Reinosa renace gracias al impulso industrial

Durante la larga década de bonanza de la que ha disfrutado el ladrillo, se han vivido en Cantabria dos realidades muy distintas. Por un lado, las comarcas costeras, impulsadas por la actividad inmobiliaria y, por otro, la Cantabria interior, en clara decadencia.
Sin embargo, el cambio de ciclo en la construcción y el protagonismo que ha vuelto a tomar la industria han resaltado el papel que juega la comarca de Campoo en la economía regional. Aunque con problemas y carencias todavía no resueltos, cualquier aproximación actual a la situación de Reinosa exige desprenderse de los tópicos sobre el letargo y la decadencia de la zona acumulados en su larga travesía del desierto.
En la comarca se asientan tres de las empresas más rentables de la región, Sidenor, Cantarey y Cementos Alfa, y eso se nota. En 2006 Sidenor fue la empresa con más beneficios de la comunidad, si se exceptúa el Banco Santander, al ganar 40 millones de euros y, aunque en 2007 ha sido rebasado por Caja Cantabria, que tuvo un fuerte repunte en los resultados, está reverdeciendo sus laureles históricos. Y no hay que olvidar que Reinosa late aún hoy con los golpes de su descomunal prensa de 7.000 toneladas. Si el gigante se agota, la comarca se apaga y se resurge, renace.
Un síntoma es la reanudación de la construcción de viviendas en una de las poquísimas localidades de la región en cuyo perfil no aparecía una sola grúa. Cuando en Camargo, con los mismos habitantes, se construían 400 viviendas y en Castro Urdiales, con pocos más, 700, en Reinosa no se movía un ladrillo, algo que no ocurría ni en el más rural de los municipios.
La incorporación al fenómeno inmobiliario ha sido tardía y, por las circunstancias actuales del sector, puede que concluya pronto. Entre tanto, uno de los mejores indicadores para medir la nueva vitalidad de la capital reinosana es el devenir del Polígono de La Vega, único suelo industrial con el que cuenta Campoo. Creado en 1989 por el Instituto Nacional de Industria para tratar de paliar las consecuencias del durísimo ajuste industrial que dio paso a la privatización de Forjas y Aceros (la actual Sidenor), el polígono vegetó durante muchos años, incapaz de atraer la atención de los empresarios. Década y media ha tardado en llenarse, a pesar de las generosas subvenciones (hasta un 60% del valor del suelo) otorgadas entre la promotora pública Sepes, propietaria del polígono, y Sodercan; y con episodios tan reveladores de la deficiente gestión comercial realizada en el polígono como el descubrimiento por una de las empresas que pretendían asentarse en él, de que parte de las parcelas estaban todavía calificadas como suelo rústico, al pertenecer al municipio de Campoo de Enmedio.
Lo que no se consiguió con las ayudas para estimular la llegada de empresas, lo fue logrando la finalización de la Autovía de la Meseta. Su puesta en servicio convertía Reinosa en la puerta de entrada a la Cornisa Cantábrica y, a la inversa, en una plataforma desde la que proyectarse hacia la Meseta. Esa ventaja logística terminó venciendo la resistencia de los empresarios a instalarse en una localidad hasta entonces mal comunicada, alejada de los grandes núcleos de población y con unas condiciones climáticas bastante severas.
Si bien las subvenciones de SEPES habían desaparecido (el compromiso era mantenerlas hasta que se llenasen 70.000 m2 de los 250.000 que tiene el polígono) el interés por los terrenos fue en aumento, especialmente en los dos últimos años, hasta el punto de que ahora sólo quedan libres unos 20.000 m2 como reserva estratégica, en previsión de la llegada de algún proyecto industrial de especial interés. Pero, incluso esta reserva puede agotarse, en breve dado el interés mostrado por Sidenor por los 14.000 m2 que iban a ser ocupados por una fábrica de biodiésel. Si la acería se hiciera finalmente con ese suelo sería necesario ubicar la planta de Biocarburantes Bahía de Santander en otra parcela y con ello se agudizaría el problema que ahora se plantea a los reinosanos, que han pasado de ver como se menospreciaba su polígono a encontrase sin suelo cuando más lo necesitan, ahora que ha finalizado la autovía, el más eficaz de todos los reclamos para el asentamiento de nuevas industrias.

