Los servicios técnicos se asfixian
Cuando hace poco más de 20 años los fabricantes de electrodomésticos optaron por desprenderse de los servicios técnicos de reparación, ofreciendo a sus empleados la posibilidad de crear sus propias empresas para hacerse cargo de esa tarea, el panorama parecía prometedor: las marcas les proporcionarían un flujo regular de trabajo, amparados por el prestigio del propio fabricante, con acceso a cursos de formación y preferencia a la hora de proveerse de repuestos. Lo exiguo de las tarifas que percibían por cada reparación, se compensaba con los trabajos que realizaban fuera del periodo de garantía, en una época en que el mercado de electrodomésticos y el de la electrónica de consumo estaban en pleno despegue y los elevados precios de los aparatos aseguraban el interés de los usuarios en reparar las averías del electrodoméstico o del televisor.
Sin embargo, la saturación de estos mercados y el espectacular desarrollo de la electrónica de consumo, acompañado de un continuo descenso de los precios ha empujado, paradójicamente, a una situación cada vez más precaria a los servicios oficiales de asistencia técnica. La evolución del mercado les ha atrapado entre las bajas tarifas que reciben de los fabricantes por las reparaciones que efectúan en periodo de garantía y la reticencia de los usuarios a afrontar los gastos de reparación de electrodomésticos una vez se agota la garantía, ya que los bajos precios de venta invitan a su renovación.
Empujados por la urgencia de encontrar soluciones a la difícil situación económica, los servicios de asistencia técnica han puesto en pie una asociación de ámbito nacional para negociar con los fabricantes un nuevo modelo de relación que les permita afrontar con garantías un futuro incierto. Una incertidumbre que se acentúa aún más por la magnitud de los cambios que se avecinan cuando se generalice el uso de la tecnología digital, que amenaza con dejar en fuera de juego a los servicios de asistencia técnica, formados en la electrónica convencional.
Revisión de tarifas
Entre los objetivos más inmediatos que persigue ASOAT (Asociación Nacional de Servicios Oficiales de Asistencia Técnica) se encuentra el de convencer a los fabricantes de que, si no mejoran sustancialmente la retribución por las reparaciones realizadas dentro del periodo de garantía, el sector está abocado a su desaparición.
Las marcas, además de establecer unilateralmente las tarifas, abonan unas cantidades fijas por cada reparación –sea cual sea el tiempo de trabajo que requieran– que oscilan entre las 2.000 pesetas en el caso de los televisores, las 1.000 para un equipo de alta fidelidad, o las 500 pesetas por la reparación de un walkman. Las tarifas ni siquiera se revisan anualmente, y hay fabricantes que no han actualizado estas cantidades desde 1997. La insuficiencia de esas compensaciones se hace más patente si tenemos en cuenta que las reparaciones en garantía, que representan el 30% de las intervenciones de un servicio técnico, absorben –por la mayor complejidad de las averías– el 50% de sus horas de trabajo pero sólo les aportan el 10% de su facturación anual.
Dos años de garantía
La precariedad económica de los servicios técnicos se agudizará aún más cuando el próximo mes de junio entre en vigor la directiva europea que amplía a dos años el periodo mínimo de garantía para los bienes de naturaleza duradera. Los fabricantes no se han pronunciado aún sobre las tarifas que pagarán por el segundo año, pero los reparadores están convencidos de que serán muy inferiores a las que ellos vienes aplicando en las reparaciones fuera de garantía, que oscilan entre las 8.000 y las 10.000 pesetas. “El déficit va a ser todavía mucho mayor” –se lamenta el secretario de la Asociación de Servicios Técnicos de Cantabria–. “Si ahora el cliente durante el segundo año ya tiene ciertas dudas sobre si reparar un aparato, al tercer año es posible que ni se lo plantee, con lo cual el futuro está mucho más negro”.
En Cantabria existen quince servicios técnicos oficiales de la denominada gama marrón (electrónica de consumo), y doce de la gama blanca (electrodomésticos). A ellos hay que sumar otra media docena de servicios no oficiales. En la inmensa mayoría de los casos son pequeñas empresas, con una media de cuatro empleados, que integran un colectivo que no ha experimentado prácticamente ninguna renovación generacional desde que se desvinculó laboralmente de las empresas fabricantes, y que tampoco ha abierto desde entonces nuevos talleres.
La incógnita de la tecnología digital
A las dificultades descritas, que ya han acarreado la quiebra de algunos servicios técnicos en otras comunidades autónomas, se une la total incertidumbre sobre el futuro que aguarda a estos especialistas en un mercado que estará dominado, a medio plazo, por la tecnología digital. Algunas previsiones sitúan en el año 2012 la culminación del proceso de sustitución de las radiodifusiones analógicas o convencionales –lo que se ha denominado el apagón tecnológico– por la tecnología digital, y los servicios técnicos se interrogan sobre el papel que les tocará jugar: “La tecnología digital es algo todavía incipiente” –señala Carlos López, portavoz de ASOAT– “y los propios fabricantes no saben aún si la red de servicios actual puede servirles en un futuro o vamos hacia una tecnología de usar y tirar”.
Algunos servicios técnicos de Cantabria han estudiado la posibilidad de crear una cooperativa que se especialice en la reparación de televisores, equipos de DVD y cámaras fotográficas digitales, pero la elevada inversión que esto requiere y las incógnitas todavía no resueltas sobre el papel que jugarán los servicios postventa en esta tecnología, han paralizado el proyecto.
La reconversión en minoristas
Otra de las soluciones que desde ASOAT se quiere plantear a los fabricantes es la de convertirse en vendedores de los productos que ahora tan sólo reparan, algo que tienen expresamente prohibido por las marcas. “Lo que pretendemos” –explica Carlos López– “es que si nuestro último tramo de vida profesional reparando equipos analógicos, va a ser de apenas seis o siete años, que esos años sean económicamente viables y si no lo son, tomar la iniciativa de ir cerrando o derivar hacia otra cosa”.
La actitud que tradicionalmente han adoptado las grandes marcas con los servicios técnicos no invita a ser optimista, ya que en sus relaciones ha pesado siempre la amenaza, más o menos explícita, de dejar sin representación a quienes no aceptasen sus condiciones. Pero el esfuerzo asociativo realizado por ASOAT, que aglutina ya a más de 600 servicios técnicos repartidos por todo el territorio nacional, ha dotado al sector de una fuerza que antes no tenía y que están decididos a hacer valer. En cualquier caso, las marcas son demasiado poderosas como para que se sientan optimistas.