La moda del agua
Aprovecharse de las propiedades relajantes y curativas del agua viene de lejos. Lo hicieron los egipcios, griegos y romanos, y hoy vuelve con una proliferación de establecimientos donde el agua es protagonista, ya sean spas urbanos, viejos centros termales que renuevan sus instalaciones o exclusivos hoteles que incorporan baños turcos, saunas y piscinas de chorros como complemento a su oferta tradicional.
Balnearios, centros de talasoterapia y spas se diferencian por el carácter de sus aguas: mineromedicinal, de mar y doméstica, respectivamente. Aunque, según José Mirones, responsable de la mayor empresa española de balnearios, la cántabra Relais Termal, la competencia ha provocado cierta confusión con la invención de términos engañosos como el de ‘balneario urbano’. Lo que reconoce el director de calidad de Relais Termal es la evolución del concepto clásico de balneario de lo terapéutico a lo lúdico, aunque siga primando el primer aspecto.
Para el director médico del Aquacenter Alday, Javier Hernández de Sande, el auge del agua es consecuencia de la búsqueda de vías de escape frente al estrés laboral y las prisas de la vida cotidiana. El médico considera que ese es el punto fuerte de los spas urbanos próximos a los centros de trabajo: “El spa es el primer escalón de la cultura del agua, porque se recurre a él antes de hacer un tratamiento más largo en un balneario y después, para continuar con las técnicas de rehabilitación a diario”, dice.
En una u otra alternativa, “el deseo de escapar para que nos mimen” justifica, en opinión de Pilar Pescador, la aparición de nuevas necesidades como los centros de bienestar (wellness center) que combinan el agua con la belleza.
Tan de moda como el agua están las nuevas terapias que giran en torno a ella o complementan sus efectos, sobre todo, cuando se trata de trasladar la gastronomía a la balneoterapia para aplicar sobre la piel, mediante masajes o calor, alimentos que tienen propiedades curativas para el organismo como el chocolate, el vino, el café, el aceite de oliva o las frutas tropicales.
Todo ello para una clientela creciente, mayoritariamente situada entre los treinta y los cincuenta años que, cada vez más, acude en pareja o acompañada de niños.