El Zoo de Santillana cumple 25 años
El 12 de junio de 1977 puede ser recordado por la mayoría como las vísperas de las primeras elecciones democráticas en España después de muchos años. Para José Ignacio Pardo de Santayana es la fecha en que estaba prevista la inauguración de su zoológico en Santillana del Mar y en la que una inundación dejó la entrada sepultada bajo cuatro metros de agua, 31 animales muertos (un porcentaje muy significativo en aquel modestísimo zoo) y algunos más huidos flotando. A pesar de la debacle, el establecimiento abrió sólo ocho días más tarde.
25 años después, el Zoo de Santillana se ha consolidado como uno de los atractivos turísticos de Cantabria y así lo han reconocido los propios hosteleros, quienes valolaron su contribución con el premio Horeca. El zoo tiene también un gran prestigio en su sector, algo que no suele ser habitual en los establecimientos privados, y una prueba de ello es que participa en los programas de reproducción de diecinueve especies casi extinguidas, que conviven en el parque con otras 400 especies de mamíferos, aves, reptiles, peces e insectos.
En realidad, el zoo de Santillana había nacido dos años antes, de la mano de otro torrelaveguense y amigo de Pardo de Santayana, Jesús Ubalde. El negocio no dio los resultados esperados y estaba abocado al cierre. Pardo conocía la situación del establecimiento pero, carente de recursos para hacerse con él, lo había descartado hasta que alguien le convenció de que también se puede comprar a crédito. Quizá por su entusiasmo, los bancos acabaron por financiar la operación. Por entonces, el zoo era poco más que un jardín, con unos cuatro mil metros cuadrados, muy lejos de los 60.000 actuales que muy pronto serán ampliados con otros 25.000 en los que se construye una sección donde el visitante de Santillana del Mar podrá contemplar los mismos animales que veía el hombre de Altamira en el Cuaternario y en el mismo lugar: bisontes, ciervos, pequeños caballos, nutrias, linces escandinavos…
Algunos de ellos ya se mostraban en el zoo, aunque por sus dimensiones siempre ha dado más relevancia a los animales pequeños y cada vez más especializados. De esta forma, ya se ha convertido en uno de los zoológicos de referencia para especies de monos protegidas, donde ha tenido éxitos muy notables de reproducción.
Un ingeniero de Caminos muy particular
Si Félix Rodríguez de la Fuente nunca estuvo destinado a ser médico, a pesar de que esa fue su formación, José Ignacio Pardo de Santayana tampoco estaba destinado a ejercer como ingeniero de Caminos, la carrera que cursó. Su atípica niñez (no fue a la escuela hasta cerca de los 9 años), los enormes jardines que siempre rodearon las casas familiares y las aficiones de su padre, un ingeniero de minas que era conocido en todo el país como entomólogo y tenía recogidas y catalogadas 30.000 mariposas, condicionaron su vida hacia la naturaleza.
Su afición era bien conocida desde que era un muchacho y la Real Compañía Asturiana dejó en sus manos el lago de La Viesca, entre la mina de Reocín y Torrelavega, para que hiciese lo que pudiese para mejorar su aspecto. Allí plantó sauces, mimosas y pinos y soltó algunos patos, años antes de que la Diputación decidiese convertir la zona en un parque para Torrelavega.
Más tarde, mientras estudiaba en Madrid mantuvo un negocio de cría de canarios con un amigo que llegó a producir 1.500 ejemplares al año.
El cierre de las Cuevas y la creación de Cabárceno
Era obvio que sus ideas no pasaban por la proyección de carreteras y acabada la carrera no pudo renunciar a la idea de poseer un zoológico. Con el conocimiento que hoy tenemos de la historia, la decisión era aún más imprudente de lo que puede parecer a primera vista (prácticamente no hay zoos privados en España), por los acontecimientos posteriores. Poco después de la apertura del zoológico se cerraban las cuevas de Altamira, un golpe durísimo para Santillana del Mar, ya que supuso un sensible descenso de los turistas extranjeros. Diez años más tarde, y cuando ya se había recuperado de este problema, el zoo tuvo que hacer frente a otro mayor con la apertura de Cabárceno. La enorme polémica que rodeó toda la ejecución del parque creado por Hormaechea se convirtió también en expectación y ese factor unido a la capacidad publicitaria del Gobierno cántabro y al hecho de que durante cuatro años la entrada fuese gratuita para los vecinos de la región, provocó un desplazamiento de la demanda y una brusca caída de las entradas al zoo de Santillana. De los casi 140.000 visitantes anuales que había alcanzado bajó a 80.000.
La radio y los libros
El tiempo no lo cura todo, pero sí cura algunas cosas y en este caso colaboró el hecho de que se empezase a cobrar en Cabárceno. Pero hay otro factor que no cabe desechar: la propia personalidad de Pardo de Santayana y el éxito de sus colaboraciones radiofónicas que le han convertido en un personaje conocido en todo el país.
Sus historias, basadas siempre en una atractiva mezcla de anécdotas personales con un ingente conocimiento de la vida animal, han desbordado ya la geografía nacional, gracias a las reemisiones que RNE está realizando por su canal internacional. Para comprender la extensión que han alcanzado, basta acercarse al zoo y comprobar el número de visitantes que muestra interés por conocer en persona a Pardo de Santayana, algo relativamente sencillo, dado que deambula habitualmente por las instalaciones, o los muchos que se acercan a él tras reconocerlo por la voz.
Pardo ha grabado ya más de un millar de estos microespacios y su repertorio sobre la vida animal parece no agotarse nunca, si se añade el hecho de que ha publicado un libro de tono semejante con la editorial Planeta, titulado “El beso del chimpancé”, del que prácticamente se ha agotado ya una edición de 6.000 ejemplares.
Un zoo singular
El Zoo es uno de los cuatro mejores del país, según la calificación de Adena/WWF y reúne más de 2.000 animales en un recinto arbolado de gran belleza. Una de las áreas temáticas más llamativas es el Jardín de las Mariposas, pionero en el país. Se trata de una especie de jungla tropical con temperaturas constantes entre 26 y 30 grados y una humedad relativa del aire del 90% donde cientos de mariposas espectaculares viven y se reproducen en semilibertad y donde las lluvias artificiales y las altas temperaturas mantienen una vegetación exuberante, entre la cual pueden verse decenas de orquídeas.
En el aspecto científico, el zoo ha tenido éxitos muy significativos en reproducción de especies muy escasas y con grandes dificultades para la cría en cautividad, como los tigres de Sumatra, los orangutanes, los titís o los tamarinos, los monos más pequeños del mundo, cuyas diminutas crías apenas son perceptibles mientras permanecen aferradas al lomo de su madre.
El zoológico de Santillana siempre ha sido singular, por muchas razones, desde su carácter familiar a la personalidad del propietario. Pardo de Santayana reprueba el concepto de parque-circo, pero al mismo tiempo es partidario de la participación de los visitantes, a los que invita a dar de comer a los reptiles, por ejemplo, o a colocárselos al cuello “porque siempre han tenido muy mala prensa, cuando en realidad son muy útiles para el ser humano”, una opinión que no han conseguido cambiar las picaduras de serpientes que ha recibido en estos años, siempre sin consecuencias, ya que a pesar del temible aspecto que presenta la mayoría de ellas, ninguna de las exhibidas es venenosa.