Díaz Real cae al retirarle el apoyo la vieja guardia de Mirones
Hace dos años, Gema Díaz anunció a su Comité Ejecutivo que Pedro Nalda sería el director de la CEOE después de haberlo contratado. Fue el primer motivo de incomodidad. Aunque la mayoría de los miembros del órgano de dirección de la patronal eran sus amigos, no estaban muy predispuestos a los hechos consumados. Si Díaz Real captó el mensaje, no llegó a asumirlo, porque esas circunstancias han vuelto a repetirse hace unos meses cuando contrató a cuatro personas sin comunicarlo previamente.
A pesar de que dos de ellos garantizaban la obtención de más recursos de lo que iban a costar sus remuneraciones y otros dos aportaban perfiles que la CEOE necesitaba, la decisión escoció por varios motivos: la patronal cántabra había realizado poco antes un durísimo ajuste de plantilla con despidos que en algunos casos todavía estaban en los tribunales, y dos de las personas que llegaban procedían de la Cámara de Comercio: Martín Silván, que ya había salido, y al que CEOE le había ofrecido un contrato como asesor externo y Jorge Muyo, un consultor con gran experiencia en programas comunitarios. Cuando los dos miembros del Comité de la CEOE que también estaban en la dirección de la Cámara fueron interpelados en esta institución, tuvieron que reconocer que eran desconocedores de estas contrataciones.
Díaz Real defiende su actuación asegurando que se ha propuesto conseguir que en la CEOE estén los mejores y no podía perder la oportunidad de ficharlos. En su opinión, así se ha logrado que los servicios a los empresarios no se hayan resentido del fortísimo ajuste de plantilla que tuvo que realizar al comienzo de su mandato, y se hayan celebrado más actos que nunca.
La revuelta de los propios
Durante su mandato, la expresidenta no ha tenido enfrente a sus rivales de la Tercera Vía, prácticamente desaparecida, ni a las grandes empresas, en las que suele primar su sentido institucional, a pesar de que la mayoría apoyó a su contrincante en las últimas elecciones. En realidad no ha tenido a casi nadie en contra porque, a pesar de haber ganado por solo 16 votos, las aguas se calmaron más rápidamente de lo que cabía esperar en una patronal que no conocía el sosiego desde mucho tiempo antes.
La sorpresa ha sido que quien la descabalga sea alguien relativamente ajeno a estos movimientos, como Lorenzo Vidal de la Peña, y con el apoyo explícito o tácito de quienes hace tres años fueron sus valedores para llegar a la presidencia de la CEOE.
Vidal de la Peña, después de conseguir ser el representante de los concesionarios, encabezó hace un movimiento personal confuso para reorientear la CEOE bajo el lema ‘¡Ya está bien!’ que no encontró respaldo y finalmente redirigió su objetivo hacia la federación Cantabria Metal, en la que que se encuadran los concesionarios con otras muchas patronales. Entonces, Díaz Real improvisó una candidatura alternativa que cerró las aspiraciones de Vidal aparentemente por mucho tiempo.
Pero en la CEOE no hay nada que sea eterno, ni las alianzas, ni las enemistades ni las derrotas. La pérdida de financiación que ha tenido en estos años (un 66%), al no convocar el Gobierno los cursos para ocupados hace más difícil garantizarse los apoyos en la Junta Directiva (el órgano soberano, en el que están representadas las patronales de sector y algunas grandes empresas) porque todas las asociaciones están en precario y reclaman más apoyo. Lo llamativo es que una parte significativa del Comité Ejecutivo, los hombres de confianza de Gema Díaz, nombrados por ella y que en esta ocasión no respondían a un pago de favores electorales, también haya acabado por distanciarse de ella y con su dimisión produjesen la ruptura abrupta de un mandato al que aún le restaba año y medio.
Las contrataciones propiciaron que a comienzos del pasado verano dimitiese su tesorero, Fernando Martínez, que había llevado sobre sus hombros la pesada carga de hacer los despidos para dejar la plantilla de la CEOE cántabra reducida a algo menos de la mitad. Pero fue en septiembre cuando ese movimiento interior cuajó en una comida de quienes habían formado su equipo más estrecho a la que Díaz fue convocada con urgencia. Se escusó por motivos personales pero a los pocos días conocía por boca de Ignacio Diego los movimientos que había a su alrededor, a los que él eludió sumarse.
Díaz Real, una mujer de carácter, aunque su frágil aspecto físico invite a pensar lo contrario, no solo no se tomó un momento de reflexión cuando sus vicepresidentes Gustavo Larrazábal, Justo Cobo (presidente de los constructores) y Emérito Astuy (de los hosteleros), junto con otros dos miembros del Comité Ejecutivo de su máxima confianza (José Emilio Criado y Jorge de Benito) pusieron sus cargos a su disposición, sino que les señaló la puerta de salida. Es cierto que estos abandonos le restaban mucho crédito pero le hubiese bastado con sustituirles (una potestad que le otorgan los estatutos de la patronal como Mariano Rajoy puede remodelar su Gobierno cuando lo desee) bien en ese momento o en un plazo convenido, como llegaron a ofrecerle.
La hasta ahora presidenta de la CEOE prefirió trasladar la crisis a la Junta Directiva y allí salió adelante, por un estrecho margen, su intención de convocar unas nuevas elecciones. Aunque con ello no tenía nada que ganar, aparentemente, y todo que perder, fuentes de su equipo sostienen que trataba de evitar una maniobra para forzarla a dimitir y dejar paso a un equipo gestor al frente del cual estaría uno de sus dimitidos vicepresidentes, Emérito Astuy, que está a punto de agotar su mandato en Hostelería.
