Los caballos de monta, una riqueza por explotar

Pablo Palencia, especialista en medicina y cirugía equina y director del Hospital de Caballos de Cantabria, asegura que la región tiene unas condiciones extraordinarias para la cría. Para este madrileño que está afincado desde hace 25 años en la región, “las condiciones climáticas son muy similares a las de los de los países europeos punteros en esta actividad, como Francia, Inglaterra o el sur de Irlanda». En su opinión, si la cría no ha alcanzado un mayor desarrollo en España es por la ausencia de subastas. Los ganaderos necesitan un lugar donde exhibir sus caballos para poder venderlos.
Tampoco hay incentivos públicos: “En Francia, los caballos que ganan en una competición deportiva reciben un premio del Estado, lo que resulta un tremendo aliciente para impulsar a los ganaderos y primar la producción de calidad”, añade.
El Hospital de Caballos que dirige está situado en Gornazo y es un centro de referencia en medicina y cirugía equina. Entre sus instalaciones hay boxes UVI, quirófanos y cabinas de aislamiento. Como en las clínicas para humanos más polivalentes, no falta un área de reproducción asistida o la asistencia especializada a neonatos, aunque la consulta más repetida tiene que ver con las cojeras, que es la lesión más frecuente en la medicina deportiva equina.
Palencia ha escrito varios libros sobre reproducción en los équidos y es un auténtico apasionado de los caballos que intenta contagiar ese entusiasmo en la región: «En Cantabria hay mucha cultura ganadera, pero hay que profesionalizar el sector. Gracias a Dios, aquí se ha mantenido la cría de caballos sin ayudas, pero lo que se necesita ahora es gente profesional: mozos, herradores, cuidadores… Hay que formarlos y apoyarlos”, dice.
Es una actividad que puede generar muchos puestos de trabajo en el campo y ayudar a sostener otros, teniendo en cuenta que la cría de caballos no es incompatible con otras ganaderías. En Inglaterra no es raro que los pequeños ganaderos de vacas y ovejas dispongan también de cuatro o cinco yeguas de gran calidad que les proporcionan un rendimiento complementario, ya que con la venta de potros en las subastas se procuran unos ingresos extras que pueden rondar entre los 6.000 y 7.000 euros por animal. El secreto está, según Pablo Palencia, “en criar poco, pero valioso y no criar mucho de poco valor económico».
Para plantearse la cría de caballos hay que tener prevista su venta. Tobías Hanke, un ganadero cántabro doctor en Biología Molecular y jinete de concursos sabe muy bien como funciona. Alemán de nacimiento pero con más de 30 de sus 35 años residiendo en España, Hanke es el delegado de Holstein en España, miembro de la comisión de evaluación de potros, yeguas y sementales en EE UU y juez internacional. Su ganadería está situada en el pueblo de San Román de Cayón, donde tiene 25 caballos. Se llama Equigen y trabaja con yeguas selectas importadas.
Los cuatro o cinco potros que cada año nacen de estas yeguas son criados en casa, donde se destetan y se empiezan a montar con tres años, para que estén en condiciones de competir a los cuatro. La mayoría de los caballos se venden en ese momento, aunque algunos se comercializan antes. El precio de los potros al destete suele oscilar entre los 5.000 y los 7.000 euros y sube cuando empiezan a competir en los concursos de hípica.
El centro cuenta con una escuela para alumnos que participan en los concursos que se celebran en Cantabria y en las regiones limítrofes. También ofrece alojamiento de caballos procedentes de otros criaderos “que cuidamos, mantenemos y, poco a poco, vamos poniendo en competición», explica Hanke.

La competición, un escaparate

En el Norte de España hay pruebas hípicas cada fin de semana. Modestas en su dotación económica, por lo general, no suelen salir rentables para quienes participan en ellas, pero la auténtica finalidad de estos concursos es la exhibición de los caballos, un escaparate al que también acuden los interesados en comprar: «Los compradores quieren ver los caballos en competición, así que los concursos no son propiamente una subasta pero sí algo parecido”, explica Hanke, quien lamenta que en España no haya canales específicos para comercializar estos animales, como los tienen Alemania, Francia, Bélgica o Inglaterra.
En España casi no hay subastas y, su alternativa, los concursos, tampoco abundan en Cantabria, en parte por el escaso apoyo institucional. El mundo local de la hípica, según Tobías Hanke, “son pequeñas islas donde cada uno hace la guerra por su cuenta y con dificultades crecientes porque los ayuntamientos han dejado de patrocinar los concursos hípicos debido a la crisis económica”. Se han perdido, por ejemplo, los concursos de Cabezón de la Sal y de Astillero, que eran muy importantes para los criadores.

