por la siguiente generación de estas empresas familiares.
En cualquier caso, ni siquiera los acuerdos garantizan un camino de rosas y los promotores son conscientes de los peligros que encierra la necesidad de tener que acudir a terceros países para aprovisionarse del bocarte. Tienen muy cercano el ejemplo de conserveras navarras y riojanas que se han convertido en meras distribuidoras de vegetales producidos en China, especialmente en el caso del espárrago, y dependen ahora de las cuotas impuestas por ese país a la exportación de sus productos.

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