Todo el lujo que cabe en un tren
Las 28 personas que viajan a bordo del Transcantábrico Gran Lujo tienen la sensación de que están haciendo un crucero. Solo que el paisaje ondulante que ven en el exterior no es la imagen cambiante del mar sino las más bucólicas colinas verdes del norte de España.
El Transcantábrico, el tren turístico de FEVE, ha sido reformado para dar paso a una propuesta todavía más cuidada, con una exquisita decoración interior hasta convertirlo en una versión pequeña y cantábrica del Oriente Express. Para ello se han dejado tan solo 14 suites dobles y un amplio repertorio de salones con una ambientación que invita a sumergirse en los tiempos más románticos de los caminos de hierro.
En este escenario rodante, tan cercano a la experiencia de un hotel de lujo como alejado de un convencional viaje en tren, los pasajeros pueden recorrer durante ocho días y siete noches toda la Cornisa Cantábrica, desde San Sebastián a Santiago de Compostela y viceversa, en una temporada que abarca desde mayo a diciembre. Un viaje en el que se mezclan el paisaje, la gastronomía y el patrimonio monumental de las cuatro comunidades que atraviesa el Transcantábrico en su recorrido por la España verde.
Este tren de lujo está formado por una docena de coches, de los que cuatro son salones comunes: coche panorámico, salón comedor, salón de té y pub. En ellos, el viajero puede entretener su ocio contemplando el paisaje, charlar relajadamente, leer o ver la televisión utilizando los fondos de la biblioteca y la videoteca. También puede comer, desayunar o cenar a bordo, e incluso bailar y divertirse en el salón pub, donde cada noche se ofrece música en directo y a lo largo del recorrido se celebran varias fiestas.
El resto de los coches albergan las habitaciones y la cocina, equipada como la de los mejores restaurantes y donde, bajo la supervisión del reconocido chef asturiano Ramón Velorio, se preparan platos procedentes de la gastronomía de aquellas regiones por las que discurre el viaje.
Los siete coches camas cuentan con catorce elegantes suites climatizadas, con una amplia cama matrimonial de 1,5×2 metros, sorprendente si se tiene en cuenta que va a bordo de un vagón de tren de vía estrecha; armario ropero y maletero, y un coqueto y confortable salón. Como si de un hotel de cinco estrellas se tratara, las suites están equipadas con dos televisores, video, consola de juegos, equipo de música, ordenador con internet, teléfono inalámbrico y minibar. El cuarto de baño cuenta con una sauna de vapor. Comodidades y prestaciones todas ellas del siglo XXI, pero en un ambiente que retrotrae al viajero a la época con más glamour de la historia del tren, la de las grandes travesías intercontinentales en aquellos míticos ferrocarriles que servían de escenario a las novelas de Agatha Christie.
Los precios están en consonancia. Poder alojarse en una de esas lujosas suites durante los seis días del viaje cuesta nada menos que 7.800 euros. Eso no parece ser un obstáculo para su éxito. Viajeros de alto poder adquisitivo, sobre todo extranjeros, encuentran en el Transcantábrico Gran Lujo una forma idónea de conocer el norte de España. En su primera temporada de funcionamiento, el 70% de los ocupantes de este tren llegaron de otros países, menos afectados por la crisis, y la respuesta que está teniendo este año hace albergar la esperanza de que alcance el 90% de ocupación. Todo un éxito para una propuesta exquisita.