Las diferencias en el seno del equipo de Díaz ya se habían hecho públicas días antes en otra Junta Directiva en la que decidió someter a votación el candidato que apoyarían los delegados cántabros en el congreso nacional de la patronal. El candidato de Díaz Real era Rosell pero la Junta decidió apoyar a Garamendi, un desconocido en la región, una decisión que podía interpretarse claramente como un cuestionamiento de la presidenta y que ésta respetó escrupulosamente al votar en el congreso nacional. Garamendi se lo agradeció más tarde acudiendo a la presentación de su candidatura, aunque con una escenificación muy confusa, ya que trató de justificarlo por un compromiso previo con los empresarios de la región.
Cambio de papeles
De todas las salidas posibles para poner fin a la crisis de su directiva, Díaz Real, poco dada a las contemplaciones, optó por la más dramática y ha pagado las consecuencias, aunque los estatutos de CEOE, inspirados por Miguel Mirones, son generosos con quien se presenta a la reelección. Para evitar una proliferación de candidaturas, establecen un umbral de avales elevado para concurrir, lo que en teoría blinda al candidato oficial, dejando muy poco margen para los rivales, ya que no es fácil conseguir avales suficientes para articular una segunda lista y casi imposible llegar a una tercera.
Nadie hubiese esperado que la situación se diese la vuelta, pero esta vez el aparato interno funcionó al revés. La hasta ahora presidenta se ha encontrado en el papel de aspirante, y lo que es más paradójico, Vidal de la Peña, como el candidato oficialista, una vez que le brindaron su apoyo los hombres que en su día formaron el equipo de Mirones, tras sondear previamente al presidente de la Cámara de Torrelavega Antonio Fernández Rincón. Eso le llevó a Fermín García Balbás, que intentó sin éxito formar a candidatura, a asegurar que era el propio Mirones quien estaba detrás de la operación para sustituir a Gema Díaz, después de llegar a un pacto con Vidal de la Peña, por el que éste compartiría el poder con los miembros del Comité que abandonaron el barco de Díaz Real.
Una tesis que, sin explicitarla, también parece encontrarse en las insinuaciones de la hasta ahora presidenta de la CEOE, al desmarcarse bruscamente de Miguel Mirones y dejar entender que alguno de sus hasta ahora colaboradores tenían muchas ansias de llegar a la presidencia.
Díaz Real ni siquiera pudo estar en la línea de salida. Su rival, con el apoyo de una buena parte de la organización, le cortó el camino consiguiendo los avales de la mayoría de las asociaciones sectoriales, incluidas las tres más fuertes, que fueron el mascarón de proa en la candidatura de Díaz Real hace tres años: Construcción, Hostelería y Metal. Ni siquiera con una alianza con García Balbás podía llegar al umbral mínimo que le hubiese permitido encarar una campaña en la que todo hubiese resultado más incierto. A pesar de la enorme diferencia de avales, Díaz Real estaba convencida de que en las votaciones de las empresas hubiese salido ganadora, porque creía seguir teniendo el respaldo de las pequeñas y el compromiso de algunas de las grandes que en las anteriores elecciones habían apoyado a quien entonces fue su rival.
Para evitar esa incertidumbre, Vidal de la Peña y su equipo se trabajaron a fondo la recolección de avales, no tanto para dar una mayor solvencia a su candidatura como para evitar que quedasen los suficientes como para formar otra. Un éxito sorprendente para quien solo partía como ‘aspirante’ y que le ha permitido alcanzar la investidura sin llegar a celebrarse elecciones.
“No me tutela ni mi tía”
Díaz Real ha pagado su presidencialismo y, sobre todo, el no haber trabajado una base electoral propia en la estructura interna. Si la expresidenta de la CEOE cántabra ha sido deudora de Miguel Mirones, que inspiró su candidatura hace tres años, lo ha disimulado muy bien. Después de dejar claro desde el primer día que “a mí no me tutela ni mi tía”, la mayoría de sus decisiones las ha tomado por sí misma y ni siquiera ha atendido los consejos de su familia, partidaria de que dejase el cargo, tanto por desgaste personal como por las obligaciones que comporta, que no le permitían una dedicación más intensa a su propia empresa.
Incluso la teoría de que era una persona cercana al Gobierno regional cabe ponerla en duda. Ella misma se jactaba de asegurar que estaría cerca de cualquiera que gobernase, porque eso iba en beneficio de sus gestiones en favor de los empresarios. Y es cierto que ha tenido frecuentes encuentros con el presidente regional, Ignacio Diego, pero también lo es que sus relaciones con los consejeros de Industria y de Economía no han sido buenas, hasta el punto que algunos empresarios intuyen que los retrasos en los pagos del Gobierno a la CEOE que asfixian a la patronal son producto de un ajuste de cuentas de estos consejeros con Díaz Real.
Ignacio Diego, que no quiso tomar partido en septiembre, cuando varios miembros del equipo de Díaz Real acudieron a él para advertirle de su distanciamiento con la presidenta, ha escenificado de nuevo su neutralidad recibiendo al nuevo titular de la patronal cántabra el primer día de mandato.
Vidal de la Peña le insistió, como ya lo hizo Gema Díaz, en la necesidad de una concertación regional, algo que el Gobierno ha demorado, para no comprometer más recursos ni dar una baza a los sindicatos, ahora que no hay una conflictividad social que le empuje a buscar acuerdos con los representantes sociales. Para Diego, basta un diálogo social “por la vía de los hechos”, sin tener que ratificar nada.