Del éxito deportivo al económico

La presencia del Racing en los primeros puestos de tabla clasificatoria es histórica, pero también lo es acabar dos temporadas con beneficios. El año pasado consiguió equilibrar las cuentas antes del traspaso de Zigic, lo que tiene bastante mérito. Con los 18 millones de euros que proporcionó la venta, el presidente, Francisco Pernía, se aseguraba otra temporada de equilibrio, y el traspaso de Garay al Barcelona en 15 millones le garantizan también la siguiente. Y es que, por mucho que se ajusten los gastos y por muchos aficionados que vayan al campo, los ingresos habituales del equipo dejan cada año una brecha de entre 12 y 15 millones de euros que sólo pueden cubrirse con alguna venta afortunada.
La estabilidad económica ha atraído lo que parecía imposible, el interés de otros grupos por adquirir el equipo. Pero su propietario, Silver Eagle no parece nada dispuesto a la venta, quizá porque en el deporte los éxitos vienen por rachas y el presidente del Racing guarda debajo de la mesa otra carta más que no ha querido hacer pública. En los últimos meses ha mantenido varias negociaciones con una multinacional de los emiratos árabes para el patrocinio del equipo. Si la operación se confirma, el Racing recibiría de este espónsor algo más de cinco millones de euros en la próxima temporada (unos 900 millones de pesetas). El preacuerdo establece 30 millones por cinco campañas, lo que convertirá la camiseta del Racing en una de las más cotizadas de la Primera División.
La multinacional árabe, que ya está presente en otras ligas europeas, quería entrar en la española con uno de los equipos de más renombre, pero Pernía parece haberla convencido de que, con su apoyo, el club cántabro puede convertirse en uno de los grandes de la Liga española y participar en las competiciones europeas. “Para el Racing supone dar un salto a otro nivel, el de los clubs internacionales”, manifiesta alguien que conoce las negociaciones.
Pernía no es un hombre de fútbol y no tiene empacho alguno en reconocer que su cargo es una encomienda de la empresa para la que trabaja, el grupo constructor Silver Eagle: “Nosotros [por el grupo] vamos a tratar de profesionalizarlo, pero somos conscientes de que esto no es una sociedad anónima normal, que el Racing es un sentimiento para mucha gente”.
Su énfasis en mostrarse lego en cuestiones futbolísticas no le impidió asegurar el 23 de agosto que el Racing tenía el mejor equipo de la historia. Los entendidos mostraron un escepticismo absoluto, pero lo cierto es que el presidente acertó, dejando en bastante mal lugar a quienes criticaron la ausencia de fichajes, entre ellos algunos miembros del Gobierno.
Pernía está seguro de que, cuando deje el cargo, probablemente no verá más fútbol que los partidos del Racing y por televisión. Pero quizá sea una estrategia para aislarse de un mundo que tiene sus propias reglas, y que han acabado por imponerse a cuantos trataron de gestionar los equipos como empresas convencionales. En realidad, en el fútbol todo es desmesurado. Él mismo reconoce que al llegar preguntó si eran ciertos los emolumentos de los jugadores o si de verdad hay que pagar a los entrenadores que cesan todo lo que les resta de ficha. Cuando la gerente del club le respondió afirmativamente, es probable que quedase desolado, porque la situación financiera del equipo en ese momento era desesperada. Sin un euro de liquidez y con los ingresos futuros de televisión pignorados para poder pagar los impuestos, el horizonte era tan negro como las expectativas de contratar jugadores. Y no tener goles en el fútbol es aún peor que no tener dinero.
“Este es un negocio atípico y difícil”, dice. “En cualquier otro, estar en el puesto cincuenta del ranking o estar en el cincuenta y uno no tiene demasiada relevancia. Se puede tener una buena empresa siendo la número 200 o la 500. Aquí sólo hay espacio para veinte, la Primera División. Si pasas a ser el veintiuno es un fracaso absoluto”.
En cualquier otro ámbito, una empresa que maneja un presupuesto de 30 millones de euros no deja de ser una compañía más. En este, puede aspirar a consolidar una marca conocida internacionalmente y eso es lo que pretende el Racing si le acompañan los resultados y la suerte.
Garantizado el éxito deportivo de la temporada, el consejo de administración busca ahora resolver otro problema eterno, el de los recursos económicos y ha empezado por tratar de fidelizar a su clientela.
Aunque los abonos y las taquillas no supongan más que una sexta parte de los ingresos, resultarían vitales si el equipo desciende a Segunda, donde prácticamente desaparecen los derechos de televisión. Por eso se intenta dar continuidad al apoyo popular conseguido, con programas que buscan hacer aficionados desde la escuela: “Puede parecer paradójico invitar a los niños de los pueblos a que vengan al campo, ahora que llenamos pero esta euforia pasará y lo que necesitamos es tener una base de abonados estable, porque ya hemos visto lo que ocurrió en el pasado. El Atlético de Madrid bajó a Segunda y consiguió aún más socios, pero nosotros nos quedamos casi con la mitad”, recuerda Pernía.
Quizá sea el mejor momento para mantener la cabeza fría ahora que, por primera vez en la historia, el club ha tenido que cerrar el cupo de abonados, al haber superado los 19.000. Es la cifra máxima que admite el campo, ya que la Liga exige que los equipos reserven al menos un 5% del aforo para los aficionados de los rivales o para vender en sus taquillas.
El Racing también ha conseguido esta temporada taquillazos históricos, como los 600.000 euros que recaudó frente al Barcelona (ha habido temporadas enteras que no sumaron esta cifra) aunque para eso tuvo que forzar mucho los precios de las entradas y su presidente lo reconoce.
El otro ingreso recurrente, al menos mientras esté en Primera, es el de la televisión. El Racing firmó un buen contrato por las retransmisiones, que le garantizan 10 millones de euros al año y otro más por la publicidad estática.
El resto de los ingresos son imprevisibles, esos que se producen como consecuencia de la venta de jugadores y donde nunca hay garantías de tener un saldo positivo. Como el resto de los equipos pequeños, el Racing está obligado a vender más caro de lo que compra y los resultados, o el olfato en los fichajes, le han acompañado en estas dos últimas temporadas.
Gracias a la venta de Zigic el pasado año y a la de Garay cuando finalice la presente campaña, el club va a superar ampliamente las previsiones y los 31 millones de euros presupuestados pueden convertirse en más de 40, pero estas cosas se repiten rara vez.
Los presupuestos del Racing casi siempre han cuadrado a martillazos, sobrevalorando los ingresos, una ficción que se se mantenía hasta final de temporada, cuando el cierre de las cuentas reales reflejaba déficits de entre un 30 y un 50%. El club sólo podía aspirar a que un golpe de fortuna resolviese ese desequilibrio, como el que se produjo, por duplicado, cuando se traspasó a Munitis al Madrid y a Salva al Valencia.
El resto del tiempo, el Racing ha tenido que vivir como un funambulista, haciendo equilibrios imposibles. Quizá sea esta la primera vez que pueda cerrar dos ejercicios seguidos con números negros. El de la Liga 2006-2007 por una política económica más cautelosa y un sensible aumento del número de abonados; el de la actual, porque todo le está saliendo de cara a los gestores del equipo, tanto en lo deportivo como en lo económico, al alcanzar una rentabilidad del 300% en las ventas de jugadores. Si, además, consigue jugar las competiciones europeas del próximo año, habrá añadido otra pequeña hucha para el futuro, cuando difícilmente va a tener tantos elementos a su favor.

