La profesionalización de un psiquiátrico
A finales del siglo XIX un religioso italiano de San Juan de Dios fundaba en España una congregación femenina para poder auxiliar a las enfermas psiquiátricas que, por derecho canónico, no podrían ser atendidas por hombres. El empuje del padre Benito Menni daba lugar a las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, que se fueron extendiendo por el país y llegaron a Cantabria en 1947, asentándose en una modesta casa de campo de Cueto provista de una gran finca donde poco a poco construyeron un hospital que abrió a comienzos de los años 60.
Desde hace cinco años, el Sanatorio Psiquiátrico Nuestra Señora del Rosario, de Cueto, como todos los demás centros de la congregación, repartidos ahora por medio mundo, pasó a denominarse Padre Menni, una forma de unificar la imagen y, al mismo tiempo, de distanciarla del oscurantismo que en el pasado caracterizó a las instituciones psiquiátricas. Simultáneamente, se comenzó a profesionalizar la gestión. Las religiosas empiezan a compartir con los seglares el control de las áreas más significativas, algo que parece imprescindible cuando se alcanza una plantilla de 175 personas (240 con los servicios subcontratados) y una facturación de 1.200 millones de pesetas al año. El centro se mantiene como propiedad de la congregación, con el mismo carácter no lucrativo y una filosofía que pone al paciente por delante de cualquier otra circunstancia, lo que obliga a un ratio de personal bastante más alto del que tendría una institución de otro tipo.
La gestión no resulta sencilla, si se tiene en cuenta que el pago que hasta ahora ha venido realizando el Gobierno regional por enfermo y día era de 6.300 pesetas, el mismo que se ofrece a una residencia de ancianos convencional, a pesar de que las necesidades de atención son muy distintas. El Hospital no sólo tiene que hacerse cargo, dentro de esta cuantía, de las medicinas estipuladas en los tratamientos, sino que ha de sufragar los servicios de asistentes sociales, fisioterapeutas, animadores culturales, psiquiatras, psicólogos, médicos generales y enfermeros, que, por las propias circunstancias de los internos, mantienen una atención permanente. La disparidad económica con otras comunidades es significativa, y especialmente con Navarra, donde la Administración paga casi el doble por cada paciente.
En el nuevo convenio, que ahora negocia el Centro con la Consejería de Sanidad es previsible que se recojan por fin estas circunstancias, con un tratamiento diferenciado en función a los cuidados específicos de cada patología.
El cambio en la atención psiquiátrica
Las administraciones públicas nunca han sido generosas con estos centros, a pesar de que atienden un problema social importantísimo que el sector público nunca ha sabido muy bien como afrontar, pero las circunstancias han cambiado mucho en pocos años. Si en el pasado la mayoría del personal estaba compuesto por religiosas que no tenían remuneración salarial y, por tanto, las necesidades económicas de estos centros hospitalarios eran pequeñas, en la actualidad sólo quedan 14 religiosas en el hospital cántabro –menos del 10% del personal– y esa circunstancia ha modificado por completo la estructura de costes.
La propia atención psiquiátrica es distinta, dado que ahora muchos de los tratamientos se realizan en régimen ambulatorio o con estancias diurnas y miniresidencias. Eso ha motivado que una parte significativa de las camas del Hospital de Cueto quedaran libres y la institución ha redefinido su uso, utilizándolas para personas mayores con trastornos psiquiátricos o neurológicos (depresión, alzheimer, demenciales…). De esta forma adecúa sus servicios a la nueva demanda de la sociedad. Los pacientes psiquiátricos se externalizan cada vez más, mientras que aumenta la demanda de personas mayores. En total, Padre Menni tiene 380 camas, de ellas 300 concertadas con el Gobierno regional; el resto son de carácter privado o concertadas con aseguradoras.
