“El gasto farmacéutico seguirá aumentando, y mucho”
Pregunta. ¿Qué es lo que ha impulsado a los farmacéuticos a dar un paso del que hasta ahora no había precedentes, como es el cierre de farmacias?
Francisco de Asís de la Maza, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Cantabria.– La protesta en Cantabria ha sido testimonial en relación con el resto de España donde el cierre ha sido de 24 horas, pero ha sido una respuesta ante unas medidas que nosotros pensamos que son inútiles e ineficaces, como lo demuestra el que las llevan haciendo ya seis años. No es una respuesta de tipo económico ni mucho menos, porque en las anteriores nos han recortado márgenes, hemos tenido que devolver dinero de nuestros beneficios y no nos hemos manifestado ni hemos cerrado. Por poner un ejemplo, en el tema de horarios llevamos liberalizados cuatro años y no hemos hecho cierres ni huelga, a pesar de que teníamos un sistema de horarios con el cual el servicio farmacéutico funcionaba las 24 horas del día.
P.– ¿Por qué se han decidido ahora a dar ese paso?
R.– Porque lo que vemos es que se introduce un cambio en el modelo de servicio que prestamos.
P.– Sin embargo, la percepción más común es que lo que se ha hecho simplemente ha sido recortar los beneficios de las farmacias.
R.– Que el sistema esté intervenido no da pie al Gobierno para que continuamente y de forma reiterada vaya reduciendo los márgenes y la rentabilidad de las farmacias. Por otra parte, desde un punto de vista sanitario se nos está considerando como puros comerciantes; sólo se habla de la parte económica y no se habla para nada del servicio sanitario que prestamos. Otra de las cuestiones por las que hemos cerrado es que considerar el medicamento como un bien de consumo, como un producto al que se pueden aplicar las reglas de libre mercado en cuanto a oferta o promoción, nos parece una aberración desde el punto de vista sanitario. El medicamento debe tener siempre un uso racional y así lo dice la OMS; el medicamento es un bien sanitario y su única utilidad debe ser esa; por lo tanto, introducir ese medicamento en una espiral comercial de rebajas a nosotros nos parece una aberración sanitaria.
P.– Lo que se intenta con estas medidas es recortar el gasto de la sanidad pública en medicamentos ¿qué otras alternativas hay para racionalizar ese gasto?
R.– Estas medidas lo único que van a salvar son los presupuestos del año que viene, porque dentro de año y medio vamos a estar igual. El problema del gasto farmacéutico de la sanidad pública está en la demanda y, por mucho que nos vayan recortando márgenes, el crecimiento del gasto va a seguir aumentando y mucho. Las causas están en el envejecimiento de la población, en que los nuevos medicamentos cada día son más caros y en las propias listas de espera de la sanidad pública, que dan lugar a un gran consumo de fármacos; por otra parte, hay un gran despilfarro en el consumo de medicamentos. Nosotros hemos propuesto a la Administración la necesidad de plantear una política de uso racional del medicamento en la que el farmacéutico no se debe quedar en la mera dispensación del fármaco, sino que debe hacer un seguimiento del paciente.
P.– ¿Estarían dispuestos los farmacéuticos a jugar un papel más activo?
R.– Por supuesto; ese es el papel del farmacéutico del próximo milenio. Los medicamentos cada vez van a ser más complejos, estamos hablando ya de genética, de nuevas tecnologías aplicadas a la elaboración y ahí tendrá que estar el farmacéutico de forma activa porque es el sanitario más cualificado. En ese sentido, nuestra propuesta es una asistencia sanitaria que no se quede en la mera dispensación sino que vaya más allá, de forma que el paciente cumpla el tratamiento y se evite la duplicidad de fármacos que detectamos cuando se acude a más de un médico. Si nosotros participásemos en ese seguimiento, haciendo una farmacovigilancia, se ahorraría muchísimo dinero al sistema.
P.– ¿Cómo se articularía esa participación más activa de los farmacéuticos?
R.– Eso se hace introduciendo al farmacéutico en la asistencia primaria, de manera que haya una mayor coordinación y colaboración con el médico; creando un equipo multidisciplinar… esa sería la solución y se ahorrarían miles de millones porque el medicamento mal usado o no usado es el que da lugar a un mayor gasto sanitario. Se ha calculado que del 15 al 10% de los ingresos sanitarios son debidos al mal uso de los medicamentos o a que a ese paciente se le ha prescrito un tratamiento y no lo ha cumplido. Ahí es donde hay que actuar.
P.– ¿No es razonable para rebajar ese gasto aplicar un recorte de márgenes a los establecimientos que más facturan a la Seguridad Social?