Un nuevo estadio o un centro de ocio

Los propietarios del Racing son conscientes de que el club no puede estar al albur de la suerte en los fichajes. Pero, para producir ingresos recurrentes hay que tener patrimonio, algo de lo que está huérfano. Eso les ha llevado a presentar una alegación a la reforma del Plan de Ordenación Urbana de Santander para trasladar el estadio al otro extremo de la Vaguada de las Llamas, donde haría uno nuevo, sufragado con sus propios medios, y que, obviamente, formaría parte de un gran complejo de ocio y comercio. “Es lo que han hecho o están haciendo todos los demás equipos de Primera. No queremos jugar en inferioridad de condiciones”, sostiene el presidente.
El Racing cuenta con la baza del patrocinador árabe para financiar el nuevo estadio, que llevaría su nombre, algo que ya empieza a ser habitual en Europa.
Con el desplazamiento al fondo oeste de la Vaguada de las Llamas, el campo seguiría estando entre dos vías de comunicación muy fluidas, la Avenida de los Castros y la S-20 y muy próximo a una zona de densa población (la ladera de Las Llamas) que, además, está carente de servicios. Es decir, que tendría el éxito comercial asegurado.
No obstante, el Racing parece más predispuesto a mantener el estadio donde está, un espacio al que no renunciaría en ningún caso, puesto que Hormaechea aprobó la cesión al club mientras existiese. Lo hizo antes de enfrentarse a unas elecciones municipales en las que necesitaba la mayoría –hasta ese momento no la tenía– y que ganó por goleada, quién sabe si por esa razón.
Para continuar en El Sardinero, el club necesita que el estadio tenga esos otros usos comerciales o de ocio que en su día ya intentó Ascan y que busca con el traslado. Pernía está convencido de que resultaría beneficioso para la ciudad: “No tiene lógica que un espacio como éste [por los Campos de Sport] se utilice sólo 70 horas al año”, dice para defender un mayor aprovechamiento de un lugar tan estratégico.
Silver Eagle nunca ha desvelado cómo sería su proyecto para El Sardinero, pero hay ejemplos de sobra en la Primera División, basados en una ampliación de las gradas y en el cierre del nuevo perímetro que se forma. Ampliar el campo permite ganar espacio suficiente en los bajos para una amplia zona comercial y de ocio, cuya explotación directa o a través de alquileres generaría, en el caso del Racing, los ingresos que sigue necesitando para garantizar su supervivencia. Por una u otra vía, el Racing quiere ser algo más que un club… sin patrimonio.

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