PANORAMA INTERNACIONAL

TODOS QUIEREN UN CANAL DE NOTICIAS
En un sórdido distrito de París, Issy-les-Moulineaux, carpinteros y electricistas trabajan sin descanso en el lanzamiento de France 24, un nuevo canal internacional de noticias. Hace cuatro años, al empezar la guerra de Irak, Chirac dijo que Francia necesitaba más presencia en la “batalla de las imágenes y las ondas” y, tras muchas dudas, el canal empezará a emitir muy pronto (…)
Pero F24 no está solo, Al-Jazeera ha añadido un nuevo servicio de noticias en inglés a su controvertido canal en árabe y otra empresa está buscando dinero para un canal 24 horas para toda África en inglés y francés (…)
El objetivo es ofrecer una imagen distinta a la de la CNN y la BBC (…) Pero, a diferencia de la CNN, donde los espectadores pueden distanciarse de sus políticos porque pagan, la única garantía para la independencia de F 24 será la voluntad de sus gestores para decir no al Gobierno (…)
Tener más canales debería ser una bendición para las audiencias, pero son caros y su carga recae sobre los contribuyentes. Hay gente con suerte (sobre todo, en EEUU) que puede sintonizar con su mando cualquier canal del mundo sin tener que subvencionarlos pero los gobiernos todavía tienen que aprender mucho de sutileza.
The Economist

EL FÚTBOL EUROPEO
No es frecuente cuestionar el libre mercado y proponer el control de los salarios y las restricciones de la movilidad laboral para favorecerlo. Sin embargo, el fútbol quizá merezca un tratamiento especial.
Los ministros europeos de Deporte van a recomendar poner topes salariales a los clubes más ricos y forzarles a alinear un número de jugadores nativos.
¿Es deseable una interferencia de ese calibre? Sí, porque los propietarios de los equipos no se rigen por las reglas del mercado. A muchos, sólo les mueve el prestigio y no les importa perder dinero en la caza de una gloria (…) Los topes salariales son una manera de nivelar el juego y asegurar que el deporte retiene interés (…)
No obstante, no debiera ser la UE la que imponga los topes, pues los políticos ahí no tienen nada que decir. Cualquier movimiento en esta dirección deberían liderarlo las ligas nacionales sobre una base voluntaria. Pero tampoco en ese caso sería fácil llegar a un acuerdo porque los Chelseas del mundo se mostrarán como un oponente muy vigoroso.
Financial Times

LOS NEGOCIOS Y EL SIDA
Con 40 millones de personas infectadas, 4 millones de nuevos casos cada año y casi 3 millones de muertos en 2006, el impacto del SIDA es mayor que nunca (…)
Como parte de su responsabilidad social corporativa, las empresas podrían financiar programas de prevención e, incluso, abrir sus propias clínicas. (…) Pero, para fomentarlo, es necesario que el Fondo Global para la Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria y otras instituciones internacionales reexaminen las políticas que prohíben donaciones en especie (…)
Tan importante como conseguir más recursos es asegurar que se gasten bien y la participación de los empresarios puede favorecer una evaluación más acertada del problema y una aplicación más efectiva de la financiación (…)
El SIDA también es una oportunidad de negocio, con potencial para el sector privado que suministra productos, servicios sanitarios, seguros y gestión (…)
Pero no hay que olvidar que la lucha contra el SIDA es, fundamentalmente, una batalla contra la pobreza.
Financial Times

LA ANSIEDAD DE LOS NEOYORQUINOS
Los habitantes de la Gran Manzana también sufren ansiedad. La ventaja que tienen con respecto a otros centros financieros como Londres y Hong Kong cada día es más corta y eso ha encendido la mecha del miedo a que EEUU esté perdiendo el control en el mundo del dinero (…)
Aunque EEUU todavía es el mayor mercado de capitales, su liderazgo se estrecha en cada segmento, desde los préstamos sindicados a los bonos, en parte por la competencia con que ahora se enfrentan, pero también porque se han hecho las cosas mal (…)
La Ley Sarbanes-Oxley, aprobada en 2002 tras el colapso de Enron, estaba diseñada para hacer más riguroso el gobierno de las empresas pero ha añadido demasiadas complicaciones tanto a las empresas como a los auditores (…)
The Economist

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