LOS PRINCIPALES EPISODIOS ECONOMICOS DEL SIGLO XX
Un mes después de la llegada de Hitler al poder en Alemania, Roosevelt alcanzó la presidencia de los EE UU. Allí, tras el Informe Nye, el horno no estaba para bollos y la ciudadanía participaba mayoritariamente de la idea de que, si a los europeos nos daba por enzarzarnos en nuevas guerras, ellos no tendrían nada que ver. Pero algo parecido ya había ocurrido antes de la Primera Guerra Mundial, y tampoco sería ésta la última vez que cambiaba la opinión pública en poco tiempo, lo que demuestra su volatilidad.
El voluminoso Informe Nye se consagraba a demostrar la influencia que habían ejercido algunos grupos económicos y financieros en favor de la intervención norteamericana en la Primera Guerra Mundial y la polémica que suscitaron sus conclusiones llevó al Congreso de los EE UU a votar varias leyes de neutralidad entre 1935 y 1937.
Manchuria
Pero algo iba a ocurrir en una región tan alejada como Manchuria que iba a resultar decisivo en la evolución posterior de los acontecimientos: Una bomba produjo algunos desperfectos en el ferrocarril meridional de Manchuria, que estaba bajo administración japonesa. El acto fue calificado como atentado por los japoneses y sirvió como pretexto para iniciar una acción militar de ocupación de toda la zona y para reunir allí una pomposa Asamblea de Representantes de las Poblaciones que proclamó al año siguiente la independencia del territorio.
El asunto llegó a la Sociedad de Naciones, ese invento americano incluido en el tratado de paz de la Primera Guerra Mundial en el cual luego no participaron. La Sociedad de Naciones dijo, como era presumible, que qué pintaban los japoneses en un país que no era el suyo, y aunque no se atrevió a proponer la devolución inmediata del territorio a la soberanía china, optó por no reconocer al nuevo estado y exigir que las tropas japonesas no se extendiesen más allá de la zona del ferrocarril. Japón reaccionó con su retirada de la Sociedad de Naciones.
Esa era sólo la primera parte del problema. La segunda era cómo ejecutar lo acordado. Las medidas fueron ridículas, pues la Sociedad de Naciones se limitó a negarse a dar por válidos los pasaportes, los sellos de correos y las monedas del nuevo gobierno, pero sin tomar las medidas legalmente previstas contra la agresión. La impotencia que demostró la Sociedad de Naciones fue un golpe a su credibilidad y, a la larga, a la paz.
Alemania
En Alemania, después de la crisis del 29 ya no se hacían pagos de nada pero había bastante actividad. Tras unas negociaciones llevadas en secreto con Austria, el gobierno germano redactó un proyecto de unión aduanera con este país, o sea una especie de unión europea, a lo que Eduard Herriot presidente del Consejo francés respondió muy gráficamente: “Nos toman por burros si nos creen capaces de olvidar que la unificación política de Alemania se ha realizado por el camino de la unificación aduanera”.
El asunto acabó ante el Tribunal Permanente de Justicia Internacional que resolvió en contra de Alemania, lo que unido a la oposición del Banco de Inglaterra determinaba el fracaso final del proyecto.
Pero Alemania optó por coger la calle de enmedio, como suele decirse, y se anexionó Austria y los Sudetes checos en 1938, lo que se produjo –y no deja de ser asombroso– sin disparar ni un solo tiro, por el simple procedimiento de asustar al contrario con la amenaza de un acto de fuerza.
Armas
El desarrollo de la producción alemana en la década de los 30 había sido más importante que el de Francia y el Reino Unido ya que las técnicas industriales modernas se adaptaron con mayor rapidez y la maquinaria era más avanzada, incluso, que en EE UU. No obstante, Alemania seguía sufriendo las consecuencias del bloqueo por mar producto de las sanciones de la Primera Guerra Mundial y carecía de acceso directo a los mercados de materias primas.
El II Plan Cuatrienal, capitaneado por Goering, buscó soluciones autárquicas a estos problemas pero tuvo unos logros bastante modestos. Los recursos propios de hierro resultaban insuficientes y el caucho y petróleo sintéticos que logró desarrollar como sucedáneos de las materias primas que no podía importar, apenas cubrían una parte mínima de las necesidades alemanas.
