Haulotte comienza a fabricar en Cantabria
Con una celeridad inusual para la magnitud de las instalaciones construidas, Haulotte ha inaugurado en Reocín la fábrica más avanzada del grupo. En la inmensa nave que la multinacional francesa ha levantado en el corazón de la comarca del Besaya ya se ensamblan los dos productos asignadas a la planta: una carretilla telescópica y una novedosa retroexcavadora para el movimiento de tierra. Ambas máquinas, de gran tamaño, se fabricarán tan sólo en Cantabria y serán la punta de lanza de la nueva gama de productos que proyecta desarrollar Haulotte.
Cuando la planta esté plenamente operativa, saldrán de ella unas 4.000 máquinas al año, una producción que será esencial en los planes de expansión del grupo, que aspira a doblar su tamaño en los próximos dos años. Desde la fábrica de Reocín, Haulotte espera abastecer no solamente el mercado europeo, sino que intentará colocar el 60% de la producción en América del Sur y Asia.
De la importancia que tendrá la fábrica cántabra hablan las expectativas de facturación: cerca de 2.000 millones de euros al año, lo que representará el 30% del total de ventas del grupo, que cuenta con tres plantas de ensamblaje más en Francia, con 1.400 trabajadores, y otra en Rumania, abierta recientemente.
Una empresa tractora
La fábrica cántabra está llamada a ser una pieza clave en la estrategia de esta multinacional pero también para la región. Desde sus primeros pasos se convertirá en la mayor factoría de Cantabria por facturación, con una gran diferencia sobre cualquier otra y, aunque no lo sea en empleo, los 600 puestos de trabajo directos que va a tener cuando se encuentre a pleno rendimiento, y los más de mil que generará su actividad en el entorno próximo van a ser un revulsivo para la zona del Besaya.
En la planta de Reocín se realiza el montaje de todos los componentes –chasis, motores, cabinas, circuitos hidráulicos– adquiridos a empresas auxiliares y es en este campo donde la participación cántabra puede aumentar, proporcionando no sólo la mano de obra que ensamblará las máquinas, sino también los proveedores.
Las comunidades asturiana y aragonesa eran perfectamente conscientes de estos efectos directos e indirectos y competían por la fábrica de Haulotte. Al final, la multinacional decidió asentarla en Cantabria valorando la proximidad de la conclusión de la autovía con la Meseta y la existencia de un Puerto muy cercano que facilitará la exportación hacia otros continentes.
Aún más decisivo ha sido la disponibilidad de suelo industrial y la estratégica situación del nuevo Parque Empresarial del Besaya. La oportunidad que ha tenido Haulotte de inaugurar este polígono le ha permitido disponer de superficie de sobra para hacer futuras ampliaciones (ha adquirido 62.000 metros cuadrados de terreno) y asegurarse la posibilidad de que sus proveedores puedan ubicarse junto a su fábrica. De hecho, aunque la práctica totalidad de los 830.000 m2 que tiene el polígono están ya asignados, la empresa pública Sican que lo ha promovido ha decido mantener una reserva estratégica de suelo para que pueda ser utilizada por otra factoría, en la que se producirían los chasis que Haulotte ahora importa.
La iniciativa industrial que acaba de ponerse en marcha entronca, por su envergadura con los desembarcos de las multinacionales extranjeras en las décadas de los sesenta y setenta. Unas inversiones que resultan insólitas ahora, en una época marcada por la deslocalización y cuando los fabricantes de productos manufacturados se dirigen hacia países con bajos costes laborales y amplios mercados, por los mismos motivos que entonces optaron por España.