Colgados de las nubes

Vértigo. Es la primera sensación que le invadirá al asomarse a la cabina del teleférico de Fuente Dé. Todo es minúsculo desde El Cable, la estación de llegada. Mil ochocientos cuarenta y siete metros por debajo se adivinan vagamente los contornos de los turistas. La carretera de acceso a Fuente Dé desde Espinama, vista a cuatro kilómetros de distancia, serpentea en los últimos repechos de ascenso. La sensación de inmensidad se acrecienta cuando se observan los alrededores montañosos: Peña Vieja, los Picos de Padiorna o Peña Remoña, las cumbres más elevadas de Cantabria.
Es el macizo central de los Picos de Europa. Un lugar donde se confunde el cielo y la tierra, y a pesar de lo que esta expresión tiene de retórico es bastantes aproximada a la realidad. Con frecuencia las cabinas del teleférico atraviesan jirones de nubes suspendidas en el trayecto de ascenso.
El teleférico se construyó en 1966 y no fue un gran paso para la humanidad, pero sí un gigantesco paso para la economía de la zona. La ingeniería consiguió conectar el cielo y la tierra. Su origen está en la explotación minera. La Real Compañía Asturiana de MInas tendió un cable a principios del pasado siglo para transportar el mineral que extraía en las minas de blenda de los Picos de Europa hasta Fuente Dé, aunque el transporte del mineral desde las cumbre de los Picos era tan costoso que pronto se buscaron otros yacimientos más rentables.
En los años sesenta se pensó en darle alguna utilidad a aquella vieja infraestructura. La promoción turística del valle de Deva y los Picos de Europa fueron la mejor excusa para invertir en un proyecto en el que nunca se confió en poder recuperar la inversión. El proyecto fue obra del ingeniero de Caminos, José Calavera y del arquitecto, Angel Hernández Morales. Calavera también fue el proyectista del Monumento al Indiano, en Peña Cabarga, o de la cubierta del Ferial de Ganados de Torrelavega, tres de las obras más significativas que se han hecho en Cantabria.
Los contratiempos durante la redacción y la ejecución de la obra civil fueron muy importantes. El cálculo de la estructura, la meteorología, los contrapesos o el traslado de los materiales, llenaron de incertidumbres el proceso de construcción. Ni siquiera había una normativa para el cálculo de una estructura semejante, de las cargas y de los tiros ascendentes e inclinados que debían de soportar los cables y sus anclajes. Tampoco estaban muy desarrolladas las especificaciones de los materiales que debían ser capaces de resistir temperaturas extremas con enormes oscilaciones térmicas entre el invierno y el verano.
La estructura se construyó en hormigón y hubo que diseñar enormes pozos de contrapeso para sostener los cables-carril. Para garantizar la máxima seguridad, los agujeros fueron excavados en roca a más de quince metros de profundidad.
El transporte de los materiales y la propia meteorología también resultó una odisea. Sólo se pudo trabajar en julio y agosto. En los meses previos, la nieve impidió que las llegada de los vehículos todo terreno que debían transportar el material hasta Aliva y, desde allí, campo a través, hasta la estación superior.
Finalmente, todos los contratiempos fueron superados y el 12 de septiembre de 1966, después de varios años de trabajo, el teleférico era inaugurado con gran éxito. Tanto que tres años después, en 1969, hubo que ampliar el tamaño de las cabinas para dar respuesta a la demanda. Ademas, se construyó la cafetería que recientemente ha sido restaurada y la estación de recepción en los Picos.
El éxito turístico de Fuente Dé desde entonces, ha ido en aumento. Liébana, es una de las comarcas mas visitadas de Cantabria. En realidad, Fuente Dé se ha aprovechado de la popularidad de Potes, que se encuentra a 24 kilómetros de distancia del teleférico. O quizá haya sido Potes la beneficiada. En todo caso la inversión inicial se recuperó con creces y durante muchos años fue la única instalación rentable de Cantur, a pesar de lo cual –o quizá por eso– hubo un intento frustrado de privatizarla durante el mandato como presidente de Juan Hormaechea.
En el año 2006 el Gobierno regional decidió realizar una importante inversión en la comarca. Se mejoró el firme de la carretera de acceso, se rehabilitaron las estaciones de salida y llegada del teleférico y se sustituyeron las cabinas de pasajeros, lo que no estuvo exento de problemas.

El largo camino de las cabinas

Las nuevas cabinas fueron construidas en Suiza y Turín. El transporte hasta Fuente Dé por el angosto desfiladero de La Hermida, donde incluso los turismos voluminosos deben ser conducidos con pericia, se convirtió en un embudo infranqueable para los camiones que transportaban las nuevas cabinas. Hubo que transportarlas por partes y el ascenso se prolongó durante varios días. Incluso se llegó a pensar en la posibilidad de sustituir la carretera por otros medios de transporte, como un helicóptero. Finalmente, los transportistas consiguieron sortear curvas y repechos hasta su destino en Fuente Dé.
El diseño transparente del nuevo teleférico asegura unas vistas espectaculares. Se desplaza a diez metros por segundo y son capaces de cubrir los 1.640 metros del cable en tres minutos y cuarenta segundos. Las instalaciones son usadas a diario por miles de personas y por montañeros que inician desde la estación superior múltiples rutas por el Parque Nacional de los Picos de Europa.

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