El colapso de Chipre
Desde que se independizó del Reino Unido en 1960, Chipre había mantenido un récord de buen hacer económico, reflejado en altas cifras de crecimiento, pleno empleo y una relativa estabilidad. La economía agraria heredada de la época colonial se había transformado en una economía moderna y dinámica. De hecho, los chipriotas estaban entre los pueblos mas prósperos del Mediterráneo, con un PIB per capita de 30.000 dólares. Este nivel de vida quedaba perfectamente reflejado con la categoría de ‘muy alto’ alcanzada en el Human Development Index, y por el puesto 23º del mundo en el Quality-of-life Index. Sin embargo, tras más de treinta años de crecimiento continuo, las finanzas han frenado en seco el desarrollo de los chipriotas.
Si hacemos un repaso de la realidad económica de Chipre veremos que está repartida entre un sector de servicios muy desarrollado (incluido el turismo) que aporta casi con el 80% del PIB y emplea a más del 70% de la fuerza laboral. La industria y la construcción representan un 20% del PIB y de la mano de obra, y la agricultura apenas supone ya el 2,1% del PIB, aunque aún retiene el 8,5% de la mano de obra.
Tras unas robustas tasas de crecimiento en los años 80, en los 90 su evolución fue más variable, oscilando entre el 9,7% y el 1,7%, según los cambios estacionales del turismo, lo que ya indicó la necesidad de diversificar la economía. La sobrevaluación previa de la libra chipriota antes de la introducción del euro, en 2008, mantuvo la inflación controlada, algo que resulta muy importante para el comercio, vital en una isla que no es autosuficiente en alimentos y que, hasta el descubrimiento de depósitos de gas cerca de la costa, también era dependiente en recursos energéticos.
Su sistema legal se basa en el derecho inglés y le resulta familiar a la mayoría de los financieros internacionales. Eso ha tenido una influencia notoria en la transformación de la economía agraria de la isla en una economía financiera, al igual que la eliminación de las restricciones a la inversión directa extranjera y la liberalización de las inversiones en la Bolsa.
En 2002 se puso en marcha un sistema impositivo muy favorable para los negocios, con sólo un 10% en el tipo de impuesto de sociedades, el más bajo en la UE. El IVA está situado en el 15%, el mínimo permitido en la UE, y carece de restricciones a los cambios de moneda, como miembro de la Eurozona. Los no residentes e inversores extranjeros pueden repatriar libremente las ganancias de sus inversiones.
Negocios, gas y barcos
Como resultado de esas medidas económicas, Chipre se había convertido en uno de los centros de negocios más importantes del mundo. Ya en los años que siguieron a la Perestroika tuvo gran popularidad como punto intermedio de los países occidentales para hacer inversiones en Rusia y en Europa Central y Oriental.
El Mediterráneo oriental posee enormes reservas de gas natural y se han obtenido resultados prometedores en algún campo petrolífero cerca de la costa de Israel. También se está perforando en aguas próximas al sur de Chipre.
Las prospecciones que se han efectuado indican que puede haber cerca de 3.000 trillones de metros cúbicos de reservas de gas sin explotar en ese área entre Chipre e Israel, lo que equivale al consumo mundial de un año. Se baraja una cooperación entre ambas naciones para construir terminales o una tubería que lleve el gas hacia Europa, en competencia con las redes que se están diseñando desde Rusia o Asia Central. Si llegan a un acuerdo, en 2014 o 2015 ya podría haber un gaseoducto en funcionamiento.
Además, Chipre tiene el cuarto registro de barcos más grande del mundo, con 2.758 barcos y 25,5 millones de toneladas de registro bruto. Un pabellón abierto que incluye buques de 43 países, entre ellos de Grecia, Alemania y Rusia.
Explosión en la base militar
En 2009, la economía chipriota se empezó a contraer por primera vez en su historia. La explicación oficial fue que estaban demasiado expuestos a la recesión global y a la crisis de la deuda soberana de algunos estados de la Unión Europea. Chipre había entrado en la UE en 2004 y había adoptado el euro en 2008.
