San Martín cambia de cara a un precio de rebajas
En las dos últimas décadas se han producido en España transformaciones urbanísticas de enorme trascendencia ligadas a la celebración de grandes eventos, ya fuesen exposiciones universales o citas deportivas. A escala mucho más modesta, Santander, se dispone a seguir los pasos de Sevilla, Barcelona o Zaragoza y el Mundial de Vela ha sido el detonante para la recuperación y la integración en la trama urbana de una estratégica zona de su fachada marítima, el área de San Martín. Para acoger esa competición que se celebra en septiembre, la más importante en el mundo de la vela después de unas Olimpiadas, ha sido preciso transformar una zona degradada desde hace décadas. Bastaba con borrar la frontera que ha venido separando la ciudad del cantil de sus muelles, como se ha hecho con la ampliación de los Jardines de Pereda y el Centro Botín, convirtiendo ese borde marítimo en un espacio abierto a los paseantes.
En San Martín han sido muchos los proyectos que se han ido barajando por la Autoridad Portuaria para su transformación. Todos ellos tendrán que esperar a mejor ocasión económica pero, mientras tanto, el Mundial de Vela ha sido la ocasión para proceder a un cambio de cara, con la demolición de viejas naves que afeaban el entorno para crear en su lugar una gran explanada y una nueva rampa de acceso a la bahía, la Duna de Zaera, y la aproximación al público de una joya histórica, como es el Dique de Gamazo.
Una ‘duna’ urbana
El primer reto que planteaba la celebración del Mundial era el de dar cabida y servicios a las 960 embarcaciones que participarán. Para ello era necesario ampliar el Centro de Alto Rendimiento de Vela (CEAR), aprovechando el espacio de su entorno. Para diseñar esa ampliación se acudió a un arquitecto zaragozano de gran prestigio internacional, Alejandro Zaera, cuya obra más conocida, la Terminal Marítima del Puerto de Yokohama, le ha llevado a especializarse en espacios portuarios.
Zaera ha proyectado para albergar los barcos un edificio versátil, integrado en la topografía del terreno y pensado como una duna con vegetación. El edificio cumplirá con una doble función, el de mirador privilegiado sobre la bahía, desde el que contemplar las pruebas del Mundial que se celebren en el campo de regatas más próximo, y el de almacenaje y taller. Bajo el graderío abierto al público hay un hangar de 2.500 metros cuadrados que servirá de base de operaciones durante la competición.
La cubierta de hormigón, así como las gradas prefabricadas, se han revestido de tarima de madera tecnológica, especialmente adaptada para exteriores. La fachada norte está acristalada y para la iluminación, que será uno de los aspectos más llamativos del edificio, se ha dispuesto la colocación de farolas de siete metros de altura, con fustes ligeramente inclinados (entre 10 y 18 grados) que imitan los mástiles de las embarcaciones.
La duna de Zaera es uno de los elementos claves en esa conversión de la zona portuaria de San Martín en una prolongación del espacio urbano. Al margen de la función específica para la que ha sido construida, su mirador está llamado a convertirse en una de las referencias turísticas de Santander; un lugar desde el que contemplar tanto la bahía como la propia ciudad y desde el que redescubrir un edificio como el Palacio de Festivales de Sáenz de Oiza.
Para financiar las obras de ampliación del CEAR se firmó un convenio entre el Gobierno de Cantabria, el Ayuntamiento de Santander y la Federación Española de Vela por el que cada entidad aportaría 2,2 millones de euros, aunque la cantidad comprometida por la Federación nunca llegó.
Afortunadamente para el Ayuntamiento de Santander, los costes finales se han reducido mucho con respecto a los previstos. El proyecto se licitó en 2012 con un presupuesto de 4,3 millones de euros y un plazo de ejecución de doce meses y a él concurrieron doce empresas. La adjudicación recayó finalmente en Ascan, cuya propuesta rebajaba sustancialmente el presupuesto de partida. Ofrecía hacer la obra por 2,5 millones de euros y en tan solo diez meses.
Un dique abierto al público
La creación de una base de operaciones para el Mundial de Vela, a partir de las instalaciones que ya existían, es la parte más novedosa de la reconversión a que ha sido sometida esa zona de muelles. Pero no es la única obra que se ha llevado a cabo. Aprovechando la oportunidad que brindaba esa remodelación, la Autoridad Portuaria puso en marcha un proyecto largamente aplazado: la recuperación del Dique de Gamazo, uno de los vestigios de arquitectura industrial portuaria más importantes de Santander. El proyecto, cuyo presupuesto ascendía a cerca de dos millones de euros, se completaría con la recuperación para uso público de los terrenos que se extienden desde el Dique hasta la Escuela Náutico-Pesquera.
