Bocarte con acento francés

Primero fue una avanzadilla de cuatro barcos, tres laredanos y uno santoñés, que se aventuraron hace un mes a probar suerte en las aguas de la Bretaña francesa, a las que ningún pesquero cántabro se había acercado desde hace más de una década. Una vez comprobado que el bocarte estaba allí, como alguien les había alertado, han sido cerca de ochenta barcos de las cofradías de la zona oriental de Cantabria los que, como moderna Armada Invencible, se han desplazado al litoral francés. Una decisión que, a buen seguro, no habrá agradado a los pescadores galos, que han estado dosificando las capturas para que el precio en el mercado se mantuviese estable.
La iniciativa de la flota cántabra es perfectamente legal, aunque la costumbre se haya perdido en los últimos tiempos. Desde hace años, las cofradías de Galicia, País Vasco y Cantabria mantienen el acuerdo de reservar un 10% de la cuota anual de anchoa para el segundo semestre, cuando el bocarte se encuentra ya mucho más al norte. Y la decisión de completar el TAC (Total Admisible de Capturas) en esas aguas no vulnera ninguna normativa europea. También es habitual la llegada a nuestras costas de arrastreros portugueses en busca de verdel.

La venta en lonjas cántabras

La señal de que el bocarte estaba en aguas francesas lo dieron las conserveras cántabras, que desde mediados de agosto venían abasteciéndose con la anchoa pescada en la Bretaña. Pero, para los pescadores, no era fácil tomar la decisión de trasladarse a más de doscientas millas para faenar. El riesgo económico que asumen, si las capturas no responden a lo previsto, es muy elevado. Aún así se han atrevido, en parte empujados por el hecho de que la costera del bonito ha sido floja.
Faenar tan lejos plantea otro problema más, el de dónde desembarcar la pesca. Descartada la venta en lonjas francesas, para no tensar más la situación, los barcos cántabros pueden optar por volver a sus puertos de base, en una travesía que dura unas 24 horas, o por servirse de camiones provistos de hielo que se desplazarían desde la región. Otro riesgo al que se enfrentan, con una flota tan numerosa faenando, es el de una caída del precio del bocarte si se dan bien las capturas. Pero al menos, han tenido la oportunidad de completar la costera, aunque sea en aguas francesas.

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