La puerta marítima de Cantabria se renueva

Tras veintinueve años de servicio continuado que habían producido un franco deterioro, la puerta de entrada a nuestra comunidad para los más de cien mil pasajeros británicos que llegan o salen por mar cada año, ha sido remozada en profundidad.
La reforma ha querido mantener una absoluta fidelidad al diseño original y se ha centrado en mejorar la estética interior del edificio y ganar espacio para los pasajeros, que cuentan ahora con una amplia sala de espera y con una mejor dotación de servicios. Sin embargo, se ha desperdiciado la oportunidad de aprovechar la ubicación de la Estación Marítima para imbricarla en el tejido urbano de Santander, haciendo de sus instalaciones no sólo una terminal para ser usada un par de veces a la semana, sino también un lugar de servicios, estratégico para revitalizar el centro de la ciudad.
Sin olvidar las limitaciones impuestas por los requisitos de seguridad que exige su carácter de frontera marítima de la Unión Europea, la presencia de una rejuvenecida cafetería-restaurante y de un local con productos típicos de Cantabria no parece suficiente para el papel que podría jugar la Estación Marítima en la integración de la franja portuaria en la trama urbana. Sobre todo si se tiene en cuenta que los 2.824 m2 de sus instalaciones se ocupan en el tráfico de pasajeros tan sólo diez horas a la semana. Sólo una mayor captación de cruceros –para cuyo tráfico el Puerto de Bilbao construirá una terminal específica el año próximo–, podría ayudar a optimizar el uso de unas instalaciones en cuya rehabilitación el Puerto ha invertido 2,1 millones de euros (355 millones de pesetas).

Una obra demorada

La rehabilitación de la terminal se planteó hace más de dos años pero hasta mayo pasado no se hizo la adjudicación a la empresa Necso Entrecanales Cubiertas.
La escala de la regata ‘Cutty Sark’ en agosto obligó a una nueva demora en el inicio de las obras, que se iniciaron por fin en septiembre.
La fidelidad al diseño primitivo ha llevado a descartar la posibilidad de desplazar la sala de espera, orientándola hacia la bahía. Se mantiene así una disposición muy distinta a la que suele ser habitual en estaciones marítimas y aeropuertos de todo el mundo, donde los pasajeros entretienen las esperas contemplando la llegada de barcos y aviones, en vez de hacerlo entre cuatro paredes.
La Autoridad Portuaria ha justificado esta decisión aludiendo al “propio concepto del edificio original, que no contemplaba esa disposición en el diseño del arquitecto proyectista, lo cuál hacía complicado incluirlo en este momento”.
Lo que la reforma, dirigida por el arquitecto Luis Castillo, pretendía era adecuar simplemente los espacios de la estación a las necesidades actuales, mejorando el acceso de los peatones al buque, eliminando barreras arquitectónicas y dotándola de accesos para minusválidos. Para ello se han mejorado los espacios comunes y las salas de espera, ampliándolos a costa de reducir zonas de oficinas y servicios; se han construido rampas de acceso, baños para minusválidos y un ascensor hasta el nivel de la pasarela de entrada al buque.
Una Oficina de Información Turística, las instalaciones destinadas a los guardamuelles y el posible retorno de la empresa de alquiler de automóviles Herz al local que ya venían ocupando, completan la gama de servicios de la rejuvenecida Estación Marítima.
Como en toda terminal fronteriza, destinada a controlar el tráfico exterior de pasajeros, las medidas de seguridad juegan también un papel importante. La Estación cuenta con un arco detector y un escáner para el control del embarque, así como cámaras de vigilancia en el interior del edificio y un sistema contraincendios. Las instalaciones destinadas a la Policía Nacional también han sido renovadas.
Los materiales nobles utilizados en la remodelación son lo más llamativo de la reforma. La piedra de Muñorrodero, natural y pulida, que se ha aplicado en las paredes y suelos del hall y la sala de espera; la madera de haya en el revestimiento de paredes y el acero inoxidable y mármol travertino en los aseos confieren a la renovada Estación Marítima una estética moderna, muy distinta a la deslucida y penosa imagen de los últimos años.
Hasta ahora, la única remodelación hecha en esas dependencias fue la llevada a cabo por Brittany Ferries en sus oficinas. La obra, realizada también por Luis Castillo, fue inaugurada en el 2000.

29 años de historia

La Estación Marítima de Santander se inauguró el 19 de mayo de 1974 por el entonces ministro de Obras Públicas, Antonio Valdés. En el acto estuvieron presentes el presidente de la Diputación Provincial, Modesto Piñeiro, el alcalde de Santander, Alfonso Fuentes y el gobernador civil, Carlos García-Mauriño.
El autor del proyecto fue el desaparecido arquitecto Ricardo de Lorenzo y su construcción costó en aquellos años 17 millones de pesetas.
Los primeros usuarios fueron los pasajeros del ‘Monte Toledo’, un buque de la naviera Aznar que cubría de mayo a septiembre la línea entre Santander y Southampton.
Un año después de la inauguración de la terminal, la naviera Aznar abrió otra línea de transporte de viajeros con Amsterdam. La falta de rentabilidad hizo inviables aquellos servicios que fueron finalmente cancelados. Entre 1974 y 1976, el ferry de la naviera Aznar movió a cerca de 86.000 pasajeros.
En 1978, la naviera francesa Brittany Ferries tomaba el relevo y Santander recuperaba la línea marítima de pasajeros, enlazando esta vez con Plymouth. El 18 de abril de 1978 el ferry ‘Armorique’ se convertía en el primer buque de Brittany Ferries que unía Santander con la localidad inglesa. En los 25 años de actividad ininterrumpida de la naviera bretona, sus barcos han transportado más de dos millones y medio de pasajeros utilizando como base de operaciones la Estación Marítima de Santander. En la primavera del próximo año, un nuevo ferry, el ‘Pont Aven’ sustituirá al ‘Val del Loire’ en la ruta Santander-Plymouth. El nuevo barco, más grande y más rápido que el actual, permitirá realizar el trayecto en tan sólo 20 horas y su equipamiento convertirá la travesía en un auténtico crucero.

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