La rehabilitación del Dique de Gamazo fue adjudicada a la empresa Vías y Construcciones por un importe también sensiblemente inferior a lo inicialmente presupuestado por el Puerto, 1,1 millones de euros.
Al estar catalogado el dique como Bien de Interés Cultural, el proyecto, realizado por el arquitecto Luis Castillo, tuvo que ser supervisado por el Ministerio de Cultura. Se trataba de abrir al público un amplio espacio de 13.800 metros cuadrados con dos elementos llamativos, el vaso del dique y la casa de bombas, un sobrio ejemplo de arquitectura industrial inglesa.
La restauración de este edificio, en el que se alojaban las bombas que vaciaban de agua el dique y los compresores, se ha hecho de manera que se compatibilice su función museística con otros usos. Una cubierta de cristal permitirá contemplar las viejas bombas de achique, de hierro fundido y cerca de dos toneladas de peso, mientras que se ha habilitado en la otra mitad del edificio un espacio que puede ser utilizado para cafetería o restauración, con la preinstalación de saneamientos y acometidas de agua y energía.
En la cubierta se han mantenido las cerchas y elementos de hierro originales y se ha reconstruido el techo con madera laminada, respetando la estética original. También se ha recuperado el puente grúa, tras su paso por el taller. En el exterior del edificio se ha actuado para aportar más luminosidad, abriendo los arcos ciegos de ladrillo y eliminando el revoco, para poder apreciar mejor la fachada original.
El otro elemento significativo es el propio vaso del dique en el que se han limpiado a fondo los escalones de piedra de las gradas. Al final, ni la fragata Extremadura como se llegó a sugerir, aunque planteaba problemas por su tamaño, ni su último ocupante, la draga Loreto, atracada allí desde su jubilación en 1993, ocuparán el dique. La draga, sobre la que no se hizo ningún trabajo de mantenimiento, ha sido desguazada, y la fragata fue descartada por el Puerto por estimar inasumible el alto coste de encajar el barco en el vaso del dique, que quedará vacío y rodeado por una barandilla para facilitar su observación.
Mención aparte merece el espectacular barco-puerta que permitía la entrada y salida de agua del foso. Una mole de 260 toneladas y 9 metros de altura que tuvo que ser remolcada al Barrio Pesquero para su recuperación. Una vez reparada y pintada, la compuerta fue colocada de nuevo y servirá de puente para pasar al otro lado del vaso sin necesidad de rodearlo.
Las obras, que están a punto de concluir, incluyen también la rehabilitación del entorno. Se ha semipeatonalizado un tramo de la carretera que discurre frente a la cara sur del Palacio de Festivales, se han ampliado las aceras y se ha prolongado el paseo que desde Puertochico acababa en la rampa de los prácticos. También se han abierto dos tramos más de la verja para facilitar el acceso al dique y se han creado cinco parterres en la zona que discurre paralela a la verja por el interior del recinto.
En vez del ajardinamiento convencional, se ha optado por colocar una malla de césped transitable que, durante el Mundial de Vela, permita colocar encima embarcaciones, ampliando así la superficie disponible para su almacenamiento.
Todos los elementos originales que se encontraban en las zonas remodeladas, tanto las losas de piedra caliza como los bolardos que rodean el vaso del dique o la propia valla perimetral, han sido tratados y recolocados, manteniendo así la fidelidad al pasado de ese centenario dique de marea (se construyó en 1908), todo un símbolo de la historia naval de la zona.
Una gran explanada hasta el mar
El impulso en la transformación de San Martín ha llegado más allá del Dique. La demolición de cinco viejas naves situadas entre el propio Dique y la Escuela Náutico Pesquera ha servido para crear una gran explanada con capacidad para albergar 460 embarcaciones montadas en sus respectivos carros de varada, la mitad de las que participarán en el Mundial de Vela, y también se ha construido una ancha rampa para el acceso de las embarcaciones a la bahía.
Al igual que ha ocurrido en las otras dos obras licitadas en esta zona, el presupuesto de partida, que se fijó en 1,1 millones de euros, se ha visto notablemente rebajado en el tramite de adjudicación. En este caso fue SIEC la empresa que realizó la mejor oferta, 468.000 euros para un trabajo que da continuidad estética y funcional a la histórica transformación que se ha operado en este antiguo espacio portuario de Santander.