Un mes decisivo para la Caja

Emilio Botín y Angel Corcóstegui resolvieron en dos fines de semana la fusión del Banco Santander y el Central Hispano. En realidad, sólo necesitaban decidir la relación de intercambio y la estructura de poder. El resto de la negociación quedaba para los segundos y terceros niveles de los respectivos bancos. Los presidentes y directores de las cajas de ahorros, en cambio, llevan un año y más de doscientos parámetros analizados sobre la situación financiera y de mercado de cada una de ellas pero, por el momento, no han decidido ni cómo será la estructura del banco que van a crear, ni quién lo va a dirigir, ni dónde se situarán los servicios centrales o cuál va a ser la cuota final de cada socio y cómo se repartirán los beneficios. Es decir, los aspectos realmente conflictivos, que ya son inaplazables y deberán abordarse este mes.
La decisión del presidente de Caja Cantabria de poner en conocimiento de su asamblea general las negociaciones con otras cajas y explicitar los nombres de los aliados (Cajastur, Caja Granada, Caja Murcia, Sa Nostra y Caja Extremadura) ha puesto el toro en suerte. Ninguna otra entidad se había atrevido, pero es cierto que en Cantabria la presión informativa era mayor. Esta revista ya había aventurado en febrero los nombres de varios socios que finalmente se van a confirmar, con excepción de Caixanova, para la que el Gobierno popular gallego ha convenido un matrimonio forzoso con Caixa Galicia, su gran rival. Una fusión en la que los números no cuadran, ya que las necesidades de capital de las entidades gallegas superan la cuantía máxima que podrían solicitar al fondo público creado con este fin, el FROB.
Enrique Ambrosio era consciente de que debía una explicación a su asamblea, pero también de que alguien debía dar el primer paso para acelerar un proceso que empieza a eternizarse. Las fusiones o son rápidas o no son, advirtió una vez Botín, a propósito de la celeridad del banco en una aventura tan compleja y procelosa. En este caso, aunque no pueda llamarse propiamente una fusión, porque cada caja conservará su marca y una cierta autonomía en su territorio, el procedimiento no dista mucho.

Partidarios de una SIP ‘dura’

De hecho, los escollos que se han presentado hasta el momento en las negociaciones están relacionados con la filosofía del proceso. Mientras que algunas cajas pretenden que el banco sea poco más que una filial, otras –entre ellas Caja Cantabria– apuestan por lo contrario. “No se puede crear la cuarta entidad del sistema financiero español y la segunda caja, por encima de Caja Madrid –si se concretan otras adhesiones– y pretender que esa estructura funcione con muletas”, expresa gráficamente una fuente cercana a las negociaciones.
Retener el poder (hacer una SIP blanda) o cederlo (una SIP dura) ese es el dilema. Partidarios de lo primero serían las cajas más grandes, como Caja Murcia, que parecen menos dispuestas a perder su estatus, aunque fuesen compensadas con una pequeña prima en el accionariado final. Saben que, con una integración a seis, en la que nadie llegaría a sobrepasar el 20% del capital, hará falta el consenso de al menos otras tres entidades para ganar una votación.
Por el momento, no hay decisión sobre el sistema de cálculo de estas participaciones pero, sea cual sea y se ponderen los factores de balance y solvencia que se ponderen, no se apartará mucho del volumen de negocio que aporte cada una. En este caso, la participación de Caja Cantabria puede estar en torno al 8%. Parece también probable que la misma proporción se produzca en el reparto de los rendimientos. Esa circunstancia puede perjudicar a la Caja cántabra, dado que su ratio de eficiencia es mejor que la media. El consuelo será que el sustancial aumento de negocio ampliará, en cualquier caso, los beneficios que reciba, ya que ahora podrá participar en operaciones que le estaban vedadas por su tamaño y la integración de los servicios centrales reducirá sensiblemente los costes de todas las cajas.
En el terreno de las valoraciones, el escollo más importante no va a ser el método, sino qué hacer con Caja Castilla–La Mancha, absorbida por Cajastur. Frente a quienes pretenden darle valor cero, por su situación financiera, está la postura más realista de los que reconocen su importancia en una zona muy extensa del país y su potencial de negocio una vez saneada.

Posibles incorporaciones

El proceso de integración en el que participa Caja Cantabria ha ido lento, pero sigue atrayendo la atención de otras cajas, que aún podrían unirse. Los primeros contactos para la formación de este grupo se produjeron en la primavera de 2009 entre Caja Navarra, Caja Canarias y Caja Cantabria, tres entidades que curiosamente hubiesen podido compartir el acrónimo que utiliza la navarra (CAN). Pero mantenerlo era dar una baza muy significativa a la entidad pamplonesa, al trasladar al público la sensación de haber absorbido a las restantes. Además, la CAN pretendía capitanear el proceso y se negaba en redondo a que el grupo acudiese al FROB. Al no ser aceptadas sus condiciones, la Caja Navarra tomó su propio camino, al que más tarde su unió la canaria, mientras que alrededor de Caja Cantabria, Cajastur, Caixanova, Sa Nostra (Baleares) y Caja Murcia se formó otro grupo.
Con el tiempo se han ido añadiendo otras entidades, como Caja Extremadura o Caja Granada y ha salido Caixanova, hasta conformar el actual perímetro, que suma un volumen de negocio de unos 150.000 millones de euros, de los que unos 10.000 los aporta Caja Cantabria.
A pesar del tiempo transcurrido, los otros grupos de cajas que se están formando en el país no van mucho más avanzados y aún es posible que se sume alguna entidad que aún no ha tomado decisiones, como Caixa Penedés, que otras cambien de barco y opten por la alianza de la caja cántabra e, incluso, que se sume un grupo entero. Con sustanciarse alguno de esos movimientos, el perímetro se acercaría a la cifra de 200.000 millones de volumen de negocio, lo que colocaría a la entidad resultante en el cuarto puesto del ranking financiero español.
Este proceso no se cerrará ahora, aunque en la reunión de mediados de este mes los futuros socios decidan por fin cuáles van a ser las condiciones de la integración. Pero, al menos, no habrá que volver a elegir los platos cada vez que llegue un nuevo comensal. Quien quiera sentarse a la mesa a partir de ese momento tendrá que atenerse al menú, y eso facilitará mucho las cosas.

Suscríbete a Cantabria Económica
Ver más

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba
Escucha ahora