Faltan escuelas

Hanke también comparte la idea de que el caballo puede ser una fuente de riqueza para Cantabria, una tierra que parece especialmente dotada para la industria ecuestre: “Tiene unos suelos adecuados, gente a la que le gusta el campo, los costes de la mano de obra y de la alimentación son muchos menores que en Madrid, por ejemplo; los inviernos son más benignos que en Francia, Alemania u Holanda… «. En su opinión, lo que falta es una buena formación: “Hay ganaderos a los que les gustaría criar, pero no están bien instruidos y se desaniman rápidamente. A mi entender, habría que dar a las nuevas generaciones una formación orientada al mundo de los caballos para desarrollar todo el potencial económico que tiene».
Por ahora, quienes están interesados en labrarse un porvenir dedicándose al mundo ecuestre tienen que salir a Francia, Bélgica, Alemania, Irlanda, Holanda o Inglaterra, donde existen escuelas de formación profesional que abren las puertas de los muchos sectores relacionados con la industria hípica, «pero tenemos el problema de que los españoles que se forman en estos países, luego no quieren regresar porque, para muchos de ellos, esto es el desierto», lamenta Hanke.

Ya no es elitista

En Madrid y en Cataluña el caballo se ha democratizado poco a poco, perdiendo la aureola elitista que tradicionalmente ha arrastrado –hoy en día, las clases de equitación vienen a costar más o menos lo mismo que una de tenis– pero en la mentalidad de los cántabros, por motivos desconocidos, este elitismo no ha desaparecido del todo. Una idea que Hanke desearía borrar: «Se puede empezar a competir en pequeñas pruebas de hípica con un caballo de 3.000 euros. No se puede decir que sea un desembolso desmesurado», dice.
El cuidado del caballo es otro gasto a considerar. En su negocio, el alojamiento en las condiciones adecuadas para el buen mantenimiento del animal y la asistencia por parte de un mozo cuesta entre los 250 y 300 euros al mes.
Según este joven ganadero, para desarrollar una potente industria ecuestre en Cantabria sería importante agrupar la iniciativa privada y que esa asociación fuese respaldada por las instituciones públicas: «Hay que mentalizar a la gente para impulsar un cambio de modelo en la economía ganadera. Si la industria ecuestre funciona en Francia, en Bélgica, en Holanda o en Inglaterra no hay motivo para que no funcione aquí. Quizá no esté nunca al nivel de Francia, donde los caballos son el tercer producto que más se exporta, tras los coches y los quesos, pero con que fueran el décimo producto en nuestra lista de exportaciones ya sería una gran fuente de riqueza y de empleo para la región», reflexiona.

Las carreras

Diversificar nuestra ganadería, con la cría de caballos de deporte, ya sea para que compitan o para que sean utilizados en las cada vez más frecuentes rutas ecuestres, es el mensaje que algunos de nuestros criadores tratan de transmitir a la sociedad.
Javier Aznar es propietario de la cuadra de caballos de carreras Bering, que actualmente cuenta con ocho ejemplares en entrenamiento en España, cuatro en Francia y tres yearlings (potros de un año) que probablemente se subasten este otoño en Inglaterra. En su opinión, la escasez de subastas en España no es un grave inconveniente para los criadores: “Con las que se celebran, los vendedores, a mi juicio, tienen mercado suficiente», dice.
El valor de un potro de un año de carreras es muy variable. Basta tener en cuenta que la cubrición de un semental oscila entre los 1.000 euros y los 300.000. No obstante, con la crisis económica, los precios se han estabilizado, lo que contrasta con el fuerte crecimiento que se produjo en los diez años anteriores.
La poca repercusión pública que tienen las carreras en nuestro país puede ser una de las causas de que la industria ecuestre no acabe de despegar. A juicio de Javier Aznar, confluyen varios factores: «El cierre durante nueve años del hipódromo de La Zarzuela, en un país donde hay muy pocos; la escasa cobertura de las carreras de caballos por parte de los medios de comunicación; la falta de implantación de las apuestas en todo el territorio nacional –ya que sus ingresos son imprescindibles para el desarrollo del sector–; la escasez de premios y de carreras que permitan cubrir los gastos de mantenimiento de los caballos…».
El propietario de la cuadra Bering, que conoce muy bien el mercado internacional asegura que «hay muy buenos profesionales en España. Pocos, pero muy buenos. Si hubiera un mayor desarrollo, la demanda justificaría la creación de escuelas de formación, como hay en toda Europa”.
También cree deseable que se ayuden algunos proyectos: “Yo no soy muy partidario de los apoyos con carácter general, pero sí el que se ayude a proyectos viables que sean susceptibles de generar empleo y riqueza en la comunidad autónoma», explica.
La Fundación Botín, en su informe para el desarrollo de la cuenca del Nansa preservando su ecosistema y su modo de vida, advierte que una de las alternativas más evidentes es la ganadería equina, especialmente la de caballos de alto valor. Esa es, también, la aspiración de quienes de manera minoritaria se dedican a ello en Cantabria.

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