Historias de la Unión Europea
Hace 40 años que en las tiendas españolas de ultramarinos imperaba la devolución del casco. Quien iba a comprar el vino o la gaseosa por primera vez pagaba también el importe de la botella vacía y, en las siguientes, sólo abonaba el contenido, ya que devolvía el casco de vidrio.
Recientemente, hemos conocido una versión alemana en forma de ley, justificada por razones medioambientales, denominada nada menos que Verordnung über die Vermeindung und Verwertung von Verpackungssabfällen. El caso es que, tras el dolor de cabeza derivado de su lectura, la Comisión Europea llegó a la conclusión que todos los embotelladores de aguas minerales que venden en Alemania estaban obligados a aceptar la devolución de los envases cuando el porcentaje de retornos opcionales se situase por debajo del 72% durante dos años seguidos. Incluso las bebidas en envases no reutilizables se sometían al cobro de un depósito y al sistema de devolución.
Envases y mercado
La proporción de envases reutilizables había ido descendiendo en Alemania desde 1997 de una forma considerable, de manera que su Gobierno, acogiéndose a esta ley, impuso el cobro de un depósito en las aguas minerales, las cervezas y los refrescos a partir de 2003. Cuando lo hizo, la Comisión Europea le advirtió que eso consistía un obstáculo a los intercambios comerciales y, por tanto, no estaba permitido.
Como los alemanes persistieron en su actitud, la Comisión argumentó que, al poner en práctica ese sistema, los fabricantes se veían obligados a transportar los envases vacíos al lugar de producción, aunque no pudiesen ser reutilizados, y para eso no había justificación racional alguna.
El gobierno alemán respondió que los productores de agua de otros estados tenían en sus manos el usar envases reutilizables o desechables. Si usaban estos últimos, era su problema.
No obstante, eso no convenció a las autoridades comunitarias y la sentencia del Tribunal de Justicia europeo consideró que, tanto la obligación de hacer un depósito como la de forzar la devolución de los envases no reutilizables era una estrategia para penalizar a los exportadores de aguas minerales de otros países donde son habituales los envases de un solo uso y eso suponía gastos adicionales que les dificultaba competir en Alemania. Tendrían que advertir al consumidor, cambiar el tipo de envase, los etiquetados y organizar la logística necesaria para las recogidas, además de abonar el importe de los depósitos y de la eventual compensación de los importes entre los proveedores.
El empeño del gobierno germano no se podría entender sin tener en cuenta las diferencias entre su mercado de aguas minerales y los de otros países europeos. Según un estudio realizado en 2001, mientras que un 90% de los embotelladores alemanes utiliza botellas retornables, en el resto de los países comunitarios el 71% del agua de mesa se comercializa en envases desechables.
Medio ambiente y proporción
Ahora bien, todo esto no es suficiente para convencer a un alemán, por lo que siguieron en sus trece y alegaron. Insistían en que su sistema previene los residuos, consume menos recursos y protege la Naturaleza. Y que las ventajas de poner una tasa que fuerza a recuperar también los envases de un solo uso supera todos los inconvenientes que ocasionan los transportes, aunque nada dicen del hecho objetivo de que el camión que lleva y trae los cascos también contamina. En su opinión, es más importante cambiar el comportamiento del consumidor y crearle una disposición en favor del uso de los envases reutilizables.
En realidad, el Tribunal de Justicia Europeo hubiese dado por bueno el sistema alemán de haber concedido las autoridades germanas un plazo de transición suficiente para que las empresas de otros países se adaptasen a él. Pero los seis meses establecidos eran insuficientes, en opinión del TJ, para que los envasadores extranjeros adaptasen las líneas de producción y creasen una logística de recogida de envases. Mucho más si la aplicación de la norma –como ocurría en este caso– dependía de los porcentajes de envases retornados en los dos años anteriores, una información que mantiene en vilo a todo el sector. Así que no es de extrañar que el TJ haya anulado el sistema alemán.