Mucha ocupación, pero poco empleo

La desazón de los responsables sindicales de la comarca es aún mayor por el escaso rendimiento que, en términos de empleo, se ha obtenido del polígono de La Vega. Esto es así porque buena parte de los negocios instalados son almacenes o empresas que se han trasladado desde otros puntos de la comarca. Según sus datos, las nuevas no pasan de una docena y de 130 los puestos de trabajo generados por ellas. Magro balance tras la larga espera para ver lleno el recinto de La Vega, con el agravante de haber agotado un suelo que se podía haber aprovechado para empresas capaces de generar más empleo industrial. Pero esa crítica resulta poco comprensiva con el punto de vista de hace solo algunos años, cuando el polígono estaba desierto y había una auténtica angustia por conseguir que alguien se asentase allí.
De hecho, algunas de las firmas que más empleo han creado en la comarca están fuera del polígono. Las contrataciones realizadas desde la década de los noventa por las principales empresas de la comarca sitúan a Sidenor en cabeza, con 500 empleos, seguida de Cantarey (160), Cuétara (80), Forjas de Cantabria (17), Cementos Alfa (39) y la Residencia de Ancianos de San Francisco, con 60 nuevos empleos. En algunos casos, este proceso responde sólo a la necesidad de cumplir con los planes de prejubilación acordados con los sindicatos y se trata de una sustitución de trabajadores maduros por mano de obra joven. Aunque esto no suponga una creación neta de puestos de trabajo, sí ha tenido la virtud de dar salida a una fuerza laboral que, de otro modo, hubiera debido emigrar a otras zonas.
Desde los sindicatos se critica también el hecho de que parte del suelo vendido hace años está en manos de empresas que vienen demorando la puesta en marcha de los proyectos, aunque tenían un plazo para su ejecución. Como suele ocurrir en estos casos, el riesgo de especulación con un suelo que ha multiplicado su valor planea sobre la suerte que finalmente puedan correr esas parcelas.

Un nuevo polígono

Como es lógico, la necesidad de ampliar el polígono de La Vega ha estado presente en las negociaciones entre sindicatos y Gobierno regional sobre el último Plan Estratégico para Campoo, una iniciativa que, desde 1998, se ha repetido en tres ocasiones y nunca ha dejado satisfechos a los agentes sociales.
La petición de ampliación del polígono ya se puso sobre la mesa en junio de 2006. Un año antes, el Ayuntamiento de Campo de Enmedio dejó entrever su interés por crear otro en Matamorosa. A esta primera idea se contrapuso la de construirlo en terrenos de Bolmir y Requejo, unido al actual polígono por el norte. Esta tesis es la que finalmente se ha impuesto y Sican está trabajando en el desarrollo de esa zona de 370.000 m2, conocida como Prado Cerbera y ubicada entre el río Izarilla y la Autovía de la Meseta.
Pero, aún utilizando la vía rápida del PSIR, poner a disposición de los empresarios las parcelas urbanizadas y dotadas con los servicios básicos será un proceso lento y complejo. En el mejor de los casos, pasarán tres años hasta que la comarca campurriana esté en disposición de ofertar más suelo para la captación de nuevas empresas.

Oportunidades desaprovechadas

El precio a pagar por esta demora puede ser muy caro, teniendo en cuenta que no muy lejos de Reinosa y beneficiándose de las mismas ventajas que representa la autovía para la capital campurriana, Aguilar de Campoo ha creado un macropolígono y una empresa cántabra, Puertas Roper, ya lo eligió para instalar una nueva fábrica.
El caso ha vuelto a repetirse, esta vez con una multinacional como Bimbo, que va a levantar en Aguilar una planta industrial que podría generar cerca de 200 empleos. Si Reinosa hubiese entrado en los planes de esa compañía, no hubiese tenido donde ubicarse. Por lo demás, la elección de la capital campurriana habría estado plenamente justificada, habida cuenta del alto valor que las empresas dan a la cultura laboral de los trabajadores de esta comarca. Esa estima ha servido para que la creación de un incipiente polo industrial en Aguilar de Campoo repercuta también en los trabajadores reinosanos. Unos 250 prestan ya sus servicios en empresas de la localidad palentina.
Pero las oportunidades perdidas no pueden achacarse solo a factores como la falta de suelo. Además de almacenes y reubicaciones de empresas, en el polígono se han asentado industrias de muy diversos ramos, como Metalslag, Vicorgilta, Puertas Nueva Castilla –aunque en este último caso la nave sirva más de almacén que para la fabricación– Anchoas y Productos del Cantábrico y otras pequeñas y medianas industrias alimentarias.
Otros proyectos no llegaron a ver la luz, como la primitiva Suyesa (reubicada como GFB en Orejo), o la planta de biodiésel de Greenfuel. También se han dejado pasar oportunidades, como las que brindaba la emergente industria eólica. Hace cuatro años se desaprovechó el interés compartido por Sidenor y Gamesa por crear una calderería capaz de suministrar a la firma eólica los componentes de las torres, unas estructuras que finalmente se han acabado construyendo en Ponferrada.
Más recientemente, y también en torno a las necesidades de Gamesa, ha surgido una nueva oportunidad industrial. Las piezas metálicas del aerogenerador requieren modelos de fundición nodular y son pocas las empresas que en España pueden fabricarlos. Una de ellas está en el polígono de La Vega, trabajando para Sidenor, pero esa firma –CIMA– es una sociedad laboral, con una plantilla de tan sólo ocho trabajadores, y sin capacidad para absorber el volumen de trabajo que demanda Gamesa. De nuevo se planteaba la necesidad de inversores que hiciesen posible un proyecto a la escala que se precisaba.
La aparición de un sector nuevo, como el eólico, con una ingente capacidad de demanda sobre fundiciones y caldererías, no es algo que ocurra todos los días y, aunque Sidenor ha iniciado una línea para la fabricación de ejes para molinos de viento, la comarca campurriana puede estar perdiendo un tren para el que contaba con una baza importante, el acoger a una de las factorías más importantes de Gamesa, Cantarey (la antigua Cenemesa), en donde se construyen los rotores de los aerogeneradores.

