Un mal negocio para Hacienda

La trayectoria de Blas Mezquita al frente de Sniace ha sido una carrera de obstáculos y de soluciones más o menos imaginativas para tratar de mantener a flote una empresa cuyo negocio nunca fue sencillo, porque es una mesa que descansa en cuatro patas, de las cuales siempre ha cojeado alguna, cuando no varias. La mesa, en cualquier caso, las necesita todas y eso le ha obligado a procurar la permanencia de cada una de ellas o a sustituirlas progresivamente por nuevas actividades, como la energía eléctrica o la producción de bioetanol.
Pero tampoco los nuevos campos han estado exentos de problemas. En el bioetanol, su camino se ha quedado a medias. Ha levantado una planta en Polonia, que está a punto de comenzar a producir, pero no consiguió el aval del Gobierno de Cantabria para hacer otra en Torrelavega, cuando ya había negociado el crédito con el Banco Europeo de Inversiones.
En el caso de la energía todo ha resultado más fácil, salvo el proyecto de una gran central de ciclo combinado. Mezquita no pudo sacarlo adelante, pero quizá hoy se alegre, a la vista de las pocas horas que operan las que se han construido en España.
En cambio, la gran planta de cogeneración que levantó dentro de la fábrica para abastecerse de vapor y electricidad y vender los kilovatios excedentes ha creado una fuente muy significativa de ingresos regulares, además de contribuir a ahorrar costes. Pero el céntimo verde establecido por Rajoy en diciembre por la cogeneración con gas natural ha venido a agitar las aguas también en este terreno. A la fábrica eso le supone unos nueve millones de euros al año, una cuantía insoportable, porque el año pasado, sin el impuesto, ya perdió 19 millones y no puede permitirse nada parecido en este ejercicio sin poner en riesgo su continuidad.
Sniace no lo va a tener fácil y una de las primera medidas han sido enviar a casa a 270 trabajadores con un ERE temporal y apagar una de las dos turbinas, para evitar el nuevo impuesto eléctrico en la medida de lo posible.
Producir electricidad para la venta a terceros ha dejado de ser rentable, porque, además, ha coincidido con una estación lluviosa y ventosa en la que ha caído drásticamente el precio de la energía en el mercado mayorista español, a consecuencia de las grandes aportaciones de las centrales hidráulicas y los aerogeneradores. A finales de marzo se estaba pagando el megavatio a 18,2 euros, un precio desconocido desde que se estableció el sistema de subastas. Al consumidor del mercado liberalizado se le ha estado vendiendo a 40,2 euros, frente a los 51 del trimestre anterior.
En estas circunstancias, Sniace se ha visto forzada a producir mucho menos energía, poco más que la de consumo interno donde, finalmente, el impuesto va a ser bastante menor (algo menos de la cuarta parte). Eso ha provocado que sus ventas de electricidad hayan bajado en el trimestre de 15,6 millones de euros a algo menos de 9 millones.
Esta estrategia defensiva no da buenos resultados para nadie: la empresa pierde una fuente de negocio muy importante en la venta de energía y el Estado deja de percibir el 21% de IVA (1,2 millones menos en ese periodo), que no se compensan con la nueva tasa de 0,65 euros por cada gigajulio de gas consumido en la cogeneración externa, ya que le ha aportado algo menos de un millón de euros.
Esa pérdida fiscal por sí sola ya pondría en cuestión la utilidad del céntimo verde, pero es irrelevante frente a los efectos secundarios que provoca, como el enviar a 326 trabajadores a casa, de los que a finales de marzo continuaban en paro 270, ya que la fábrica ha paralizado la producción de viscosa, muy vinculada, por su consumo de vapor, a la producción de electricidad.
Si se añaden todos los efectos fiscales derivados de la parada de una turbina y Viscocel se mantuviese cerrada, la pérdida de recaudación para las administraciones públicas sería este año de 11,8 millones de euros (incluidas las cuotas a la Seguridad Social), mientras que el céntimo sanitario, con una sola turbina funcionando, apenas habría aportado 2,2 millones. Es decir, que el saldo sería negativo para las Administraciones en más de 9,5 millones.

Crece el mercado de celulosa

Sniace lo tiene más fácil en la celulosa, uno de sus dos negocios tradicionales, porque el mercado chino, donde más vende, crece a un ritmo anual del 20%. En otro momento, la expectativa de que la demanda se duplique en cuatro o cinco años supondría unas fuertes subidas de precios, con importantes beneficios, pero eso ha atraído a otros competidores y la evolución al alza se está moderando.
La fábrica va a volcar en la exportación toda su capacidad de producir celulosa (180 toneladas al día), que lleva tiempo tratando de ampliar hasta las 240, lo que le exige una nueva línea de máquinas de secado de la pasta, cuya financiación negocia. También pretende reanudar la producción de viscosa a un ritmo de 70 toneladas al día.
La empresa se mueve en una paradoja: necesita producir más para volver a los beneficios pero si produce más energía, el céntimo verde le desequilibrará más las cuentas. Y mientras permanezca aletargada, tampoco hará un buen negocio Hacienda, que ni percibe el nuevo céntimo verde ni tampoco el IVA de la energía que la empresa ha dejado de generar.

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