De pobres a ricos

Los efectos de la ampliación de la UE van a ser sustanciales para España, a pesar de que en nuestro país no se ha debatido el problema, algo que resulta habitual con los grandes temas de política internacional. Pero lo cierto es que España dejará de ser uno de los estados que recibe más fondos comunitarios, para convertirse quizá en uno de los contribuyentes. La razón está clara: hasta ahora la mayoría de los socios tanto los que nos precedieron como los de nueva incorporación eran más ricos que nosotros. Ahora, los trece candidatos que esperan a la puerta son más pobres que España: Bulgaria, Chipre, República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia y Turquía.
Países como Alemania, Francia o Dinamarca siempre han sido conscientes de su papel de financiador de la comunidad y, probablemente, su aportación no se modifique de forma sustancial con la llegada de los nuevos candidatos. En cambio, para España no será un trago fácil de digerir, ya que perderá su condición de fuerte receptor neto de recursos.
La incorporación representa un respaldo político a la democratización de estos países más que económico y está prevista para el 2002, aunque los expertos calculan que no será antes del 2005 cuando los candidatos consigan aproximar sus parámetros económicos a los criterios de adhesión exigidos por la Unión Europea. Los efectos serán beneficiosos para países como Alemania, que no sólo tiene un acceso preferente a los mercados del Este, sino que conseguirá una estabilidad económica en la zona que ahora no existe y que perjudica sus expectativas comerciales. Aunque países como Letonia o Lituania han conseguido situar la inflación en torno al 5%, la mayoría se mueve en los dos dígitos y en el caso de Bulgaria el IPC ha variado un 3.224% entre 1995 y 1998.
Entre los candidatos sólo Chipre presenta unos ratios semejantes a los españoles, con un PIB por habitante que se sitúa en el 78% de la media europea. De los restantes, hay seis que no llegan al 40% de la media comunitaria, una situación que nunca antes se dio en las sucesivas ampliaciones del mercado común. Eso significa que la mayoría de las regiones incorporadas, por no decir todas, quedarían insertas automáticamente en el Objetivo 1 de las zonas pobres, entre las cuales, obviamente, Cantabria pasaría a ser una privilegiada.
Afortunadamente para la Unión Europea, en muchos de los casos se trata de poblaciones pequeñas. Entre los trece candidatos suman 169 millones de personas (los Quince tienen ahora 375 millones), pero una buena parte de ellos (63 millones) los aporta Turquía, el candidato que probablemente tenga que esperar más para su incorporación, dado que ha sido el último en ser aceptado y es uno de los que tiene más correcciones económicas que hacer, con una inflación anual del 84% y más de un 42% de la población dependiendo aún de la agricultura. El país árabe está obligado, además, a realizar cambios políticos, ya que Javier Solana, responsable comunitario de política exterior, impuso el respeto a los derechos humanos como una condición añadida a la candidatura turca.

Dos fondos

El catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Cantabria José Villaverde no cree que España llegue a ser contribuyente neto, “porque los países ahora más desfavorecidos tratarán de plantear una negociación, como es lógico”. En su opinión, probablemente condicionarán la entrada de nuevos socios a que se creen dos fondos distintos, uno para los beneficiarios actuales y otro para ir acercando las rentas de los nuevos países comunitarios. Esto significaría entrar en un reparto, pero no perder todo el diferencial.
En estas circunstancias, Villaverde señala que actualmente es prácticamente imposible evaluar el impacto que tenga la ampliación para una región como Cantabria, que obviamente perderá recursos, “pero también se le puede encontrar un punto de vista positivo, ya que se abren nuevos mercados receptivos a productos tecnológicos medios, la gama en la que se puede encuadrar la producción regional”. Unos mercados que, en cualquier caso, por su lejanía física y cultural de España, parecen bastante más propicios para Alemania o Austria.

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