Un supermercado sobre ruedas
Es una actividad tan antigua como la del buhonero o la del vendedor ambulante, pero realizada con los medios actuales de transporte y la ayuda de una industria alimentaria muy evolucionada. Son pequeños supermercados itinerantes que, con un furgón especialmente diseñado, recorren los pueblos diseminados por las zonas a las que no llegan las grandes cadenas de distribución. La subsistencia de este negocio responde a la lógica de cualquier planteamiento empresarial, pero la función social que cumplen es de tal importancia que sin su existencia resultaría muy difícil evitar la desertización de amplios espacios rurales.
Cantabria es un lugar especialmente idóneo para este comercio ambulante por la dispersión de sus núcleos de población y eso justifica que existan tres empresas dedicadas a esta actividad. Una de ellas es Congelados Fricor, que ha apostado por seguir creciendo y proyecta crear en Tanos la base logística que le permitirá ampliar la flota de furgones con las que recorre los pueblos de Cantabria y las zonas limítrofes de Asturias, Castilla y País Vasco.
Una empresa familiar
Detrás de Fricor se encuentra la experiencia de Juan Carlos Frías, que durante durante años dirigió otra de las empresas de este sector. Tras conseguir que remontase con su gestión –se hizo cargo de ella cuando la firma tenía ocho vehículos y la dejó con 36–, Frías decidió embarcarse en un proyecto propio y en 2007 creó, junto a su mujer, Congelados Fricor.
Comenzaron con nueve furgones en una nave de Parbayón y suma ya trece vehículos, pero las limitaciones de espacio le impedían ampliar su flota de pequeños supermercados rodantes. La oferta de suelo en el polígono de Tanos y su estratégica ubicación para el reparto le decidió a trasladar allí su sede. Allí dispone de una parcela de 3.000 metros cuadrados donde levantará una nave de 1.300 y destinará otros 1.500 al aparcamiento de los vehículos. Su intención es llegar a 20 o 25 furgones, con los que completaría la cobertura de todo el mercado potencial en las cuatro comunidades autónomas por las que se desplazan sus vehículos.
Cada furgón cubre cinco rutas semanales, alternando una larga con otra corta. El punto más alejado al que llegan está a 420 kilómetros de su base de Parbayón, pero todos regresan en el día para aprovisionarse y proseguir a la mañana siguiente con otra nueva ruta. Es un trabajo ligado a la carretera, por lo que no es de extrañar que cada furgón recorra unos 75.000 kilómetros al año.
Una parte significativa de los 6.000 clientes a los que abastece están en Cantabria, pero también atiende pequeños núcleos de la zona palentina de Osorno y Cervera del Pisuerga; otros situados en el camino hasta Ribadesella, en Asturias, y algunas localidades de Vizcaya.
Para los cada vez más escasos vecinos de estos pueblos, la llegada del furgón a los puntos fijos de parada equivalen a la oportunidad de comprar en un pequeño supermercado. También es una ocasión para romper el aislamiento en el que viven muchos de ellos. “En esta forma de venta, los clientes llegan a ser como parientes lejanos” –constata Juan Carlos Frías–. “Llega un momento en que nosotros dependemos de ellos pero ellos también dependen de nosotros; hay mucha gente que vive sola en las zonas más rurales y no tienen a nadie que les lleve a hacer la compra”, constata.
La continua pérdida de población de estos núcleos rurales arroja sombras sobre el futuro de esta actividad de venta ambulante. De hecho, han dejado de cubrir rutas en la zona norte burgalesa y palentina porque ya apenas hay habitantes. Sin embargo, las rutas pueden ser tan flexibles como lo demanden los cambios sociales y las nuevas urbanizaciones que salpican las cercanías de los principales núcleos de población pueden ser una demanda emergente para su negocio.
Una sala de elaboración y un restaurante
Fricor va a invertir 1,2 millones de euros en la construcción de su nueva sede, que podría estar operativa en un año. Buena parte de ese dinero se lo llevará el equipamiento de las instalaciones, con tres grandes cámaras para cada una de las gamas de productos que distribuyen: alimentación seca, fruta y refrigerados, y congelados. No se descarta otro espacio destinado a almacenar los productos de droguería que ha comenzado a distribuir, a modo de prueba, y cuyos primeros resultados son prometedores.
En el polígono de Tanos también va a poder instalar una sala para la elaboración de su propio pescado congelado y para preparar un formato de presentación del pescado fresco destinado exclusivamente a la hostelería, con el que piensa abrirse las puertas del mercado de la restauración. Otra partida importante irá destinada a la compra de nuevos furgones, unos vehículos adaptados para la venta ambulante que cuestan cerca de 50.000 euros cada uno.
La nueva nave también contará con una tienda donde Fricor venderá, a precios de almacén, los mismos productos que distribuye con sus furgones. Y, aprovechando su condición de mayorista para obtener las materias primas a un precio más competitivo, proyecta abrir un restaurante cuyos menús tendrán unos precios muy reducidos (6,90 euros). Una oferta con la que espera atraer al nutrido colectivo de personas que trabajan en el polígono, que se acrecienta día a día con la llegada de nuevas empresas.
Para atender las diferentes líneas de negocio, la plantilla actual de 16 trabajadores tendrá que ampliarse hasta unos 35, un objetivo muy ambicioso para esta pequeña empresa familiar. Con ello confirmaría dos teorías: que el poco empleo que se crea lo generan las pymes, y que la industria agroalimentaria es, quizá, la que mejor está soportando los embates de la crisis.