La Montañesa amplía su red de tanatorios
Los tanatorios han irrumpido con fuerza en Cantabria y las funerarias compiten con tanto empeño por ubicarse en lugares estratégicos que en pocos años hemos pasado de la absoluta carencia a un exceso de oferta. Faltaba acercar estos servicios a las zonas rurales, un paso que acaba de dar Funeraria La Montañesa construyendo en Santa María de Cayón un tanatorio que no tiene nada que envidiar a los levantados en los grandes núcleos de población, tanto en el diseño como en las comodidades.
El nuevo centro cuenta con tres velatorios, una pequeña capilla, sala de tanatoestética, otra de exposición de objetos funerarios y oficina, además de estancias auxiliares, como almacenes, aseos y un vestíbulo. En total 450 metros cuadrados edificados por la constructora Fernández-Rosillo sobre una parcela de 6.000 metros de suelo rústico situada junto al cementerio de La Abadilla, cuya calificación para uso dotacional fue sometida por el Ayuntamiento de Santa María de Cayón a la aprobación de la CROTU. La función social del tanatorio y el cuidado puesto en la integración con el entorno, facilitaron el visto bueno de la Comisión Regional de Urbanismo.
Para adaptar el inmueble al lugar, el autor del proyecto, Eduardo Álvarez, planteó una fragmentación y que el edificio tuviera varias fachadas. En el interior se han creado diferentes atmósferas combinando espacios amplios con otros más recogidos, acordes con la privacidad que se requiere en estos centros.
Álvarez también buscó materiales que encajasen con el entorno rural, como la madera, la mampostería de piedra, los muros revocados y pintados con material ecológico y las cubiertas de zinc. Para reforzar la integración paisajística, el recinto se rodeó de una pantalla forestal y se ha ajardinado la zona de aparcamiento.
Una demanda estable
El emplazamiento da cobertura a una zona que abarca seis municipios y unos 20.000 habitantes. El elevado número de personas de esta comarca que se veían obligadas a desplazarse a Santander para velar a sus difuntos animó a La Montañesa a desarrollar un proyecto en el que ha invertido 600.000 euros.
Cada año se contratan en el tanatorio que posee en El Alisal unos 110 servicios para usuarios domiciliados en el valle de Cayón y la empresa confía en que, con su presencia en la zona, el uso de las nuevas instalaciones llegue a los 150 por año.
Esta posibilidad de crecimiento ayudará al grupo a mantener su privilegiada posición en los servicios funerarios en Cantabria donde controla una cuota de mercado de alrededor del 40%, a pesar de la fuerte competencia y de que se trata de un sector que no propicia grandes crecimientos.
Se suele decir que para las funerarias no hay momentos de crisis, pero tampoco se benefician de los ciclos alcistas de la economía. Su mercado depende exclusivamente de la demografía y el índice de mortalidad en Cantabria se mantiene desde hace mucho tiempo entre el 9 y el 10 por mil de la población, es decir, entre los 5.300 y los 5.600 fallecidos por año. Este es el número de servicios funerarios que las empresas deben atender, una cifra previsible pero cada vez más disputada, como consecuencia de una gran competencia existente para las dimensiones de la comunidad o, cuando menos, desigualmente repartida.
La fiebre de los tanatorios
La cultura de los tanatorios tardó en llegar a Cantabria. Mientras que en otros puntos del país estos centros reemplazaron hace ya dos décadas a los fríos mortuorios hospitalarios y a los de algunas residencias, aquí se mantenía el sistema tradicional y los planes de urbanismo tardaron en facilitar su implantación. En cambio, empresas funerarias sí que había muchas en la región. En la actualidad son 18, algo que se explica por la dispersión poblacional de la comunidad y la necesidad de atender puntos alejados de los grandes centros urbanos donde se ubican las compañías más importantes del sector. Eso hace que muchas de esas funerarias sean pequeñas empresas de carácter exclusivamente local.
A pesar de esa amplia cobertura territorial, faltaban tanatorios modernos y en la urgencia por ocupar ese vacío y defenderse de la competencia se ha producido una carrera descontrolada que, en algunos puntos, ha creado un exceso de oferta. Es evidente, por ejemplo, que en Torrelavega era necesario un centro de estas características, porque hasta hace no mucho los velatorios se realizaban en el Hospital Sierrallana, pero se han acabado abriendo tres: el tanatorio municipal de Río Cabo, construido y gestionado por Albia; el del grupo Nereo y el del asilo de San José. Y hay que tener en cuenta que poblaciones tan próximas como Cartes, Villapresente, Viérnoles o Polanco también tienen el suyo.
Más significativo aún es el caso de Laredo, donde el cierre del velatorio del hospital comarcal desató una competencia por hacerse con ese mercado que ha concluido con la apertura de cuatro tanatorios en la zona, dos en la propia villa pejina, uno en Santoña y otro inaugurado recientemente cerca de Ramales de la Victoria, el del Alto Asón. Un exceso que va a complicar la amortización de las grandes inversiones que han supuesto algunos de estos centros. De hecho, hay tanatorios que están empezando a dar pérdidas.
La razón de lo ocurrido lo explica un buen conocedor del sector: “Yo creo que se empezó muy tarde y con muchas ganas porque en Cantabria no existía ninguno, y la eclosión ha sido muy fuerte. En muchos casos, las funerarias han cometido equivocaciones y han asumido riesgos muy altos, porque las inversiones que se requieren son muy elevadas y no será posible amortizarlas”.
La subida del IVA
A pesar de su gran estabilidad, el sector tampoco es totalmente ajeno a la crisis. La perdida de poder adquisitivo de la ciudadanía lleva a la contratación de servicios más baratos o a prescindir de esquelas y coronas de flores. También se ha notado el vertiginoso incremento del IVA que grava los servicios funerarios, que ha pasado del 8 al 21%. Esto supone que de los 3.600 euros que viene a costar un servicio medio en los tanatorios, más de 700 euros son de impuestos.
Esta penalización al ciudadano por un servicio básico es aún más injusta si se tiene en cuenta que en la Unión Europea tan solo tres países gravan con el impuesto de valor añadido el uso que se hace de las funerarias, y en los pocos casos en que lo hacen cobran un IVA reducido al considerar que se trata de un servicio de absoluta necesidad y que no se elige consumir.
Para frenar el impacto de esa subida sobre el bolsillo de los usuarios, Funeraria La Montañesa ha optado por recortar sus márgenes y asumir parte de ese incremento del IVA, a la espera de que el Ministerio de Hacienda reconsidere la subida, tal como le pide también el mundo de la cultura para su propio ámbito.
Con el tanatorio abierto en Cayón, La Montañesa cuenta ya con una extensa red formada por los del Alisal –en Santander–, Laredo –donde está asociada con dos funerarias locales– y losvelatorios de Puente Viesgo. A pesar de la saturación en algunos puntos de la comunidad, el grupo no descarta afrontar un nuevo proyecto, sin desvelar la ubicación. Una señal de que en el mapa de Cantabria caben aún más centros como el inaugurado en Santa María de Cayón.