Astander vuelve a construir barcos después de veinte años

En 1989 el cablero ‘Atlántida’, un buque de 7.800 toneladas, abandonaba las gradas de Astander para prestar servicio a la compañía Telefónica tendiendo redes submarinas. Era el último barco que se construía en el astillero cántabro. Luego, la clientela desapareció o se fue a los astilleros asiáticos, más baratos. Quizá por eso, cuando la Comunidad Económica Europea impuso a España la obligación de reducir el sector y eso supuso admitir que Astano y Astander perdiesen la autorización para construir, parecía más una formalidad que un perjuicio real y no se suscitaron demasiadas protestas.
Con el tiempo, volvieron a hacerse barcos en Europa y Astander recuperó la capacidad legal de construir, además de poder seguir haciendo reparaciones y transformaciones, pero eso no significaba tener contratos. Finalmente, 21 años después de construir el último buque, el astillero se dispone a recuperar parte de su historia con un nuevo barco; el primero desde que en el verano de 2007 concluyó una prohibición que le había confinado al mercado de la reparación y transformación, algo así como convertir a un fabricante de automóviles en un taller mecánico.

Un encargo oportuno

La oportunidad de estrenar su condición de constructor habría llegado antes de no haber sido por la irrupción de la crisis económica, que frenó en seco la ejecución de dos contratos que ya tenía firmados con armadores noruegos. En el primer caso se trataba de dos barcos sísmicos, los que se utilizan para la detección de bolsas de petróleo en el fondo marino, cuyos cascos iban a ser construidos en Turquía, donde este proceso, de escasa complejidad, es más asequible. Pero la falta de garantías financieras frustró el proyecto. Lo mismo ocurrió con el contrato firmado el pasado año con la naviera Boa para botar un buque de abastecimiento a plataformas petroleras. Aquel encargo, que iba a suponer más de 30 millones de euros para el astillero, decayó cuando el armador no pudo presentar los avales financieros.
Aunque no se den del todo por perdidos, estos contratos suelen estar vinculados a operaciones muy concretas de compañías petrolíferas y cuanto más tiempo pase más difícil será para el armador recuperar los acuerdos.
A la tercera ha ido la vencida y, aunque de rebote, Astander va a construir un barco o, mejor dicho, a acabarlo. El ‘Cristina Masaveu’, un cementero que se había comenzado a construir en Juliana (Gijón), ha sido trasladado a Santander tras la entrada en concurso de acreedores del astillero asturiano, lo que ha obligado al armador a buscar dónde poder finalizarlo y Astander ha sido la mejor opción. El trabajo que queda por hacer es mucho, ya que tan sólo existe el casco de lo que será un barco de 10.600 toneladas y 133 metros de eslora. Queda por montar todo el interior del buque, instalar la maquinaria, los equipos de navegación, la carpintería, la electricidad, los sistemas electrónicos de comunicaciones y los equipamientos neumáticos para la carga y descarga del cemento, que darán su auténtica personalidad al ‘Cristina Masaveu’. Será el primer cementero español con una impulsión neumática tan avanzada para la carga.

Impulso a la subcontratación

La cantidad y diversidad de las tareas que restan para completar el buque son tantas que van a dar juego a muchas de las empresas auxiliares del sector naval que han sobrevivido en la región. Nada menos que setenta compañías de diversos gremios intervendrán en la puesta a punto del buque que espera ya en las gradas del astillero. Un impulso importante en un momento de atonía como el que vive la calderería naval y la industria auxiliar. Serán necesarios once meses y más de 400.000 horas de trabajo para finalizar el cementero, lo que aportará 20 millones de euros a la facturación de Astander en un momento crítico para los astilleros.
Empresas de la región como Saja Indyna, han contratado ya los trabajos de ingeniería para la coordinación de las distintas instalaciones de la cubierta superior y del puente de navegación, que incluyen las instalaciones de aire acondicionado y todo el montaje de tuberías para los sistemas de agua caliente y fría, salada, sanitario, contraincendios y de baldeo. También es la responsable de construir todo el sistema de ventilación de los locales de cubierta y de la sala de máquinas.
Como cualquier sector relacionado con el transporte de mercancías, el naval refleja fielmente el actual escenario económico, con barcos amarrados o fondeados en muchos puertos por falta de fletes y el envío al desguace de otros muchos que la crisis ha hecho innecesarios.
Tanto los astilleros chinos y coreanos como los europeos están sufriendo cancelaciones de contratos para la construcción de nuevos barcos por falta de financiación. De la situación del sector en España da idea el hecho de que en año y medio, exceptuando el cementero que ha recalado en Astander, tan solo se ha firmado un contrato para una nueva construcción.
El astillero cántabro ya había logrado hacerse un hueco en el sector de la reparación y la transformación de barcos, gracias a un currículo de trabajos de gran complejidad, a pesar de que su ubicación no es la más idónea para captar ese tipo de contratos, al no estar cerca de los puertos donde operan las grandes líneas internacionales de transporte marítimo, como son Barcelona, Algeciras, Rotterdam o Hamburgo.
Aún así, unas cuarenta naves pasan cada año por Astander, en estancias medias de quince días, para hacer tareas de mantenimiento o reparaciones, pero incluso ese mercado se ha visto afectado por la difícil situación que atraviesa la economía mundial. Los armadores se limitan a hacer las reparaciones imprescindibles para mantener la calificación de las agencias certificadoras, de manera que, aunque el número de barcos que recalan en el astillero cántabro no ha variado, la facturación por estos trabajos ha descendido.
Astander ha realizado transformaciones de buques cuya cuantía ha superado los veinte millones de euros que le va a reportar el cementero, pero este contrato le permite recuperar su condición de constructor y por eso adquiere una importancia que va más allá del hito histórico. Será el primer ejemplo de que lo que este astillero puede hacer en este campo, como subraya su director, Juan Luis Sánchez: “Retomar esta actividad te hace sentir más astillero y te pone más al día sobre los avances que se están dando en la industria naval. Es importante poder decir a los clientes que ya tenemos experiencia en construcción, porque en reparaciones y transformación todo el mundo nos conoce”. Una capacidad que, dos décadas después, Astander va a tener ocasión de demostrar de nuevo.

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