Juana y Carmen Baudo. BAUDO:

En un momento de la entrevista, reflexionan sobre si los franceses pueden pescar bocarte, a pesar de la veda. Y es que, las hermanas Juana y Carmen, fundadoras de las tres tiendas de confección Baudo que existen en Torrelavega, se criaron en el mundo de las semiconservas de pescado. Su padre, el italiano Salvador Baudo, llegó a Suances transcurrida la Primera Guerra Mundial y levantó una fábrica de salazón. Consideró que este tipo de negocio no era adecuado para sus hijas y las ayudó para que crearan el suyo propio, en 1950, una tienda de confección. En la actualidad es una empresa familiar formada por siete miembros y emplea a otros diez trabajadores. Exponente de unos años en que el comercio de Torrelavega no sólo podía competir con el de Santander sino que en ocasiones lo superaba, Baudo sigue siendo un referente local y regional, gracias a su amplísimo surtido de ropa de calidad, a su tradición y a una fidelización del público que a estas alturas es muy difícil conservar. Más de medio siglo después de abrir sus puertas, Juana y Carmen Baudo acuden a diario a la tienda.

P.- ¿En qué situación surgió el negocio?
R.- Nuestro padre, Salvador Baudo, de origen siciliano, tenía una fábrica de anchoas en Suances, pero pensaba que este tipo de negocio era muy duro para nosotras y nos facilitó el dinero para que nos hiciéramos cargo de un local que se traspasaba en la Plaza del Sol en Torrelavega. Así pudimos montar nuestro propio negocio.

P.- Y, ¿por qué se dedicaron al textil?
R.- Los anteriores dueños se dedicaban a esto y nosotras vimos la oportunidad de seguir con ello.

P.- ¿Cuáles eran las circunstancias de aquella época?
R.- En los años 50, en la ciudad no había confección. Se vendía la tela por metraje y los sastres jugaban un papel fundamental; de hecho, hasta los años 70 funcionaron muy bien. Había mucha confección manual y las camisas, jerseys, chaquetas y las prendas de señora se hacían en talleres caseros, de forma artesanal. Nosotras, en cambio, pensamos que la confección tenía futuro y fuimos pioneras en ello.
P.- ¿Cómo fue evolucionando la tienda?
R.- Nos fue bien y en 1962 nos trasladamos a la calle Ruiz Tagle, porque el local de la Plaza del Sol se nos quedaba pequeño. Años después, alquilamos un local en la esquina de Ruiz Tagle para dedicarlo a hombres, mientras que el anterior se reservaba únicamente a ropa de mujer. La tercera tienda la adquirimos hace diez años en la calle Menéndez Pelayo, porque estábamos de reforma en la de mujer y necesitábamos un traslado temporal. Una vez acabadas las obras, ésta última la especializamos en público joven.

P.- Se dice que ustedes tienen el más amplio surtido de trajes de ceremonia.
R.- Tenemos trajes de ceremonia: para madrinas, padrinos, novios e invitados y en su momento fuimos innovadores en este género, pero nuestro negocio siempre ha sido mixto. Es decir, confección de señor y señora completo y de ceremonia. En piel no nos hemos metido nunca.

P.- ¿Hay mucha diferencia entre atender a clientes jóvenes y al resto?
R.- Son dos públicos diferentes. A los clientes que tienen una personalidad definida, les gusta el trato personal, que les orientes. Nos piden una chaqueta y les sacamos decenas de ellas. A la gente joven, por el contrario, no les apetece que les digas nada. Prefieren ir a su aire.

P.- ¿Existe mucha competencia?
R.- Toda puerta abierta en un comercio es una competencia. Hoy en día todo esto es una marabunta, pero nosotros siempre hemos buscado la calidad. Trabajamos con las mejores marcas. Nunca nos hemos metido en el trapillo o en la ropa de importación. Estamos orientados a un cliente medio con poder adquisitivo.

R.- ¿Y los grandes centros comerciales?
R.- En principio, no son nuestra competencia, pero no cabe duda que hacen daño con sus ofertas especiales y sus ventas, en ocasiones, a pérdida. En Torrelavega, como en otros sitios, hay una guerra abierta y los pequeños lo tenemos mal. ¡Fíjate los locales que han cerrado!

P.- ¿Cómo es el comercio en Torrelavega?
R.- Es un gran almacén. Si un consumidor quiere unos zapatos, los encuentra; si desea amueblar la casa, también, y si quiere unos electrodomésticos no va a tener ningún problema. Y así ocurre con todo lo que te puedas imaginar. En los años 80, no tenía nada que envidiar al de Santander. Incluso venía gente de la capital a comprar aquí. En medio kilómetro alrededor de la Plaza Mayor, en cada puerta hay un comercio.

P.- ¿Consiguen atraer, como en el pasado, clientes de otras localidades?
R.- Los nuestros proceden desde San Vicente de la Barquera hasta Torrelavega, aunque lógicamente, los de nuestra comarca son la mayoría. Pero también acuden de Solares o de Santander.

P.- ¿Qué le falta a Torrelavega?
R.- Nuestra ciudad ha abandonado un poco la comunicación. Antes, por ejemplo, existía una conexión directa con Ontaneda y ya no la hay. Lo que está claro es que hay que dar facilidades a las personas para que vengan y vayan. Otro factor de dinamización era la existencia de tres cines. Hoy no queda ninguno en la ciudad.

P.- ¿Abren los sábados por la tarde?
R.- No existe un atractivo para que los clientes vengan los sábados a Torrelavega a hacer sus compras. Por otra parte: ¿Cuánto tienes que vender para amortizar los gastos extra de luz o de personal? Lo vemos absurdo.

P.- ¿Sus proyectos para el futuro?
R.- Somos una empresa familiar formado por siete miembros y tenemos seis trabajadores a tiempo total y cuatro a tiempo parcial. Al frente de la tienda de caballeros está mi hijo Juan [habla Juana]; la de la mujer la lleva mi hija Dolores, y de la sport, unas empleadas. Tal y como está la situación económica nos conformamos con mantener lo que tenemos.

P.- ¿Se nota mucho la crisis?
R.- Todos estamos frenados. Hace veinte años venía un cliente a comprarte un jersey aunque los tuviera de casi todos los colores. Hoy eso no pasa y el dinero no se mueve.

P.- Ustedes, ¿siguen a pie de cañón?
R.- Dada nuestra avanzada edad, ya no trabajamos, pero seguimos en contacto con las tiendas y con la clientela.

P.- ¿De qué se sienten más orgullosas?
R.- Hemos trabajado siempre con honestidad, seriedad, el mejor género posible y con la máxima atención a los clientes.

P.- Una curiosidad, ¿hablan italiano?
R.- Sólo lo chapurreamos, porque durante la guerra civil vivimos dos años en Génova, entre el 36 y el 38.

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