Una nueva crisis de poder en la Caja
La salida traumática de Ricardo Bilbao es interpretada como el resultado de un desafío. Los rumores que han circulado a lo largo del mes de diciembre sobre la posible sustitución de Javier Eraso al frente de la entidad tras la próxima marcha del presidente habían derivado en una candidatura in pectore de Ricardo Bilbao a la sucesión, cuyo nombre sonaba para el cargo. Pero la situación ha tenido unos resultados muy distintos a los que aventuraban los rumores. Eraso ha obtenido el respaldo de los partidos mayoritarios en el consejo de administración y ha dado un golpe de mano al cesar, por supuesta deslealtad, a Bilbao, con quien también mantenía diferencias sobre el modelo de gestión.
Bilbao, un hombre de la casa que ha recorrido todo el escalafón profesional, desde auxiliar hasta director de Negocio, ha mantenido en los últimos años una política de fuerte restricción de los gastos y le ha tocado gestionar un periodo complejo para el sector, con tipos de interés muy bajos y márgenes cada vez más estrechos. Una situación que no ha sido fácil para ninguna entidad, pero menos para Caja Cantabria, necesitada de fuertes dotaciones y apurada por sus histórica debilidad de recursos propios.
Su sustituto como director de Negocio será Francisco Martínez Sampedro, otro hombre de la casa que ha tenido responsabilidades en el área tecnológica.
Un año que empezó mal y acabó bien
En el último año, las cosas han rodado relativamente bien para la entidad en lo económico. Después de un semestre de atonía que hacía presumir unos resultados muy pobres, el ejercicio acabó bien, ayudado por la recuperación bursátil. Todo ello ha permitido a la Caja reducir las dotaciones y presentar unos resultados netos de 22,5 millones de euros, superiores en un 21% a los del año anterior, aunque el cash flow (beneficios más amortizaciones) no haya crecido.
Quizá lo más significativo del ejercicio sea el notable incremento del volumen de negocio, bastante por encima de la media del sector. Tanto en los activos como en los pasivos la Caja ha crecido un 25% y mueve ya 1,5 billones de pesetas.
Los recursos de clientes suman 4.500 millones de euros, con un incremento de 1.000 millones con respecto al ejercicio anterior. Las inversiones crediticias, por su parte, alcanzaron los 3.600 millones de euros y el avance sigue siendo responsabilidad del mercado inmobiliario. Nada menos que el 62% del crédito es de origen hipotecario, donde el ritmo de la demanda no afloja (36% más que al año anterior).
Salida de la región
La Caja ha aguantado bien el golpe que en los años anteriores supuso la llegada masiva de entidades foráneas a Cantabria aplicando unos precios muy agresivos para captar mercado. En el último año, la entidad local ha vuelto a crecer más que sus competidores en la región, lo que le ha llevado a tener una cuota del 38% en el crédito al sector privado.
La favorable evolución de la morosidad y de la Bolsa ha sido un aliado para la Caja en la mejora de las coberturas, además del esfuerzo que significa haber acumulado unas dotaciones de 100 millones de euros. El otro problema tradicional, la escasez de recursos propios, sigue tratándose con la misma medicina, las emisiones de deuda subordinada. De esta forma, ha alcanzado los 412 millones de euros, un 20% más que el año anterior.
La Caja ha cambiado en los últimos tiempos su estrategia localista y ha apostado decididamente por salir de la región, una política a la que había sido muy remisa anteriormente. En estos momentos ya cuenta con oficinas en Madrid, Barcelona, Bilbao, Burgos, Valladolid y Oviedo. Estos nuevos gastos han impedido que se reflejase la política general de ahorro de costes en el índice de eficiencia. No obstante, se mantiene en el 59%, lo que indica que ha conseguido absorber el impacto de estas aperturas.