Ni negra ni blanca

Cuando se repartió la exigua cuota láctea nacional, los ganaderos cántabros fueron conscientes de que todas sus posibilidades de crecer quedaban cercenadas. Y un negocio que no crece está destinado a desaparecer. Efectivamente, su trayectoria veinte años después no augura nada bueno, puesto que en la región apenas quedan 1.800 ganaderos de leche y en toda España pocos más de veinte mil, los mismos que había en Cantabria en los años 80.
Quienes permanecen es cierto que han pasado a producir la cuota de quienes se fueron por jubilación o por desánimo, y aún podrían producir mucho más si les dejasen. En realidad, eso es lo que ha ocurrido tradicionalmente, enmascarado en el fenómeno de la leche negra, la no declarada, pero en 2008 el tono general del sector ha sido tan bajo que no sólo desapareció la tan traída y llevada leche negra, sino que ni siquiera se produjo la cantidad autorizada.
Parece un despropósito que quienes han pagado un alto precio al adquirir cuotas ajenas (el derecho a producir leche) no lleguen a utilizarlas pero eso ha empezado a ocurrir y es un síntoma claro de que el precio de venta de la leche no compensa los costes de producción. Las empresas lácteas están pagando poco más de 30 céntimos por litro de leche recogida y al ganadero le cuesta más; hay quien asegura que entre 35 y 40, aunque los costes en el sector agrario siempre son difíciles de precisar.

Grandes importaciones de Francia

Que baje la leche en España, donde se consumen nueve millones de toneladas al año y sólo se pueden producir algo más de seis, puede resultar extraño. Que con un desajuste tan grande entre la producción y el consumo haya ganaderos que ni siquiera completen su cuota de producción parece aún más inexplicable, pero las piezas de este rompecabezas encajan si se añaden las importaciones, cada día más abundantes.
La leche que Francia puede vender a bajo precio, por ser un mercado muy excedentario, acaba en España, donde distorsiona tanto el mercado interno que en dos años los ganaderos nacionales han pasado de unos precios históricos a otros ruinosos.

Del campo a la construcción y vuelta

El sector agroalimentario cántabro se ha resentido de esta evolución y se va a resentir más en un futuro inmediato, ya que hasta ahora había otros sectores, como la construcción, que podían acoger a la mano de obra que aún seguía saliendo del campo, pero ese flujo no solo se ha cortado, sino que bastantes de los albañiles que han quedado en paro por la crisis inmobiliaria probablemente no encuentren otra salida profesional que hacer el camino de vuelta hacia el campo.
Alarmado por la situación, el presidente regional, Miguel Angel Revilla, va a solicitar a la ministra de Medio Rural, Elena Espinosa, que el sector lácteo sea declarado ‘estratégico’ y ha garantizado a los ganaderos una intensificación de los controles que se hacen sobre la leche que procede de fuera de la región, pero cualquiera de estas medidas tiene una utilidad relativa.
Más efectivos serán los 140 euros de subvención por vaca que a partir del 1 de enero concederá el Gobierno nacional y que percibirán el 90% de los ganaderos cántabros. Sólo así puede sostenerse un sector para el que resulta casi imposible competir a pecho descubierto.
Las estadísticas indican que el pasado año la industria láctea recogió en Cantabria algo más de 386 millones de litros de leche, un 10,5% menos que el anterior, algo que en un mercado con exceso de oferta sólo puede comprenderse por el hecho de que el precio pagado bajó un 22,4%.

Vender por la calle

La evolución del sector es cuando menos comprometida y eso ha provocado la búsqueda de alternativas para aumentar el valor añadido de la leche producida. Después de que la Granja Cudaña (ver número anterior) decidiese adquirir varios expendedores callejeros de leche fresca para llegar directamente al comprador, sin intermediarios, la cooperativa Mosaga ha hecho otro tanto, de forma que pronto empezarán a verse por las calles máquinas refrigeradoras con forma de pequeñas cabañas rústicas en las que será posible rellenar una botella de leche de primera calidad a un precio inferior al que costaría en una tienda, pero bastante superior, para el ganadero, al que percibe de la industria.
La alternativa es una salida comercial muy aceptable para media docena de grandes granjas de gran fiabilidad higiénica, que pueden obtener ingresos bastante mayores que en la venta a las empresas envasadoras, pero requiere una logística compleja y nunca será un canal de venta mayoritario. El consumidor español, al contrario de lo que ocurre con los de otros países europeos, se ha volcado en la leche UHT de larga duración, y difícilmente emprenderá el camino de vuelta desde el brik o el envase de plástico hacia un formato de leche fresca de corta duración, aunque la calidad sea mayor.
El propio sector no está articulado para tomar iniciativas semejantes. Aunque las granjas más importantes se han convertido en auténticas empresas, su base es endeble. En Cantabria hay censadas 249 sociedades agrarias, propietarias de 263 establecimientos de producción ganadera, pero sólo suman 130 empleados, una cuantía que indica bien a las claras que el sector sigue dependiendo del trabajo familiar y no tiene una estructura de asalariados como cualquier otro.

El 18% de la producción para un solo comprador

La salida natural de la leche sigue estando en la industria láctea o en las compañías de distribución que tienen sus propias marcas lácteas. Mercadona compró el pasado año productos agroalimentarios cántabros por importe de 177 millones de euros, lo que representa el 18% de toda la producción de la región y una preocupante dependencia de un solo comprador.
La cuantía parece exagerada, ya que un grupo similar, como Eroski, compró por importe de 31 millones de euros a los 142 proveedores que tiene en Cantabria. La razón está en el hecho de que Mercadona envasa la leche de su marca blanca en la planta de Iparlat en Renedo y esa leche se distribuye por los establecimientos del grupo en todo el país. Un buen ejemplo de cómo la leche cántabra se vende bien pero le falta marca.

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