El peso de Sidenor

Aumentar el tejido industrial en la comarca permitiría atemperar la enorme dependencia que Reinosa tiene de Sidenor, el buque insignia del empleo industrial en esa zona; un riesgo sobre el que llama la atención Fernando Fuente, representante sindical de CC OO en Campoo: “Sidenor es el 60% de la economía de esta comarca y eso es un problema porque, si mañana se constipa, la comarca coge una pulmonía”. Afortunadamente, eso no parece que pueda ocurrir por el momento.
La fundición atraviesa por un momento dulce, con una cartera de pedidos prácticamente completa hasta 2010 y con una estabilidad laboral que se pone de manifiesto en acuerdos como la sustitución por trabajadores jóvenes de los 188 operarios que se van a prejubilar.
De la importancia de Sidenor para la economía doméstica de los reinosanos da idea el hecho de que los 976 empleados de la fundición se llevan cada mes a casa cerca de millón y medio de euros. A esta cantidad habría que sumarle los suministros que la fábrica adquiere en la zona o los empleos inducidos, lo que repercute, lógicamente, en el comercio local. Otro dato que habla de la buena salud de la factoría es que, de los 88 millones de beneficio que obtuvo el pasado año el grupo Sidenor (con fábricas en Basauri, Vitoria y Villalba), aproximadamente la mitad se generaron en la planta de Reinosa.
Aunque el interés que la acería ha mostrado por hacerse con más suelo en el polígono de La Vega no responde a un proyecto inmediato de ampliación, sí cabe la posibilidad de crecer, sobre todo en el apartado de piezas forjadas, precisamente el área de fabricación que se encuentra más cerca de los terrenos que pretende adquirir.
La compra de ese suelo servirá también para reorganizar el tráfico de camiones, que ahora entran y salen de la fábrica por la zona sur, ya que las parcelas por las que se interesa Sidenor están cerca del vial de acceso a la autovía que, tras años de espera, está a punto de concluirse.

Por fin se construye

El mayor dinamismo industrial de la comarca se hace notar también en la construcción de viviendas. Las localidades que más se han beneficiado son las más próximas a Reinosa, por el escaso suelo de que dispone el ayuntamiento, de apenas tres kilómetros cuadrados. En Nestares, dentro del municipio de Campo de Enmedio, pero a escasos metros del centro de Reinosa, se han construido en los últimos cuatro años un centenar de viviendas unifamiliares. Incluso en Mataporquera, un núcleo fronterizo con la comunidad castellano-leonesa, se ha notado la mejoría del clima económico del que disfruta la comarca de Campoo y en los últimos tiempos ha conocido un movimiento en la compraventa de inmuebles que no se veía desde hacía muchos años.
De consolidarse los proyectos que se anuncian para el Ecoparque, como la creación de una fábrica de paneles fotovoltaicos, Mataporquera podría convertirse en el segundo polo industrial de la comarca.
La creación de puestos de trabajo para la mano de obra joven, aunque sea por la vía de la sustitución de prejubilados, permite albergar optimismo sobre una recuperación demográfica de todo Campoo, algo que parecía imposible desde el comienzo de la reconversión industrial, hace casi tres décadas.
Los once municipios que componen la comarca albergan una población de unos 22.000 habitantes, de los que cerca de la mitad viven en Reinosa. Si se comparan los datos de población actuales con los de 1987, la pérdida ha sido de un 21%. Solamente en el Ayuntamiento de Reinosa, el censo de habitantes ha caído en 2.383 personas.
La sustancial mejora de algunas de las condiciones básicas para la calidad de vida de una población, como la asistencia sanitaria, con la apertura la próxima primavera del Hospital de Campoo, reforzará también la capacidad de atracción de una comarca a la que la naturaleza ha dotado de espléndidos recursos turísticos, pero que debe seguir confiando en la industria para su desarrollo.

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