La situación mejoró algo con las relaciones comerciales con otros países europeos, donde pudo conseguir parte de las materias primas que necesitaba, pero aquellos que venían de América, como el algodón, el manganeso, el cobre o el plomo, esenciales para la fabricación de material de guerra, no tenía forma de obtenerlos.
La economía alemana era muy vulnerable y los peligros en caso de una guerra larga considerables. A pesar de eso, a partir de 1936 el gobierno alemán tomó la iniciativa de desarrollar una política armamentística y los demás países europeos optaron por secundarle.
Alemania orientó la producción hacia aquellas fabricaciones que presentaban más interés con vistas a la preparación de la guerra, además de las vinculadas a la aviación y la construcción de carros de combate. También tuvo la precaución de redistribuir geográficamente la industria pesada. Por ejemplo, las nuevas instalaciones metalúrgicas se colocaron en Hannover, una zona menos expuesta a los ataques aéreos que el Rhur.
No es fácil establecer si, además de las ideología imperialista del nazismo, Alemania se lanzó a la invasión de otros territorios para dar salida al material militar que producía y, en general a su enorme capacidad industrial, o por la necesidad imperiosa de obtener otras materias primas y resolver sus debilidades. Lo cierto es que toda su maquinaria económica se puso al servicio de ese objetivo, incluida la expansión del crédito aplicada por los organismos estatales. Su promotor Schacht pensó esta política expansiva para un periodo de tres años, pero el gobierno alemán se vio obligado a extender su duración al no aparecer inversiones privadas que tomasen el relevo. Ante el temor a una crisis económica y social, se optó por seguir aumentando la deuda pública, y eso provocó que se duplicase entre 1937 y 1939.
El intento de sustituir la falta de mercado exterior e interior por pedidos públicos dio lugar a una tensión financiera creciente. ¿Cómo se produjo entonces la reintegración de la economía alemana en la economía mundial? Muy sencillo y muy directo: por medio de una guerra, que fue lo que se les ocurrió a los dirigentes nazis para solucionar los problemas que se les acumulaban.
A pesar del rearme general, ningún país dedicaba a ello una cifra del PIB semejante a la de Alemania (16,6%). Italia empleaba el 12,7%; la URSS, el 9,3%; el Reino Unido, el 7,9% y lo mismo Francia. Se puede observar fácilmente la diferencia entre los estados autoritarios y los democráticos.
Había que tener en cuenta, también, las industrias de bienes de equipo, que son fácilmente adaptables a la fabricación de material de guerra. También ahí la diferencia de Alemania era muy grande, ya que concentraba el 14,4% de la producción mundial; Italia el 2,5%; la URSS, el 14%; el Reino Unido, el 10,2% y Francia, el 4,2%. Pero faltaba por contabilizar uno, los EE UU, que representaban por sí solos el 41,7% de la producción mundial, y el eje italogermano sabía que esa potencia no se emplearía nunca a su favor.
América
Quizá contaban con que en América el ambiente era favorable a no inmiscuirse en las continuas refriegas de los europeos, pero en 1937 F. Roosevelt se mostró convencido de que una actitud de neutralidad a toda costa aumentaba las posibilidades de la propia guerra.
En un discurso perfectamente clarificador, el presidente expuso su postura y sin designar directamente a Japón, Alemania e Italia, indicó que “el reinado del terror”, cuyas primeras manifestaciones habían sido la injerencia injustificada en asuntos de otras naciones y la invasión de territorios extranjeros, amenazaba “los fundamentos de la civilización”.
El comienzo de la guerra, en septiembre de 1939, enfrenta a Polonia, Gran Bretaña y Francia contra Alemania. Al cabo de un año, en uno de los bandos sólo quedaba Gran Bretaña, mientras que del otro lado se añadía Italia. En 1941 entraban en la contienda la URSS y, a finales del año, los EE UU. En ese momento, Alemania tenía la guerra perdida, aunque las batallas durarían todavía dos años y medio más.