Canpisa suspende pagos tras fracasar la operación de venta
La situación de Canpisa ha sido muy difícil desde el pasado verano. La presión periodística del propietario del equipo de baloncesto Los Lobos hacia Caja Cantabria, para obtener más financiación para el club, acabó por envolver también a la fábrica de piensos de Requejada. El propietario de Los Lobos y de Alerta, Ciriaco Díaz Porras, exigía unas condiciones semejantes a las que iba a obtener Canpisa, donde la Caja aportaría nueva financiación y condonaría una parte muy significativa de la deuda acumulada para propiciar la viabilidad de la empresa.
El debate público se complicó mucho más al intervenir en él Mariano Linares, socio de Canpisa y editor de El Diario Montañés, que atizó la polémica probablemente en contra de sus intereses, ya que el resultado final fue desfavorable para ambos contendientes. La Caja optaba por descolgarse tanto de Los Lobos como de Canpisa, lo que suponía dar prácticamente por perdida buena parte de su inversión en ambos casos, pero evitaba comprometerse con nuevos riesgos para el futuro. Entre medio, ejecutaba parte del aval con que Mariano Linares sostenía la fábrica de piensos, lo que le suponía un quebranto en el patrimonio familiar de alrededor de 300 millones de pesetas.
Venta frustrada
La empresa de Requejada, que dirige el ex diputado ucedista Justo de las Cuevas, estaba convencida de disponer de una salida viable a través de la venta a un grupo nacional. De hecho, el pasado verano tenía dos candidatos firmes, que incluso pasaron por la sede de Caja Cantabria para dar fe de su intención. Pero la transmisión era impensable sin un plan de refinanciación de la deuda que aplazase los vencimientos y redujese el monto con una quita sustancial.
A pesar de que el plan suponía para Caja Cantabria la pérdida de casi 400 millones de pesetas y arriesgar nueva financiación, la entidad valoró la continuidad de la compañía y la posibilidad de salvar una parte del riesgo que en la actualidad es de 652 millones de pesetas, si se incluyen los efectos descontados.
La polémica pública entre Linares y Díaz Porras, con el afloramiento de algunos de estos datos dio lugar a la retirada de los compradores y, con ello, al oscurecimiento de cualquier expectativa de salvamiento de Canpisa, dado que el plan de viabilidad de la Caja estaba asociado a la venta.
Curiosamente, los tres nombres envueltos en la polémica y ahora enfrentados, un día fueron compañeros de partido político, UCD, donde tuvieron cargos relevantes, Justo de las Cuevas y Díaz Porras, como diputados nacionales, y Mariano Linares como diputado regional.
Linares, principal perjudicado, como socio y avalista de la empresa agraria, inició posteriormente su propia batalla periodística contra la Caja desde El Diario Montañés, que recordaba la que durante años mantuvo Díaz Porras desde Alerta. En su opinión, la entidad había propiciado la divulgación pública de datos sobre la operación de uno de sus clientes, y esa filtración, manejada desde el periódico rival, habían supuesto un grave quebranto, tanto para Canpisa como para él mismo, por lo que posteriormente ha pasado del acoso periodístico a una querella contra la Caja por vulnerar, supuestamente, el compromiso tácito de confidencialidad de la operativa bancaria.
La tesis, en cualquier caso, estaba envuelta en una evidente contradicción, dado que el propio Diario Montañés había exigido días antes en varios comentarios editoriales que la asamblea de la Caja de fin de año fuese pública y en ella se debatiese el asunto Canpisa.
La situación en que queda el grupo Canpisa es precaria y exigirá que los acreedores renuncien a una parte significativa de la deuda, aunque esa salida supondrá también que los socios pierdan gran parte de los 800 millones de pesetas aportados en préstamos a la entidad durante los últimos años, para soslayar el absoluto desequilibrio de los fondos propios provocado por las pérdidas acumuladas.
La deuda con terceros no socios es de 1.025 millones de pesetas, frente a unos activos valorados en 1.737 millones de pesetas. El principal de estos acreedores es Caja Cantabria, con 652 millones de pesetas de riesgo, seguida por Sodercan, que concedió a Canpisa un préstamo por importe de 125 millones de pesetas, y a gran distancia el Banco Santander, que ha descontado efectos de la entidad por valor de 12,4 millones de pesetas.
Las deudas con proveedores son relativamente modestas (81 millones de pesetas), al igual que las mantenidas con instituciones públicas (151 millones).
Por lo que se refiere al activo, las participaciones de Canpisa en las ganaderías que llegaron a sus manos en pago de deudas acumuladas por socios y clientes, están prácticamente provisionadas al 100%, (427 millones sobre una valoración contable de 478) pero de los 610 millones que le deben actualmente sus clientes, más de 500 son consecuencia de suministros a empresas vinculadas a sus accionistas (Cuher y Alimentos Cuher).
Un mercado difícil
En un mercado controlado por las multinacionales, Canpisa siempre tuvo dificultades para desenvolverse. Ni siquiera el hecho de ser la fábrica más moderna fue una ventaja sustancial y ya pasó por otra suspensión de pagos hace un década de la que salió gracias a la aceptación de una quita por parte de los acreedores. Aparentemente, con el cierre de la planta de Bioter-Biona en el puerto de Santander en 1997 el panorama quedaba más despejado, pero la fábrica volvió a funcionar pocos meses después de la mano de la cooperativa agraria Sergacan, lo que se convirtió en un duro golpe para Canpisa, que hizo todo lo posible por impedirlo.
Las cooperativas siempre produjeron algunos de los piensos que necesitan sus asociados, pero el autoconsumo ha crecido en los últimos años al introducir nuevas gamas, lo que ha reducido sustancialmente las compras de los ganaderos al exterior y, con ello, ha complicado aún más la supervivencia de las fábricas independientes.
Un frustrado plan de fidelización de mercado
Canpisa, en realidad, también disponía de un mercado cautivo, el grupo Cuher, controlado igualmente por Justo de las Cuevas, que tiene importantes necesidades de piensos para sus explotaciones lecheras, cárnicas y de aves. Pero, los avatares económicos de Cuher no han sido muy favorables para la fábrica de Requejada. Con todo, en los últimos tiempos había logrado interesar a posibles compradores con un plan de fidelización de clientela a mucha mayor escala que conllevaba la creación de grandes cebaderos, para aprovechar la recría de vacuno que Cantabria exporta y que es rentabilizada en otras regiones. El plan también garantizaba un importante volumen de trabajo para el principal matadero de la región, Marcansa. Sin embargo, las tres patas donde pretendía asentarse esta estrategia se han derrumbado como un castillo de naipes por el bajón de la carne, la crisis de Marcansa y el rechazo de la Caja al plan de saneamiento de Canpisa. n