En junio del año pasado los acontecimientos se aceleraron, el Gobierno anunció que necesitaba una ayuda económica exterior de 1.800 millones para apoyar al Cyprus Popular Bank y poco después la agencia Fitch degradó la deuda del Estado chipriota al nivel bono basura. Fitch dijo que Chipre necesitaba otros 4.000 millones más para apoyar al Bank of Cyprus, al Cyprus Popular Bank y al Hellenic Bank, los tres bancos más grandes.
Hubo un acontecimiento decisivo que no se menciona en los análisis de la debacle chipriota, la explosión de la base naval Evangelos Florakis, el 12 de julio de 2011.
En un almacén a cielo abierto de esa base militar chipriota había depositados nada menos que 98 contenedores llenos de explosivos que la Marina de Estados Unidos había capturado en 2009 a un barco de bandera chipriota, cuyo armador era ruso y que viajaba desde Siria a Irán por el Mar Rojo. Según información desvelada por WikiLeaks, Hillary Clinton presionó a Chipre para que confiscara la carga.
La catástrofe fue la mayor padecida por Chipre en época de paz y ocurrió cuando los contenedores, que llevaban dos años al aire libre, explotaron espontáneamente. Murieron trece personas, entre los que estaba el comandante de la Marina (máximo cargo militar en Chipre) y el comandante de la base. Además, quedaron destruidos o inservibles cientos de edificios en varios kilómetros a la redonda. La explosión destruyó por completo la central eléctrica de Zygi, la más grande del país, que suministraba la mitad de la energía eléctrica que consume Chipre. El daño todavía no se ha evaluado oficialmente pero se cree que el coste llega hasta los 2.800 millones de euros, es decir, cerca del 17% del PIB de Chipre. Solo el de la central eléctrica se acerca a los mil millones.
La presión que eso supuso sobre las finanzas publicas obligó a Athanasios Orphanides, gobernador del Banco Central de Chipre, a avisar de que el país podría verse forzado a pedir un rescate si los recortes en los gastos no se ampliaban. Lo mismo dijo el Bank of Cyprus y varios grandes empresarios. La advertencia vino después de que el ministro de Hacienda mostrara que el déficit en la primera mitad de ese año había subido al 3,47%, el doble que el año anterior.
El Gobierno había estado pensando introducir varios impuestos y recortes tras la degradación de Fichtt.
Rusia, no es para tanto
Se ha dicho que los principales perjudicados por el rescate europeo eran los depositantes rusos. Sin embargo y a juzgar por su respaldo al plan B del rescate financiero europeo, mucho más severo que el primero en su castigo a los grandes ahorradores, éstos no han debido salir tan mal parados como se pensaba.
El primer rescate provocó que Vladimir Putin calificase la medida de “injusta, poco profesional y peligrosa”, y acusó al Eurogrupo de no tener en cuenta los intereses rusos. Incluso se negó a reestructurar el crédito de 2.500 millones de euros que en 2011 había concedido a Chipre.
No obstante, una reunión en Moscú entre representantes del Gobierno ruso y la Comisión Europea acabó por aceptar que Rusia se sumara al arreglo de los problemas financieros de Chipre, pero “sólo después de que se alcance un acuerdo entre las autoridades chipriotas y la Unión Europea”, según dijo el presidente Medvédev.
El pasado 25 de marzo, la Troika –FMI, BCE y Comisión Europea– y el presidente chipriota, Nicos Anastasiades, alcanzaron un principio de acuerdo sobre las líneas generales de un rescate de 10.000 millones de euros para Chipre. A cambio, el sistema bancario del país deberá sufrir una profunda reestructuración que incluirá fuertes pérdidas para los grandes depositantes. Los pequeños ahorradores –con menos de 100.000 euros– finalmente se salvan de la quema. En concreto, el acuerdo obliga a liquidar el segundo banco del país, Laiki, imponiendo fuertes pérdidas a los depositantes. También los del Banco de Chipre sufrirán una importante quita, pero la entidad sobrevivirá.