R.– Yo no planteo que el recorte no se haga en la farmacia, tampoco planteo que se aumente la aportación del ciudadano o que el recorte se haga al laboratorio; lo que hace falta es una reforma estructural; basta ya de medidas coyunturales. Hay que sentarse y dialogar.
P.– ¿Sería útil para rebajar el gasto farmacéutico incrementar el consumo de genéricos o reducir el número de unidades que se dan en cada medicamento?
R.– Nosotros hemos apoyado la introducción de genéricos porque somos conscientes de que hay que controlar el gasto farmacéutico, pero la medida ahora impuesta —el aumento a un 33% del margen de beneficio que corresponde a las farmacias por la venta de medicamentos genéricos, aquellos cuya patente ha caducado y son más baratos– es absurda porque nosotros no podemos incentivar el consumo de genéricos ya que el medicamento nos viene prescrito. Lo que pedimos es la posibilidad de elección del medicamento; que nos prescriban un principio activo y que no nos pongan la marca. Nosotros ahora mismo tenemos que tener en stock todas las marcas de ese principio activo más todos los genéricos y eso es descabellado.
P.– ¿Existe en otros países europeos el mismo modelo de relación entre la sanidad pública y las farmacias que existe en España ?
R.– No existe una política común sanitaria, como hay en otros temas, pero en el resto de los países de la UE también es un sector controlado por el Estado. Aquí sólo hay dos modelos. Uno es el de libre mercado, donde el medicamento deja de ser un producto controlado en el que se requieren una serie de requisitos en cuanto a distribución o establecimiento y se deja al libre juego del mercado. Este es el sistema que existe en los países sudamericanos. Luego está el modelo europeo en el que la prestación farmacéutica es básicamente igual en todos los países, aunque con diferentes matices. Por ejemplo, en Francia el ciudadano compra el medicamento en la farmacia y luego va a una oficina estatal donde se le reembolsa el dinero. En España no paga un duro, va con la receta y luego nosotros nos encargamos de facturar al Estado, y esa gestión es a cuenta nuestra.
P– ¿Cuál es la calidad del servicio farmacéutico español respecto a otros de países de la Unión Europea?
R.– España, junto con Grecia, creo que es el país que más farmacias tiene en relación al número de habitantes respecto a Europa; aquí estamos en torno a las 2.200 personas por farmacia, mientras que Holanda tiene una media de 10.000 habitantes por farmacia y Alemania tiene 6.500. En cuanto a capilaridad y flexibilidad del servicio, España es el mejor de Europa. Por otro lado, España es el país que más baratos tiene los fármacos dentro de Europa hasta el punto de que se producen exportaciones paralelas. Hay medicamentos que vienen de Alemania y, como aquí valen la mitad o tres veces menos, se vuelve a reexportar hacia Alemania.
P.– ¿Quien fija el precio del medicamento?
R.– El precio inicial se fija por la Administración; existe una Agencia de Evaluación del Medicamento que decide primero si ese fármaco es aprobado en España, luego determina el precio y si ese medicamento va a estar o no financiado por la Seguridad Social.
P.– En Cantabria se realizará pronto las transferencias en materia sanitaria, ¿en qué puede afectar eso al sector farmacéutico?
R.– Nosotros tenemos muchas propuestas y creo que se puede implantar aquí un modelo ejemplar y que incluso se pueda exportar a otras autonomías. Insisto en que haciendo una política racional del uso de los medicamentos se podría ahorrar muchísimo dinero. Además, podemos convertir las farmacias en auténticos centros sanitarios muy accesibles al ciudadano. En las farmacias no sólo se deben dispensar medicamentos sino que debemos ir más allá haciendo campañas de prevención de hipertensión arterial, de colesterol… Lo que no entendemos es cómo un Estado puede despreciar un sistema modélico en cuanto a distribución y capilaridad.
P.– ¿Hay paro entre los farmacéuticos de Cantabria?
R.– No, incluso estamos teniendo problemas para encontrar gente porque ahora en verano hay más demanda en las zonas turísticas y además los que se van de vacaciones necesitan gente para cubrir esa suplencia. Ahora mismo hemos firmado convenios de colaboración con las comunidades vecinas para que vengan farmacéuticos.
P.– ¿Está bien dimensionada Cantabria en cuanto a número de farmacias?
R.–Sí, en Cantabria quitando cuatro o cinco ayuntamientos de 200 o 300 habitantes, hay una farmacia en todos los municipios; eso no quita para que haya determinadas zonas en donde hay una farmacia y a lo mejor puede entrar otra, pero eso se reglamentará en la nueva Ley de Ordenación Farmacéutica. En general, yo creo que las necesidades están más que cubiertas.