Las tecnología puede acabar con los vigilantes

En un escenario marcado por la drástica caída de la inversión, tanto la privada como la pública, el sector de la seguridad no podía ser ajeno a las débiles señales que emite nuestra economía. Aun así, la bajada de su actividad ha sido igual que la que acusan otras actividades, especialmente entre quienes se dedican al desarrollo de sistemas y cuentan entre sus clientes con grandes firmas o corporaciones. Mucho más delicada es la situación de las numerosas empresas instaladoras de alarmas que, subidas en la ola del boom de la vivienda residencial, han sido las primeras en acusar la práctica desaparición de ese mercado, acompañado en muchos casos de impagos que hacen muy difícil su supervivencia.
El mercado nacional de la seguridad movió en 2011 más de 4.000 millones de euros, de los que a Cantabria le corresponden unos 80. La mayor parte de esa facturación –el 64%– proviene de la vigilancia, y el 28% de los sistemas, donde se incluyen las alarmas domésticas conectadas a centrales receptoras, el control informatizado de accesos o el software de integración para seguridad (que engloba intrusión, control de accesos e incendio). El resto corresponde a tareas como el transporte de fondos.
En el último año, este mercado de la seguridad ha decrecido un 2,4%, una disminución similar a la que se viene produciendo desde que comenzó la crisis en 2008, de manera que la caída de actividad acumulada desde entonces por el sector en España arroja un porcentaje aproximado del 12%.

Baja la vigilancia y suben los sistemas

La crisis, sin embargo, no afecta a todos por igual. Una de las peculiaridades de este sector es la fuerte disminución en la demanda de vigilantes jurados mientras que, por el contrario, sube la de sistemas de seguridad. El cliente ha optado por sustituir parte de la vigilancia activa, la que llevan a cabo personas físicas, por la instalación de sistemas electrónicos de alarma o de control de accesos, bastante más barata. La consecuencia de esta deriva es que el subsector de controles electrónicos creció entre 2011 y 2012 un 1,2%.
Otra de las razones que han elevado la demanda de sistemas antiintrusión es la creciente sensación de inseguridad asociada a las consecuencias sociales de la crisis, sobre todo en la protección de viviendas, aunque la demanda está lejos de alcanzar los resultados que esperaban las empresas: “Se podría pensar que la gente se volcaría y que el sector de alarmas iría a más” –señala un experto del sector–, “pero no es fácil. La gente se interesa mucho por los sistemas de seguridad pero se lo piensa bastante, por la inversión que supone”, explica. Un coste que es algo más elevado si se opta por sistemas cableados, en vez de inalámbricos, para evitar la vulnerabilidad de estos últimos a los inhibidores de frecuencias.
Esa misma preocupación por el ahorro es lo que está motivando que, como alternativa a la contratación con una central de alarmas, que implica el pago de una cuota, el cliente empiece a interesarse por la posibilidad de recibir en el móvil los avisos de incidencias que emita su sistema de seguridad. Es aquí, en la transmisión de información hacia dispositivos móviles, donde más avanza la tecnología. Por un lado, con aplicaciones telefónicas cada vez más completas y visualmente atractivas, y por otro con las enormes posibilidades que abre la conexión a internet.
El salto tecnológico está dejando atrás los circuitos cerrados de televisión con cámaras analógicas para centrarse en equipos con mucha más resolución, que aportan más información pero que requieren más ancho de banda para la transmisión de los datos, algo complicado de conseguir, por el momento, cuando se trata de enviarlos a un móvil, una tablet o un ordenador portátil. Es en este campo donde el desarrollo de los sistemas de seguridad asociados a las telecomunicaciones tiene un margen más amplio para evolucionar.

La evolución de la videovigilancia

Una de las demandas que más está creciendo en las empresas es la de la instalación de videocámaras, tanto para seguridad como para control interno. La notable caída del precio de los equipos (cuestan un tercio menos que hace seis años por la llegada masiva de material fabricado en el sudeste asiático) ha incentivado también este interés por la videovigilancia.
También aquí se están produciendo novedades, que firmas como ITM han incorporado a sus sistemas. Por ejemplo, el análisis de vídeo avanzado. El responsable de ITM Seguridad, Eduardo Pérez, lo explica así: “Es una de las soluciones de seguridad más en auge y está destinada a cubrir recintos de grandes dimensiones, tanto en áreas exteriores o perimetrales como interiores. Se trata de aprovechar las virtudes de los Sistemas CCTV para mucho más que lograr un control visual y obtener un registro de imágenes”.
Mediante complejos algoritmos se pueden establecer los criterios que generará una alarma permitiendo distinguir entre personas y vehículos; establecer reglas de paso en una dirección determinada; detectar el merodeo en un zona concreta; el tiempo de permanencia de una persona en un área o reducir las falsas alarmas generadas por otros elementos de detección.
Además, con la introducción de cámaras térmicas se añaden otras prestaciones, como la fiabilidad de la detección en condiciones de escasa o nula luminosidad, bajo circunstancias meteorológicamente adversas o a grandes distancias. También es posible cubrir con una única cámara lo que generalmente requiere el uso de varias cámaras convencionales.

