Trabajar más a gusto y vivir mejor
En los diez años de vida de Vodafone sus directivos han visto sucederse muchas innovaciones en la telefonía móvil, pero nunca se habían encontrado con actitudes de candidatos a un empleo como las que empieza a percibir su departamento de recursos humanos. Quienes se presentan a las entrevistas de trabajo se interesan por el horario, las vacaciones, los incentivos o el ambiente laboral casi tanto como por el sueldo y, en una reciente selección en Madrid, se ha dado el caso de quien declinó acudir a la entrevista después de haber sido preseleccionado para un puesto, sólo porque tenía que atravesar la ciudad y le parecía demasiado esfuerzo.
Anécdotas como ésta ilustran el hecho de que los nuevos demandantes de empleo tienen comportamientos e intereses muy distintos a los que las empresas estaban acostumbradas. El mercado laboral ha cambiado a medida que se alejaba el fantasma del desempleo, al menos para el colectivo masculino, y quienes hoy buscan trabajo se sienten mucho menos presionados a la hora de aceptar un empleo.
Las empresas deben adaptarse a esta nueva realidad, porque la tendencia demográfica indica que la población envejece y que disminuirá también el número de trabajadores cualificados. Según las previsiones que manejan las consultoras especializadas en recursos humanos, a partir de 2008 y durante los próximos 20 años, en la Unión Europea la demanda laboral superará en un 20% la oferta de trabajadores disponibles. Una realidad paliada, en parte, por la aportación de mano de obra emigrante, sobre todo en trabajos de baja cualificación, pero que obligará a las empresas a poner en marcha estrategias para captar y retener a las mejores plantillas.
La palabra clave para conseguirlo es ‘conciliación’, es decir, la aplicación de políticas para trabajar y vivir mejor, que hagan más atractiva la empresa para sus empleados. Un planteamiento que va dejando de ser una opción para convertirse en una necesidad si las compañías quieren ser competitivas. “El empresario –subraya Francisco Muro, presidente de la consultora Otto Walter– debe construir la empresa en la que a él le hubiera gustado trabajar, y no por una cuestión de altruismo, sino por el simple interés por mejorar sus resultados”.
Se ha constatado que la flexibilidad no sólo aumenta la productividad y la motivación de los trabajadores, sino que resulta un factor clave para retener a los trabajadores, evitando una alta rotación –algo que en ciudades como Madrid o Barcelona se ha convertido en un problema endémico– o la pérdida de los mejores profesionales.
En una reciente jornada sobre conciliación de trabajo y vida familiar celebrada en el Centro Hospitalario Padre Menni, se puso de relieve que las instituciones y empresas que han aplicado políticas de flexibilidad han conseguido reducir un 53% el absentismo laboral, un 62% la ansiedad de los trabajadores y un 60% las bajas por depresión.
En el plano personal, las entidades que han puesto en marcha este tipo de medidas han conseguido que el 90% de sus empleados aumentase su productividad y un 84% asegurase estar más motivado. Además, el 83% adquiere un mayor compromiso con la compañía y el 86% obtiene una mayor satisfacción de su trabajo.
Un ‘salario emocional’
Las medidas a aplicar para conciliar la vida laboral con la doméstica o con las aspiraciones personales son muy variadas, desde la ampliación de los plazos legales en los permisos por maternidad o lactancia a las ayudas por hijos discapacitados o las concedidas a las familias numerosas. Pero, sobre todo, se consideran especialmente importantes aquellas medidas que tienen que ver con el funcionamiento interno de la empresa: Los horarios flexibles y personalizados, la evaluación de los jefes por los empleados, la no prolongación de la jornada de trabajo con reuniones de última hora, una plantilla bien estructurada que evite la sobrecarga de tareas, el establecimiento de incentivos….
Todo ello forma una suerte de salario emocional que refuerza la lealtad de los empleados hacia la empresa y que juega un papel cada vez más importante: “Hay que cambiar la cultura de presencia por la de eficacia y empezar a gestionar no por el tiempo que estás en el trabajo, sino por lo que haces”, afirma otra de las intervinientes en la Jornada, la presidenta de Placement Center, Pilar Gómez-Acebo.
Este enfoque, asumido ya en las escuelas de negocios donde se forman los futuros directivos, comienza a abrirse paso en el mundo empresarial, especialmente en los sectores más innovadores, como electrónica, telecomunicaciones, consultoría, servicios y sector farmacéutico.
Las industrias más maduras, como la construcción, el sector del automóvil o el metalúrgico son, por el contrario, las menos receptivas a aplicar medidas de conciliación. Pero el objetivo prioritario para los defensores de estas políticas son las pymes, que forman el 92% del tejido empresarial del país y donde la cultura de la conciliación de la vida laboral con el trabajo todavía no ha llegado.