La Caja destinará 60 millones a afrontar la mayor morosidad

Caja Cantabria va a buscar en el mercado de las empresas el negocio que hasta ahora llegaba a la puerta de la oficina procedente del sector inmobiliario. Como todas las entidades, afronta un crudo cambio de escenario ya que, como consecuencia del descenso en el crédito a la construcción deberá reemplazar alrededor de mil millones de euros en su volumen de negocio, la cuantía en que se estima que va a reducirse su actividad en crédito a los promotores, donde las nuevas operaciones son bastantes menos que las que vencen.
La Caja va a poder repetir los resultados este año (unos 75 millones de euros), aunque está teniendo que destinar unos recursos muy significativos para mantener la cobertura de la morosidad, que en unos pocos meses se ha disparado del 0,91% de diciembre al 2,54% de julio, ligeramente por debajo de la media del sector (2,66%), si bien la entidad cántabra no ha sido afectada, como otras entidades, por la crisis de Martinsa-Fadesa.

Los costes del saneamiento

La Caja tampoco tenía en su cartera ni hipotecas subprime ni hedge funds ni otros productos que han causado la crisis financiera, por lo que no se ha tenido que hacer ningún saneamiento diferente al relacionado con el crédito a la clientela, pero eso no quiere decir que vaya a ser pequeño.
El ratio de morosidad se ha elevado a porcentajes que no se conocían desde los años 90, lo que ha provocado que en apenas unos meses la holgadísima cobertura de los créditos dudosos se haya quedado corta, al bajar hasta el 69%. Eso le ha obligado a hacer nuevas dotaciones económicas para cubrir estas posibles contingencias, que ahora sitúan la cobertura en el 94%. La Caja tiene intención de cerrar el año con un 100% del riesgo dudoso cubierto y eso le obligará a dotar, en total, entre 50 y 60 millones de euros, una cuantía muy superior a los 35 millones que había presupuestado a comienzos de año y no le permitirá alcanzar el objetivo inicial de 86 millones de beneficio bruto.
La entidad no ha recurrido, como otras, a limpiar el balance adquiriendo promotoras clientes en crisis, con objeto de rescatar dotaciones, o a vender los créditos hipotecarios en mora con una quita importante, también con un fin parecido. En realidad, la política de dotaciones del Banco de España cada vez es más estricta y, en el caso de un moroso, ahora contabiliza todo el crédito por pagar y no solo las cuotas vencidas, por lo que el colchón de dotaciones sigue siendo muy holgado para el riesgo real.
En cualquier caso, la Caja cántabra podrá echar mano de las plusvalías tácitas que va a generarle la puesta en marcha de los dos huertos solares de 20 Mw que está levantando en Morón (Cádiz) y El Coronil (Sevilla). Al precio de mercado del megavatio solar, la operación puede reportarle un beneficio superior, incluso, al que propició la venta del 50% del negocio asegurador de vida y pensiones a Aegon por 30 millones de euros y que se computarán en el próximo ejercicio.

Crece el negocio, a pesar de la coyuntura

Parte de los saneamientos se han realizado y eso no ha impedido que la entidad cierre el primer semestre con un ligero incremento de los beneficios, que se han situado en 36,6 millones de euros. El aumento, en unas condiciones mucho más difíciles que las del pasado año, es consecuencia de apurar la capacidad comercial –a pesar de la coyuntura, ha conseguido aumentar su volumen de negocio en un 11%– y de la drástica contención de los costes, que han crecido por debajo de la inflación.
La unión de ambos factores permite que el margen de explotación aumente un 21% y el ratio de eficiencia un punto. Ahora es del 43%, lo que significa que la gestión consume 43 euros de cada cien que dejan las operaciones.

Cambio de modelo

Caja Cantabria tenía decidido adelantar un año el nuevo plan trianual, ya que el anterior había cumplido los objetivos antes de concluir su vigencia. Entonces, la locomotora económica echaba humo y parecía que había que ser aún más ambicioso para el siguiente trienio, pero la situación económica ha cambiado tanto en pocos meses que el nuevo plan va a servir a la entidad para reorientar el modelo de crecimiento, algo muy distinto de lo que se suponía.
Enrique Ambrosio Orizaola, presidente de la Caja, ha sido el padre intelectual de un plan que, además de fijarse en el crecimiento, como los anteriores, se ha planteado más de 200 acciones de muy diverso tipo, para que todo el personal tenga objetivos –y no solo el equipo directivo– y que todas las actuaciones puedan ser evaluables. El plan será revisado año a año, por lo que se convierte en un sistema de evaluación permanente.
La intención es tensionar a la organización en la búsqueda de negocio y sistematizar muchas prácticas, como el establecer estrategias en función de la rentabilidad que depara cada cliente o de su solvencia. Pero, en el negocio financiero no hay muchas cosas por descubrir, y las empresas volverán a ser el caballo de batalla de la política comercial de la Caja. De hecho, siempre han sido un objetivo recurrente para la entidad, que sigue considerándolas su asignatura pendiente. Esta vez, con un seguimiento sistemático y con una política intensiva de visitas (se ha planteado que sus gestores hagan 40.000 contactos al año), cree que puede empezar a romper la teoría de que la Caja funciona bien para los particulares, pero las compañías operan mejor con los bancos.
La entidad que dirige Javier Eraso no quiere quedarse al margen del reparto en el único mercado donde tiene notorias posibilidades de crecimiento y la nueva Unidad de Empresas tomará como primer objetivo aquellas que tienen un mayor volumen de negocio y de margen, para captar no solo las operaciones de financiación a medio y largo plazo –donde ya tiene una buena posición– sino también su operativa diaria.

Explotación de la cartera de clientes

El otro nicho de mercado es el que proporciona la propia base de clientes, buscando la forma de explotarla con más productos, especialmente los seguros, cuya rentabilidad ha quedado patente tanto por el margen que dejan como por el valor patrimonial que tiene el constituir una cartera. Las oficinas tendrán que ponerse las pilas en estas ventas cruzadas, que parten de una evidencia: el 50% de los créditos que se conceden conllevan aparejada la suscripción de un seguro, por lo que se trata de un terreno de juego aparentemente propicio.
Eso no quiere decir que ninguno de estos objetivos sea fácil porque, con el bajón económico, también se han reducido las operaciones, tanto las de particulares como las de sociedades y ha bajado, igualmente, la liquidez en las cuentas corrientes, que en un 70% tienen como titulares a empresas. No obstante, la Caja es una de las pocas entidades que no tiene escasez de liquidez, lo que le ha permitido incrementar en un 11% su volumen de créditos y ser prestadora de fondos a otras entidades a través del mercado interbancario. Eso no ha impedido que haya acudido al mercado en busca de más efectivo, colocando 334 millones de euros en cédulas hipotecarias y territoriales entre inversores institucionales.

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