El auge de la biometría

La ausencia de obra inmobiliaria nueva –y con ello, de instalaciones de seguridad– se ve paliada en parte por la necesidad de mantener los equipos y de actualizarlos, especialmente cuando se trata de clientes corporativos. La rápida evolución de la tecnología de seguridad también ayuda a estimular la sustitución de equipos ya obsoletos.
Una de las tecnologías más en alza es la identificación biométrica (a través de rasgos físicos del individuo) que ha pasado de tener una fiabilidad muy relativa y de utilizarse solo en áreas muy restringidas a generalizarse, tanto en la lectura de la huella digital como en el análisis por infrarrojos de las venas de la palma de la mano, que convierte nuestro mapa vascular en un conjunto de nueve dígitos, único para cada persona. Estos sistemas han ganado en fiabilidad y han bajado de precio, por lo que su uso tiende a extenderse cada vez más.
También se han resuelto las objeciones a que patrones biométricos se almacenen en una base de datos centralizada. Setelsa, una firma cántabra especializada en sistemas de control de accesos, ofrece como solución que esos datos se guarden en una tarjeta con memoria que porta el propio usuario. El sistema de control compara el perfil biométrico contenido en la tarjeta con la lectura que hace de la palma de la mano o de la huella dactilar cuando se quiere acceder al recinto.
Otra opción sería la del uso del DNI electrónico, pero la experiencia demuestra que son muy pocos los titulares de ese documento que conocen o recuerdan el código que lo acompaña.
Una de las claves para capear la crisis en el sector de la seguridad es la capacidad de las empresas para ofrecer innovaciones tecnológicas y desarrollos propios. En esta línea, Setelsa continúa trabajando en el diseño de soluciones que agilicen y mejoren los sistemas de control de accesos. Su último producto es la automatización de los protocolos básicos de seguridad para el control de visitas mediante un terminal muy similar al que utilizan las compañías aéreas para las operaciones de checking.
El proceso para concertar una cita se realiza a través de una aplicación situada en la página web de la empresa. Una vez confirmada mediante un mensaje en el móvil, el visitante, en vez de tener que esperar su turno para identificarse ante el control de seguridad, lo puede hacer directamente mediante el carnet de identidad electrónico o, para visitas recurrentes, a través de la lectura de su patrón biométrico.
Otra de las innovaciones de Setelsa que también agilizará notablemente estos procesos es un escáner que lee los datos de un DNI convencional, comprueba que coinciden con los de la visita prefijada y emite la tarjeta que autoriza a acceder al interior del edificio.
“Estos son ejemplos –señala el director general de Setelsa, Enrique Gómez– de productos que vamos desarrollando, los presentas a las empresas y así nos vamos sosteniéndo en el mercado”. Un mercado que, en el caso de esta compañía cántabra, ahora está repartido por todo el país, ya que Cantabria apenas genera el 15% de su facturación.

Buscar mercado en el exterior

Esta posibilidad de asomarse al exterior marca en muchos casos la diferencia entre sobrevivir o no en un sector que en Cantabria está muy tocado por la crisis. En la región existen cerca de una docena de empresas locales dedicadas a la seguridad, a las que hay que sumar las grandes compañías nacionales, como Prosegur, Vinsa o Securitas. Pero son muy pocas las que cuentan con productos tecnológicos innovadores o desarrollos propios capaces de abrirse paso en el mercado nacional.
Sertec es un ejemplo de firma local que ha sabido proyectarse al exterior manteniendo el núcleo duro de su actividad en la región gracias a un gran cliente corporativo, como Caja Cantabria, para la que, además del mantenimiento de las instalaciones de seguridad, realiza, tras su conversión en Liberbank, la integración de sistemas de todas las sedes nacionales. Otro gran cliente es la cadena de tiendas de ropa H&M, a la que instala los sistemas de seguridad en los establecimientos que va abriendo en la mitad norte del país (en el último año, Valladolid, Pamplona y Oviedo y, actualmente, en una segunda tienda en Bilbao).
“Nosotros –explica el delegado comercial de Sertec, José Luis Ruiz­–, estamos trabajando mucho fuera de Cantabria, en Madrid o en el País Vasco. Ahí tenemos la ventaja de que cobramos menos y somos más competitivos, y en Madrid hay mucho movimiento. Aquí solo hay una obra, la del Centro Botín y eso no es muy halagüeño”.
Una frase que podría resumir el escenario en el que deben moverse las empresas cántabras de seguridad que quieran sobrevivir y su principal argumento para competir en ese gran mercado.

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