Climas a conveniencia
Controlar el clima es uno de esos deseos irrealizables que han acompañado a la humanidad desde sus orígenes y que han nutrido los relatos de ciencia ficción. Hoy, la tecnología permite que nos acerquemos a ese sueño, si bien a una escala mucho más modesta. La que cabe en un cilindro de 50 centímetros de diámetro y otro medio metro de altura diseñado por tres jóvenes cántabros, que alberga los sensores y los dispositivos de viento, agua y temperatura para crear el microclima que se desee.
En este pequeño mundo en miniatura se pueden cultivar desde la planta más exótica hasta otras tan funcionales como las especias que utilizan los restaurantes en sus platos más refinados, manteniendo el clima autóctono en el que crecen habitualmente.
Con esta idea, los creadores de la empresa Kibu Green –Borja Uría, Juan Antonio González y Angel García–, se han alzado en Cantabria con el primer premio del programa de emprendedores Yuzz. El siguiente reto es desarrollar un prototipo más evolucionado para convencer a quienes juzgarán en Madrid los mejores proyectos del país el próximo mes de diciembre.
Una convergencia de ideas
El programa Yuzz para los jóvenes emprendedores ha resultado decisivo para la cristalización de este proyecto, que su creadores denominan WBox. Ninguno de ellos se conocía antes de que los encuentros organizados por Yuzz en el PCTCan les permitiese intercambiar sus experiencias. Cada uno de ellos participaba con otros proyectos, que abandonaron para centrarse en la idea de Borja Uría, surgida cuando buscaba una solución para regar sus fresas desde la distancia con la ayuda de su móvil.
Al sumarse Angel y Juan, la idea creció hasta plantearse la posibilidad de diseñar un aparato en el que se pudieran controlar todas las variables atmosféricas y reproducir dentro cualquier clima del planeta e, incluso, crear climas nuevos.
En el desarrollo técnico de esta idea se mantuvo el espíritu ecológico del proyecto y se cuidaron aspectos como el bajo consumo de energía, la insonorización o la instalación de un ciclo cerrado en el agua. Para el cultivo de flores o plantas aromáticas están estudiando la posibilidad de despresurizar la cámara, para que el olor pueda percibirse desde el exterior.
Otra línea de trabajo va dirigida a la reproducción de las condiciones atmosféricas que existan en cada momento en una zona concreta del planeta. “Sería como tener una ventana abierta a cualquier lugar del mundo con todas sus condiciones climáticas”, señala Borja Uría.
Un mercado doméstico y hostelero
La WBox está pensada para aficionados a las plantas ornamentales que requieran cuidados especiales; para quienes quieran mantener en las mejores condiciones posibles a sus mascotas o para aquellos que disfrutan cultivando sus propias especias u hortalizas. A una escala mayor, el dispositivo creado por Kibu Green puede tener cabida en el mundo de la restauración, ya que los chefs se asegurarían, por ejemplo, un perfecto control de los ingredientes vegetales exóticos que no pueden conseguir frescos por otras vías.
Al tratarse de una cámara con paredes de cristal, el atractivo visual se suma a las prestaciones de esta máquina del tiempo, pero no del tiempo físico, sino del meteorológico.
El control de la WBox a través de dispositivos móviles abre también la posibilidad de compartir los hallazgos de los usuarios, al crear climas personalizados o al observar la respuesta de los microcultivos a las variaciones de las condiciones climáticas. La cámara está dotada de wifi y conectada a internet, de manera que los usuarios podrán compartir y descargar climas subidos por otros integrantes de lo que aspira a ser una red social, la Kibu Community. El ofrecimiento de esos climas personalizados podrá ser gratuito o convertirse en una venta online.
Un desarrollo industrial
Para la financiación de los dos primeros prototipos, el que les permitió ganar el concurso de Emprendedores Yuzz en Cantabria y la versión más evolucionada, con la que aspiran a imponerse en la final nacional, los creadores de WBox han logrado el apoyo de un inversor madrileño. Pero para dar el salto a una escala industrial van a necesitar mucho más y no están seguros de poder encontrarlo en Cantabria: “El nuestro es un producto industrial, no un servicio y requiere un desarrollo de ingeniería y de materiales y en Cantabria es difícil dar los primeros pasos”, reconoce Juan González. Algo que podría cambiar el próximo diciembre.