Celsa hará en Cardiff otra acería como GSW
En Gales no se construye una nueva acería desde hace treinta años y en este plazo se han cerrado varias. La decadencia del sector en la cuna mundial del acero parecía definitiva. Hasta que llegó una empresa española, la catalana Celsa, que ha sembrado una ola de optimismo en la zona al adquirir, primero, una de las plantas que habían cerrado y anunciar ahora su intención de hacer otra nueva.
Los hermanos Rubiralta han actuado en Cardiff como antes lo hicieron en Polonia y mucho antes en Santander. Se han hecho con una fábrica en crisis (aquí fue Nueva Montaña Quijano) y han resucitado lo que aparentemente era un muerto para, en una segunda fase, iniciar el despegue.
Cuando en 2002, la planta de acero Allied Steel and Wire (ASW) de Cardiff declaró su quiebra, supuso un golpe moral para la zona, ya que suponía la pérdida de la última acería que quedaba. Pero seis meses más tarde, Celsa anunciaba su intención de comprar la fábrica. En septiembre del pasado año volvían a trabajar alrededor de 400 personas, todo un acontecimiento para la ciudad, y ahora da empleo a cerca de 700, prácticamente todos los que habían perdido el empleo con el cierre.
El primer ministro galés, Rhodri Morgan lo expresaba así en la prensa británica: “Había una enorme tristeza y una gran preocupación por el futuro de toda la industria fabril en Cardiff cuando ASW entró en suspensión de pagos en julio de 2002. Desde que Celsa la cogió en 2003 ha habido un crecimiento constante de empleo, una modernización y ahora vamos a vivir una auténtica explosión de la inversión. Cuando abra la nueva acería en 2006, los trabajadores tendrán un futuro brillante”.
Para la construcción, Celsa UK empleará 100 millones de euros y con ella sustituirá a las actuales instalaciones que adquirió en 3,5 millones de libras.
Los trabajos de cimentación de la nueva fábrica ya han comenzado en unos terrenos adyacentes a la planta que su filial británica Celsa UK adquirió hace un año. La futura acería producirá 1,2 millones de toneladas de acero en palanquilla, tal como hace su factoría hermana cántabra, y también lo hará mediante la fusión de chatarra en un horno eléctrico. Con la nueva acería, controlará aproximadamente el 10% de la producción de acero británica.
Celsa intentará competir en el mercado británico con barras de acero corrugado para la construcción, un producto que en el Reino Unido nadie ofrece, dado que, tradicionalmente, los constructores británicos utilizan perfiles. No obstante, Celsa cree que puede abrir este mercado y, de hecho, va a suministrar el acero para el nuevo edificio de la Asamblea Nacional de Gales que se construye en la bahía de Cardiff.
Simultáneamente a sus inversiones británicas, Celsa ha relanzado la polaca Huta Ostrowiec, una compañía con más de dos siglos de vida, que adquirió hace un año.
La compañía catalana firmó en 2003 un crédito sindicado por importe de 130 millones de euros que le ha dado liquidez para afrontar esta política de rapidísimo crecimiento.
Celsa se ha convertido en el segundo productor español de productos largos de acero, por detrás de Arcelor y facturó el pasado año casi 2.000 millones de euros. De ellos, 301 procedían de su filial cántabra GSW.
Fábricas clónicas
Las semejanzas entre la operación de Celsa en Cardiff y la realizada en Cantabria en 1986 para hacerse con la propiedad de Nueva Montaña Quijano son evidentes. En ambos casos, se trataba de factorías tradicionales de mediana capacidad, en una situación apurada y prácticamente sin empresario. Nueva Montaña, en manos del Banco Santander, se encontraba en una situación de reconversión, con una fuerte deuda a la Seguridad Social y con perspectivas de continuidad más que dudosas. Celsa consiguió el apoyo de la Administración en forma de aplazamientos de pagos y créditos participativos, y obtuvo un rendimiento muy importante con la venta de los terrenos acumulados por la compañía cántabra a lo largo del tiempo, lo que le sirvió para financiar gran parte de su reestructuración. Una política que también podría utilizar con la planta de Cardiff.
Se da la circunstancia de que Cardiff, en el sur de Inglaterra, también es la sede de otra fábrica del grupo Robert Bosch de características idénticas a la que posee en Treto (Cantabria). La estrategia de las grandes multinacionales es contar con al menos dos factorías clónicas en distintos países, que le permitan asegurar el suministro a sus clientes si cualquiera de ellas sufriese una incidencia, desde un problema técnico a una huelga. Esta circunstancia es bastante habitual en el sector del automóvil, dado que las marcas de coches no pueden poner en riesgo toda su cadena de producción por la interrupción en el suministro de un proveedor.
Con la nueva acería de Celsa, Cardiff se convertirá en una especie de alter ego de Cantabria al otro lado del Canal de la Mancha, ya que tanto las producciones de Robert Bosch como las de GSW son sustanciales para la región. Entre ambas fábricas facturan en Cantabria 600 millones de euros (unos 100.000 millones de pesetas) y suman casi 1.800 trabajadores.