Vaughan empieza a impartir inglés en las empresas cántabras

España nunca ha sido muy receptiva al aprendizaje de otros idiomas, pero bien sea por las facilidades que ahora dan los transportes o por la integración en un mercado sin fronteras, se ha despertado un interés anteriormente desconocido. Y son las empresas las más conscientes de esta necesidad. Al calor de esta demanda, ha desembarcado en Cantabria, con la apertura de una delegación, la compañía Vaughan Systems, especializada en la impartición de idiomas en el interior de las empresas y en los cursos intensivos.
Richard Vaughan creó Vaughan Systems en 1977 cuando una multinacional norteamericana de maquinaria agrícola asentada en España le dio un plazo de tiempo para que 150 directivos y técnicos tuviese un conocimiento suficiente del inglés como para manejarse fluidamente. Como tuvo éxito, sus servicios fueron reclamados por otras compañías.
En realidad, no se trata de un método específico. Si algo deja claro desde el principio Vaughan es que “el éxito de un programa de formación en idiomas no depende del método empleado ni de los adornos tecnológicos que se puedan añadir a las sesiones de clase. Depende única y exclusivamente de la capacidad técnica y humana de los profesores que lo impartan”.
Vaughan ha tenido iniciativas muy conocidas popularmente, como la transformación de un pequeño pueblo soriano en todo un town, en el que sólo se habla en inglés y que se utiliza para los cursos intensivos.
En Cantabria, el equivalente será una casa rural de Los Tojos, denominada La Punvieja, donde de lunes a viernes ofrecerá cursos semanales donde sólo se puede utilizar el idioma inglés.
Iván Shuja, un londinense que habla castellano sin acento alguno, dado que su madre es campurriana de origen, será el director de Vaughan en Cantabria. Profesor de inglés en la sede de VS desde hace cinco años, acogió con entusiasmo el proyecto de abrir una delegación para el Norte de España.
Los primeros clientes de Vaughan en la región han sido Hierros y Metales Tirso, Bridgestone y la Asociación de Hostelería de Cantabria, a donde se desplazan los profesores de Vaughan para dar clase diariamente.
Esta fórmula intenta atender mejor las necesidades de la empresas y diferenciar la compañía de las academias convencionales de idiomas. No obstante, en la sede que acaba de abrir en la Plaza del Príncipe, de Santander, tiene algún aula de apoyo para posibles necesidades puntuales.

Trazar objetivos

Shuja defiende la filosofía de trazar previamente objetivos, como se los impondrían las empresas en cualquier otro terreno. El alumno es encuadrado en uno de los diez niveles de inglés (desde el desconocimiento absoluto, que representa el nivel 1 hasta la perfección máxima, que es el 10). A partir de ahí, tendrá que fijar sus pretensiones. Pero es advertido de que aprender un idioma no es fácil y que “quien diga lo contrario o quien pregone soluciones rápidas, miente. Exige un esfuerzo muy especial que va mucho más allá de la mera asistencia a clase”.
Pasar de un nivel insuficiente a un buen nivel exige al menos 500 horas de clase y otras 700 de atención personal: “Si el alumno no quiere o no puede dedicar ese mínimo de 700 horas de su tiempo personal a la labor, entonces tiene que suplirlo con muchísimas más horas de clase”.
Los responsables de Vaughan no son remisos a imputar a una mala estrategia de las propias empresas que envían a su personal a aprender idiomas y a una deficiente calidad de la enseñanza la escasa progresión con el inglés de muchos profesionales españoles. Ahora tendrán que demostrar que se puede hacer de otra forma.

Un pueblo inglés en Soria

En julio 2001 Vaughan convirtió un pueblo abandonado de Soria en un paraje lleno de angloparlantes. El ensayo consistió en traer a 20 personas cuyo idioma materno es el inglés, procedentes de todos los rincones del mundo y juntarles con 20 españoles para que los 40 convivieran durante diez días. La experiencia permitió comprobar que los españoles, tras unos primeros momentos de inseguridad, fueron franqueando barreras auditivas y psicológicas, llegando a desenvolverse al final con una confianza que hubieran tardado dos o tres años en conseguir con métodos convencionales.
Desde entonces, la experiencia se ha repetido hasta 17 veces tanto en el pueblo soriano de Valdelavilla como en un paraje del Barco de Ávila, en plena Sierra de Gredos, que Vaughan también ha convertido en sede permanente para atender la creciente demanda.
Los angloparlantes que conviven con los españoles durante estos cursos intensivos han de cumplir dos condiciones: no saber español y no haber enseñado jamás el idioma inglés. De esta forma se intenta evitar una deformación profesional que se produce con cualquier tipo de profesorado, incluidos los 120 docentes de Vaughan: que todos ellos procuran hablar un inglés al alcance de sus alumnos. En Valdelavilla o Barco los españoles se enfrentan al inglés tal y como se habla en lugares del mundo completamente diferentes, el inglés usado por nativos que no prestan ninguna atención o no saben vocalizar las palabras, ni se esfuerzan por escoger las más sencillas o las más estándar.

Los fabricantes de termoarcilla consiguen que se levanten las cautelas técnicas

Los fabricantes de los bloques de termoarcilla, entre ellos la empresa cántabra Cerámicas de Cabezón, han conseguido finalmente que desaparezca la “reserva técnica inicial” con que estaba calificado este material por los organismos técnicos de control y las aseguradoras. Esta reserva suponía una limitación importante para la obtención del seguro decenal, obligatorio en el sector de la vivienda desde la entrada en vigor de la Ley de Ordenación de la Edificación, ya que sin él es imposible realizar la inscripción registral y, por tanto, la venta de las viviendas.
El acuerdo es efectivo previo cumplimiento por parte de los 31 fabricantes incluidos en el Consorcio Termoarcilla de una serie de condiciones, cuyo cumplimiento será controlado en auditorías técnicas semestrales.
Los fabricantes de los bloques cerámicos de termoarcilla producen anualmente 1,9 millones de toneladas al año. Aunque este tipo de bloque se ha utilizado ya en 200.000 viviendas españolas y es habitual en Alemania, Suiza, Austria o Italia por su capacidad de aislamiento y su resistencia mecánica y al fuego, las reservas introducidas por los organismos de control técnico habían creado serios problemas a las empresas del sector, que temían por los 180 millones de euros de inversión que han hecho durante los últimos cinco años en esta línea de producto.

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