La Caja se quita de encima tres problemas históricos

De forma casi simultánea, Caja Cantabria puede desprenderse de tres problemas históricos y eso le va a permitir liberar alrededor de 3.000 millones de las antiguas pesetas que tenía inmovilizados en dotaciones para el caso de que deparasen pérdidas. Ahora podrá utilizarlos para garantizarse los resultados del ejercicio 2006, evitando el efecto del plan de prejubilaciones a cuatro años que va a poner en marcha y cuyo coste, con la nueva contabilidad, debe detraer de los beneficios de cada ejercicio.
La Caja ya ha tenido un buen resultado en 2005, en que obtuvo alrededor de 48 millones de euros de beneficio bruto (unos 8.000 millones de pesetas), doce millones de euros más que el año anterior. En ello ha tenido mucho que ver su agresiva política hipotecaria, después de que una directriz interna instase a la red de oficinas a no perder ninguna operación que pueda tener interés para la entidad. Con esta política ha conseguido que su cartera de crédito hipotecario creciese en el año pasado a un ritmo del 32%, un 50% más de lo que evolucionó el sector.

Mejorar la eficiencia

Aparentemente, 2006 llega con una ventaja añadida, la subida de los tipos de interés que aumentará el estrecho margen comercial con que operan bancos y cajas en España. En estos años de muy bajos tipos de interés, la única política para aumentar los beneficios ordinarios era reducir los gastos generales, algo que Caja Cantabria ha vuelto a hacer en el último año, y aumentar el volumen de negocio. En esa dirección, la entidad cántabra tenía mucho camino por recorrer, como lo demuestra el hecho de ser una de las menos eficientes del país. Por cada cien euros que ingresa, gastaba 61,8 en 2004. Un año después, este ratio ha mejorado en más de cinco puntos (ahora es de 56,28) pero sigue estando muy lejos de la media de cajas y a enorme distancia de las entidades más eficientes, como el Banco Popular, cuya maquinaria sólo consume alrededor de 35 euros de cada cien que ingresa.

200 prejubilaciones

La política de prejubilaciones mejorará significativamente estos ratios de eficiencia a medio plazo, pero a un coste muy alto que hay que pagar ahora y con un cierto riesgo. Al deducirse el coste de las prejubilaciones de los beneficios como un gasto salarial cualquiera –ya no es posible imputarlo a reservas, como antes– unos resultados anuales mediocres pueden pasar por esta vía a la categoría de catastróficos.
La Caja ofrecerá la prejubilación voluntaria durante los próximos cuatro ejercicios a todos los mayores de 50 años, lo que puede dar lugar a la salida de 200 personas, más de una quinta parte de la plantilla. La oferta inicial está a medio camino entre las condiciones establecidas en el Plan de 2002, que tuvo una gran acogida, y las de otro plan puesto en marcha en 2004 con bastante menos éxito. Sean cuales sean las condiciones en las que finalmente se apruebe, lo que puede darse por seguro es que las prejubilaciones absorberán una parte significativa de los beneficios de los próximos años si la Caja no encuentra otros ingresos y puede hallarlos en estas operaciones históricas que el Banco de España obligó a provisionar años atrás por su dudoso resultado.
A diferencia de otras cajas con una gran cartera industrial donde acumulan plusvalías que pueden hacer efectivas en caso de apuro, Caja Cantabria no cuenta con prácticamente nada de lo que echar mano, a excepción de Bancantabria, una operación que se dilata desde hace más de dos años. Ni siquiera dispone de una cartera de renta variable significativa. Pero deshacerse de problemas también puede ser un valor en sí mismo y la entidad está en trance de desprenderse de tres con una larga trayectoria: los préstamos que concedió a Sniace y al Racing y los recursos inmovilizados en la finca de la Universidad Pontificia de Comillas.
El crédito de Sniace fue forzado por las circunstancias y la entidad prácticamente no tuvo capacidad de decisión. Arrastrada por la presión política, tuvo que conceder un crédito participativo para evitar el cierre de la fábrica. Pero la evolución de Sniace ha sido positiva y parte del dinero está ya devuelto. El resto se reintegrará en septiembre. De esta forma, la Caja podrá liberar los 20 millones de euros que había provisionado para prevenir un posible fallido.

Cortar con el Racing

En realidad, es posible que una parte significativa de este dinero haya de ir, temporalmente, a aumentar las dotaciones por los préstamos concedidos al Racing, ya que aunque los nuevos gestores se han comprometido a saldar la deuda, no será sencillo. Por lo pronto, el consejo de administración de la Caja ha decidido por unanimidad cortar la vinculación financiera con el equipo, siempre problemática y que hado lugar a varias renegociaciones anteriores, al menos en tanto el club no regularice su situación.
La Caja arguye razones técnicas para no descontar el aval que el Gobierno ha otorgado al equipo, aunque la garantía de la subvención a largo plazo cubriría sobradamente estos riesgos (el Racing debe a la entidad unos 18 millones de euros). De acuerdo con la legislación que regula los avales del Gobierno cántabro, su ejecución exige la previa ejecución del club, que tiene cuotas vencidas con la entidad desde abril de 2005, puesto que la Administración regional sólo se hace responsable de la cantidad que no quede cubierta con los bienes del avalado.
El hecho de que la Caja no tenga ningún interés en ejecutar al Racing no significa que no lo vaya a hacer con los avalistas privados que respaldaron los últimos créditos obtenidos por el club. La entidad presentará este mes en el juzgado las primeras peticiones de ejecución, por los vencimientos que el Racing no ha atendido desde el año pasado (unos 3,5 millones de euros). Pero hay otros once millones de euros a punto de vencer y algunos más que lo harán en abril.
Se supone que, para entonces, los nuevos propietarios hayan conseguido en otros bancos la liquidez necesaria para saldar la deuda, su compromiso al adquirir el equipo. En ese caso, la Caja liberaría también las dotaciones que cubren parte de este riesgo.

La Pontificia

El tercer problema históricos que arrastraba la entidad ya esta cerrado y era la finca de la Universidad Pontificia de Comillas. Un lugar extraordinariamente valioso como suelo, pero imposible de rentabilizar por su singular condición arquitectónica y cultural. La Caja hace tiempo que intentaba deshacerse de una propiedad no aportaba nada al negocio, consumía recursos y requería 40 millones de pesetas al año sólo para vigilar y conservar esta extensísima finca de 500.000 m2.
En realidad, el edificio ya estaba vinculado a las cuentas de la Obra Social y aunque la operación de venta al Gobierno le ha deparado un modesto beneficio contable de 1,6 millones de euros, la principal ventaja para la Caja es que, al liberarse de él, puede pasar a la Obra Social el Palacio de Benemejís, en Santillana del Mar, que sólo utiliza para acontecimientos culturales.
Eso no significa que la entidad haya quedado definitivamente desvinculada de la antigua Universidad Pontificia, ya que se ha visto empujada a aportar tres millones de euros para el patronato de la fundación que llevará adelante el Proyecto Comillas, cuantía que por el momento nadie más ha desembolsado.
Si, como parece previsible, cierra estos tres asuntos que proceden de mediados de los años 90, habrá acabado una época para la entidad, aquella en la que tuvo que actuar como salvavidas de problemas ajenos.

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