La Cantábrica cumple cien años

Hace un siglo, en los albores de la automoción, el comillano Alejandro González creaba en aquella villa una empresa de transporte de viajeros que arrumbaba los coches de caballos e introducía los nuevos autobuses a motor. Hoy, sus descendientes al frente de La Cantábrica, nietos y bisnietos del fundador, se plantean la incorporación a su flota de autobuses movidos por motores eléctricos.
Entre ambas innovaciones han transcurrido cien años de historia empresarial protagonizada por una misma familia, un caso muy poco frecuente, ya no sólo en Cantabria sino en toda España, donde la mayoría de las compañías de transporte de viajeros creadas en la misma época que La Cantábrica, han desaparecido y las pocas que subsisten ya no están en manos de quienes las fundaron.
Cuatro generaciones

Las sólidas raíces de la empresa comillana le han permitido seguir un camino propio, en un sector en el que las absorción de compañías familiares por parte de las grandes empresas de transportes ha sido la tónica habitual. Al frente de La Cantábrica están hoy dos nietos de Alejandro González –Fidel y Pedro Gutiérrez de Quevedo– y la cuarta generación de descendientes del fundador ya se ha incorporado a la gestión de este negocio familiar.
Los tres autocares con los que comenzó la actividad de La Cantábrica, en los que no cabían más de 18 personas por vehículo, estaban movidos por precarios motores de poco más de veinte caballos de potencia. Hoy, la flota de la compañía es de 37 autobuses, con los que cubre las rutas que enlazan Comillas con Torrelavega, Cabezón de la Sal, Santander y San Vicente de la Barquera. Pero su actividad se ha expandido más allá de la villa comillana, y, además de la línea Suances-Santander, sus autobuses pueden verse en otros puntos de la región realizando rutas de transporte escolar o cubriendo recorridos específicos, como el que enlaza Santillana del Mar con el complejo museístico de Altamira. Son una muestra del dinamismo de una empresa, que se ha convertido en un hito de la historia del transporte en la región, ya que está ligada a las vivencias y recuerdos de muchos viajeros para quienes los colores blanco y rojo de La Cantábrica se han convertido en un referente emocional.

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