Ordenar los recursos de la región
El tratamiento institucional de la salud mental en Cantabria también ha cambiado radicalmente desde hace cinco años. Baste recordar los conflictos que se produjeron durante el gobierno de Juan Hormaechea, cuando se negó a aceptar la responsabilidad sobre los enfermos crónicos, que la Seguridad Social nunca ha amparado. Tradicionalmente, estos enfermos eran atendidos por las diputaciones provinciales, responsabilidad que en Cantabria heredó la Diputación Regional con la llegada de la autonomía. Al acceder al Gobierno Martínez Sieso la lamentable situación se normalizó, aunque aún resta por crear una red complementaria de los hospitales psiquiátricos, como las miniresidencias o los pisos tutelados, donde el enfermo está mucho más cerca de su entorno y puede volver a dormir a casa.
En el centro se ha abierto una unidad de valoración geriátrica que permite conocer mejor las necesidades de los ancianos y atenderlos en las nuevas unidades cada vez más especializadas. Otros, simplemente son tratados en consultas externas y regresan a sus casas o sólo permanecen durante algún tiempo, lo que permite mejorar el aprovechamiento de los recursos. Pero queda terreno por recorrer. Antonio Ruz, gerente del centro, cree que la Consejería de Sanidad tiene que plantearse una ordenación de los recursos con que cuenta la región para atender las enfermedades mentales y neurológicas, tanto en jóvenes como en adultos o ancianos, en centros propios como Parayas o la residencia de Cueto, o en centros concertados. Su deseo se centra en que el concierto conceda un papel más cualificado a su Hospital que a una simple residencia geriátrica, ya que el nivel de cuidados que se realizan es mucho mayor: “Tienen que decidir si quieren residencias que remitan todos los problemas a Valdecilla [donde una cama tiene un costo diario varias veces superior] o prefieren una asistencia especializada”.
Ruz piensa que el Centro puede ahorrar al sistema cántabro de salud un importante volumen de recursos. Ese ahorro era menos evidente hasta ahora, puesto que los gastos de Valdecilla no recaían sobre la autonomía, sino en la Administración central, pero las circunstancias han cambiado radicalmente con la transferencia del Insalud. Ahora, el sobrecoste que tiene la atención de un paciente con síntomas psiquiátricos o psicogeriátricos en Valdecilla repercute directamente sobre las arcas regionales.
La expansión de Padre Menni
La institución Padre Menni ha ido extendiendo sus servicios, ayudada por la Consejería de Sanidad, y abriéndose a la sociedad para atender nuevas necesidades, como la anorexia y la bulimia, y adecuarse a los avances de la psiquiatría, que gracias a tratamientos farmacológicos más eficaces permiten mejorar la calidad de vida del enfermo y de su familia, así como el pronóstico de la enfermedad, sin sacarlo en muchos casos de su entorno.
Además del Hospital de Cueto, Padre Menni cuenta en Cantabria con dos centros psicogeriátricos de día, ubicados en Santander y Los Corrales de Buelna, donde los ancianos con alteraciones psíquicas –cuadros depresivos, alzheimer, etc.– pasan la jornada, aunque van a dormir a casa, lo que propicia su continuidad en el entorno familiar; tiene otros dos centros de rehabilitación psicosocial para enfermos mentales, en Santander y Torrelavega, con los que intenta una mayor integración familiar, social y laboral de las personas que padecen problemas psiquiátricos crónicos, y acaba de poner en marcha tres equipos de salud mental infantojuvenil y un hospital de día especializado en trastornos de la conducta alimentaria, un problema que afecta a un número creciente de jóvenes.
Todos ellos se significan por una decoración moderna que intenta romper con la imagen de los antiguos tratamientos psiquiátricos.
Nuevo hospital
La intención de la institución religiosa a medio plazo es hacer un nuevo hospital en Cueto, más adecuado a las circunstancias de los enfermos actuales, la mayoría de edad muy avanzada, que requieren más espacio y la eliminación de barreras arquitectónicas. Para ello aprovecharía la zona norte de la finca, que ahora está sin uso (hubo allí un pabellón agrario que atendían los propios enfermos y una piscina que ha funcionado hasta épocas recientes), lo que permitiría simultanear la construcción con la actividad del centro actual, hasta el traslado definitivo.
Para ejecutar este proyectos, el Centro está buscando financiación en los fondos de la Unión Europea y a nivel nacional y regional, convencido de que, después de 40 años de intenso uso, el hospital y las sucesivas ampliaciones han dado de sí todo cuanto podían dar.