Las lagunas legales de los depósitos

Los jueces cántabros fueron puestos a prueba con el caso de Pepe el del Popular, que dio origen a las reclamaciones más importantes que se hayan presentado en España sobre la validez legal de los documentos expedidos por el empleado de una institución bancaria, supuestamente en su nombre. En este caso, se trata de un problema colateral al depósito (saber si el trabajador representa al banco en ese acto o no), pero hay otros donde un contrato perfectamente regular de depósito también origina serias dudas. Cuando frecuentemente se embarga una cuenta pluripersonal como consecuencia de las deudas de uno de los propietarios ¿qué cuantía máxima se puede tomar en prenda? ¿Por qué motivo optan algunos bancos por dividir en partes los depósitos de un fallecido, en función del número de herederos, cuando en realidad están obligados a restituir la totalidad a cualquiera de ellos que lo solicite?
Las entidades optan por la costumbre, que no siempre coincide con la legalidad. Madrazo señala que incluso la propia Administración ha tratado de aprovechar el vacío legal en beneficio propio, al establecer en el Reglamento General de Recaudación la posibilidad de embargar todos los fondos de una cuenta compartida por varios titulares, algo que dio lugar a numerosos conflictos y que el Tribunal Supremo obligó a modificar.
Otro problema cotidiano que puede originar un sinsabor al depositante es la pérdida de su libreta de ahorro, bien por descuido o por sustracción. Si quien se hace con ella cobra todo o parte del depósito, no resulta sencillo determinar de quién es la pérdida. Aún en el caso de que el depositante no haya actuado de manera negligente, y en ausencia de culpa de ambas partes, la jurisprudencia imputa el daño al titular. En buena lógica, según Madrazo, la responsabilidad debe ser de quien acepta una identificación falsaria.

Depósitos en moneda extranjera

Una circunstancia que la tesis de Madrazo pone sobre la mesa es la práctica bancaria empleada con los depósitos en moneda extranjera. Tradicionalmente se valoran más los depósitos escriturados en divisa (meros apuntes) que los billetes físicos y, entre estos, más los billetes grandes que los pequeños, por un problema logístico. Disponer de moneda extranjera siempre comporta un esfuerzo adicional al servicio ordinario de la entidad. Sin embargo, ese coste se duplica cuando se ingresa moneda extranjera en billetes y se solicita tiempo después. El cliente ha de aceptar una sensible merma de la cuantía restituida, dado que el banco hace una doble conversión, primero en pesetas, y otra vez en moneda extranjera, como si el depositante hiciese una compra de divisa, cuando el titular ya había entregado moneda extranjera.
Otros problemas de índole práctica se plantean con la fórmula para computar el tiempo para la prescripción de los derechos sobre los depósitos, o la posibilidad que tienen las entidades de modificar unilateralmente algunas condiciones del contrato de depósito.
Madrazo, profesor de Derecho Mercantil, es partidario de una actualización de la normativa legal de estos depósitos, aunque reconoce que pocos países han optado por una regulación específica, quizá porque este marco de indefinición resulta más favorable para las entidades, que suelen tener una mayor capacidad de presión que los clientes. En la mayoría de los países europeos se considera un contrato atípico, si bien en ninguno se remite la solución de todos los vacíos a lo que indiquen los propios estatutos internos del banco, tal como establece el Código español de 1885, algo que tácitamente puede considerarse derogado.
La tesis, realizada bajo la dirección de los profesores Beltrán Sánchez y Lobato de Blas, recoge una amplia reflexión doctrinal sobre el contrato de depósito a la vista, su evolución histórica y trata de importar experiencias del derecho foráneo para resolver los aspectos problemáticos que permanecen latentes.

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