La ciencia al día
Las crisis se pueden predecir
Un grupo de investigadores ha determinado que algo tan dispar como los seres humanos, los ecosistemas o los mercados financieros comparten una dinámica similar de «puntos críticos». Su objetivo es encontrar indicios que permitan predecir cambios repentinos en estos sistemas para anticiparse a sus efectos.
Lo más curioso es que han observado similitudes entre fenómenos como un ataque epiléptico y la finalización de los períodos glaciares, lo que atribuyen a patrones que se rigen con las leyes universales. Con el asma, por ejemplo, nuestros pulmones pueden desarrollar un modelo de constricción bronquial que no se diferencia del colapso de la vegetación en un desierto.
Incluir los mercados financieros en esta ley presenta dificultades añadidas, ya que el descubrimiento de patrones predecibles conduciría a su desaparición. Por el momento, se sabe que hay señales previas que pueden detectarse por medio de herramientas como el “índice del miedo”, que mide la volatilidad, o las variaciones de precios.
El efecto placebo
Unos científicos alemanes han realizado pruebas en distintas zonas cerebrales con el fin de analizar el llamado efecto placebo por el cual falsas medicinas acaban teniendo eficacia en el paciente siempre que crea que son auténticas. Concluyen que el cerebro produce unos opioides endógenos y los placebos estimulan la generación de estas sustancias.
Este tipo de analgesia inhibe el procesamiento del dolor en la médula espinal y reduce las respuestas cerebrales al mismo, lo que, en ultima instancia, se traduce en que el individuo experimenta menos dolor.
Joyas primitivas
En Marruecos se acaban de descubrir 25 collares de conchas marinas que tienen entre 70.000 y 80.000 años de antigüedad, lo que ha servido para concluir que, ya por entonces, los seres humanos no solo llevaban joyas sino que comerciaban con ellas; incluso existían redes de intercambio entre los habitantes de la costa y los de tierra adentro.
Las conchas marinas encontradas proceden de moluscos del periodo Nassarius, llevan agujeros en el centro y muestran marcas de pigmento y de haber sido usadas como adorno.
El descubrimiento desmiente la teoría en vigor, que sostiene que el uso de joyas se remonta a la colonización de Europa por parte del homo sapiens, hace 40.000 años.
Palabras y cosas
De sobra sabemos que aprender no es cuestión de acumular nombres sino de entender su significado. Pero en Finlandia acaban de descubrir que, en el mecanismo de aprendizaje de nuevas palabras, el cerebro humano se vale de las mismas redes neuronales con las que procesa vocablos que ya conocía. A esta conclusión se ha llegado tras enseñar a diez adultos los nombres y la utilidad de 15 utensilios primitivos de los que nunca antes habían oído hablar.
Las mediciones del funcionamiento de sus cerebros se han realizado por medio de magnetoencefalogramas mientras pronunciaban los nombres por primera vez y también cuando ya les eran conocidos.
Las exploraciones cerebrales han revelado que se activan las mismas redes neuronales tanto para procesar los nombres de objetos conocidos como los de los utensilios primitivos. Sin embargo, el cerebro procesa de manera distinta los significados de las nuevas palabras y, curiosamente, aprendemos con mayor rapidez las definiciones que los nombres nuevos.