¿Emprendedores? Ni por necesidad

Aprovechar la coyuntura, tomar las riendas de un negocio propio o pura necesidad. Muchas razones sirven de impulso para convertirse en emprendedor y todas ellas las recoge el Informe GEM España 2013. Este dossier es fruto del trabajo de 15 grupos de investigadores coordinados por el Centro Internacional Santander Emprendimiento (CISE) a partir de una muestra de 24.600 encuestas.
Si bien es cierto que desde 2005 la mentalidad emprendedora se ha visto claramente resentida, 2013 iniciaba un ligero repunte mostrando una mejora de las expectativas respecto a los dos ejercicios anteriores. El 16% de las personas entre 18 y 64 años se mostraba optimista respecto a las oportunidades para emprender, una tímida recuperación de la confianza que aún palidece frente al 28% de la población que mostraba esta actitud en 2005. La escasa disposición a aventurarse en estos momentos resulta aún más reveladora de cómo están los ánimos, porque no es una cuestión de autoestima, ya que el 48,3% de los españoles se consideran capaces de convertirse en empresarios.
El problema se llama miedo al fracaso. Casi la mitad de los españoles consideran que este es uno de los principales obstáculos para emprender. Una circunstancia que revela la diferencia de mentalidad respecto a otros sistemas, como el anglosajón, donde el fracaso se considera, incluso, una parte de la experiencia. Pero también existen razones de tipo objetivo para rechazar el aventurarse en el terreno empresarial, entre ellas los esfuerzos fiscales que implica poner en marcha un negocio en España y las pérdidas que su cierre pudiera generar. Lo cierto es que el temor a emprender es uno de los indicadores que menos han variado desde antes de la crisis, si bien es cierto que en los últimos años se ha visto reducido ligeramente.
La falta de expectativas de encontrar un puesto de trabajo por cuenta ajena debería derribar definitivamente estos complejos que tienen los españoles hacia el emprendimiento pero siguen siendo escasos los que suscriben la idea de que convertirse en empresario es una buena opción profesional. No solo son pocos, sino que cada vez son menos, con una caída de nueve puntos (del 63,6% al 54,3%) en los dos últimos años analizados. Ni siquiera se mantiene la creencia tradicional de que emprender brinda un estatus social. Sólo la mitad de los españoles (52,3%) considera que sigue siendo así.
Estos datos se tornan aún más desalentadores cuando se comparan con el ámbito internacional, donde nuestro país queda relegado al vagón de cola en los indicadores de emprendimiento. Aunque los españoles creen tener unos conocimientos y habilidades superiores a la media de países –solo Estados Unidos y Canadá ofrecen mayores porcentajes de autoestima– tienen uno de los porcentajes más altos de miedo al fracaso y eso contribuye a explicar que tengan tan baja predisposición al emprendimiento, una de las menores de todos los países estudiados, si bien es cierto que los españoles nos autojustificamos por el hecho de no encontrar oportunidades de negocio en este momento. La realidad que estamos viviendo no ayuda. En 2013 el porcentaje de personas que se vieron obligadas a abandonar un negocio ya iniciado fue el doble que en 2007 (del 1% al 1,9%).
Nada puede tanto contra el miedo al fracaso como la pura necesidad, la de quienes, simplemente, no encuentran otra salida laboral. Si en 2010 el 15% de los nuevos emprendedores lo eran por necesidad, esa cifra se ha duplicado en los últimos años. Esto supone que en 2013, por cada dos emprendedores que se lanzan a esta aventura después de haber detectado oportunidad de negocio (una iniciativa vocacional), hay otro que lo hace por la mera necesidad de encontrar una fuente de ingresos.
Cotejando los datos de los últimos ejercicios también se detectan otros cambios de motivaciones. En 2005 el 54% de quienes emprendían lo hacían para ganar independencia, pero esa cifra ha caído hasta el 42,1%, mientras que aumentan los que simplemente buscan mantener sus ingresos o los que se conforman con el mero hecho de poder trabajar.
Por edades, los empresarios consolidados tienen una media de 47,4 años, no muy distinta de aquellos que se ven abocados a cerrar sus empresas de 44,3 años.
La estadística también nos dice que es a los 36,4 años cuando se perfila el emprendedor, aunque hasta los 39 no se decide a poner en marcha su negocio.
Por sexos, la empresa sigue siendo cosa de hombres, pues seis de cada diez emprendedores pertenecen al género masculino, mientras que, en lo que a formación se refiere, tan solo un tercio ha pasado por la universidad, algo que debiera hacernos pensar.

Peor en Cantabria

Si el estado del emprendimiento es preocupante en España, aún más en Cantabria, donde son peores casi todos los indicadores. Los cántabros que perciben el emprendimiento como una oportunidad son aún menos que la media nacional y solo son ligeramente más optimistas que los gallegos, castellanoleoneses y asturianos. Lo que es peor, muestran un mayor miedo al fracaso que la media y se consideran menos capaces que la mayoría de sus compatriotas para dirigir un negocio. Un punto de partida muy poco esperanzador y especialmente paradójico en una de las comunidades más formadas del país.

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