Los 25 años de
CEOE-CEPYME

El 15 de junio de 1977 se celebraban en España las primeras elecciones democráticas después de la Dictadura. Era el pistoletazo de salida para la constitución de un sinfín de organizaciones de todo tipo que a partir de ese momento comenzaban a canalizar la vida del país, entre ellas las patronales y los sindicatos, regulados un par de meses antes. Con pocas semanas de diferencia se constituían las Confederaciones de Organizaciones Empresariales de la mayoría de las regiones y provincias y ahora cumplen 25 años casi simultáneamente, lo que está obligando a una gira interminable por todo el país al patrón de patrones, José María Cuevas, en su deseo de participar en los actos de conmemoración de cada una de ellas.
La vida de la asociación cántabra nunca fue sencilla. Al contrario de lo que ocurría con los sindicatos, que nacían con una especie de legitimidad natural, los empresarios se asociaban con más timidez que convencimiento, en un clima social tan poco favorable para su causa como el económico. Sin recursos, sin aprecio social para la figura del emprendedor y sin fortaleza interna, las COES parecían un pequeño reducto de autodefensa frente a unos sindicatos exultantes por su novedad y dispuestos a conquistar todo el terreno de juego.
En el revuelto panorama de siglas que vivía el país, la patronal cántabra adolecía de los problemas de consolidación que había sufrido el movimiento empresarial nacional, donde tres organizaciones se habían disputado la hegemonía (Confederación Empresarial Española, Agrupación Empresarial Independiente y Confederación General Española de Empresarios), hasta que definitivamente Carlos Ferrer Salat con la ayuda de la patronal catalana Fomento del Trabajo Nacional consiguieron hacerlos confluir en una sola fuerza.
A pesar de que ya desde la firma del Acuerdo Básico Interconfederal con UGT, al comienzo de la transición, la CEOE se configuraba como el interlocutor más representativo ante los sindicatos, no fue sencillo integrar a las empresas, lo que exigió un enorme trabajo organizativo y de presencia pública. Finalmente, en 1980 CEOE consiguió reunir a una gran base empresarial gracias al acuerdo de incorporación de CEPYME, la asociación fundada por Agustín Rodríguez Sahagún.

Las COES cántabras

Si en la patronal nacional se habían aprovechado las viejas estructuras sectoriales y territoriales de la antigua Organización Sindical, en las autonomías el proceso fue inverso. Un pequeño grupo de grandes empresas creaba la patronal, influidas por lo que ocurría en Madrid y la mayoría de las ramas sectoriales se añadieron más tarde.
La Confederación de Empresarios de Santander (COES) se creó así en 1977, por impulso de un grupo de empresarios y directivos de grandes empresas y una decena de asociaciones gremiales, que nombraron a Antonio García Escudero, de Sniace, al frente de una junta directiva provisional.
Las relaciones entre la Intersectorial (las grandes empresas) y las COPYMES (pequeñas y medianas) no resultó fácil, pero mucho más difícil fue la relación con las asociaciones gremiales, que interpretaban como una ingerencia en su soberanía cualquier intento de que la COES asumiese responsabilidades de negociación o representación. En contra de su voluntad, García Escudero se vio forzado a consolidarse en el cargo, en una situación muy precaria, dado que en aquel primer año COES ni siquiera tenía ingreso alguno. Finalmente, en 1978 se nombró presidente a José López García, representante de una de las asociaciones gremiales más poderosas, la de Hostelería.
La Intersectorial ya no era el núcleo exclusivo de poder, pero tampoco de esa forma hubo posibilidad de convencer a otros gremios de que se integrasen, especialmente Pymetal, el más importante en número de asociados. La conflictiva creación de Sogarca fue un buen ejemplo de las pugnas entre las patronales por arrebatarse la tutela de la idea.

La tardía integración de CEPYME

En 1979 la COES comienza a prestar servicios profesionales a sus asociados y es elegido presidente Roberto Sáez que entre otras tareas ha de encargarse de buscar una sede en propiedad, para lo que se elige un piso de la calle Castelar.
CEPYME se fusionó con CEOE a nivel nacional en marzo de 1980 pero en Cantabria el proceso aún tardaría cuatro años más, lo que indica las dificultades que hubieron de superarse. Ya bajo la presidencia de Angel Gutiérrez Coterillo, que se puso al frente de la COES en 1983, y tras múltiples reuniones para debatir la futura estructura de poder, en 1984 quedaba formada la federación de ambas, con un nuevo nombre: CEOE-CEPYME de Cantabria.

Un salto cualitativo

Gutiérrez Coterillo, por entonces director de Sniace, repitió como presidente otros dos mandatos. En ese largo periodo, la patronal consiguió un goteo de incorporaciones, mejoró su estado financiero y aumentó sus servicios, además de trasladar su sede a la Plaza del Príncipe. Pero su presencia social dio un salto cualitativo con la llegada de Lope Carral en 1995 y con la firma del Acuerdo de Concertación Social, que anteriormente no había podido sustanciarse y no tanto por las normales diferencias entre sindicatos y patronal como por el absoluto desinterés del Gobierno Hormaechea.
El mandato de Carral, que anteriormente había dirigido la Asociación de Artes Gráficas, no sólo coincidía con la llegada de un nuevo Gobierno regional que vino a regularizar la situación institucional de Cantabria, sino que también se iniciaba con la inauguración de unas nuevas dependencias de la asociación en la calle Rualasal, unos locales aportados por el Estado como restitución del patrimonio sindical acumulado a lo largo del franquismo.
La entrega del inmueble, unida a las ayudas para los agentes sociales que puso en marcha la Diputación de Cantabria y la impartición de numerosos cursos, impulsaron sustancialmente la capacidad económica de CEOE-CEPYME. Una mejora que atrajo a algunas asociaciones que aún quedaban descolgadas. La patronal cántabra aumentó sustancialmente su base de empresas y entró a jugar un papel activo en las nuevas instituciones que por fin se creaban, el Consejo Económico y Social y el ORECLA, un organismo destinado a reducir la litigiosidad laboral a través de arbitrajes.
En 1999, Carral fue reelegido presidente de CEOE al frente de una junta de amplia representación, donde se encuentran José Gómez Otero, presidente de Pymetal y Román Villaescusa, de Jóvenes Empresarios, organizaciones que durante años mantuvieron serias reticencias a incorporarse, lo que pone de relieve la ya casi absoluta integración del movimiento empresarial. En estos momentos, en el seno de la patronal cántabra se encuadran medio centenar de asociaciones y 450 socios directos, con más de 8.000 empresarios.

El difícil equilibrio interno

Esa representatividad no impide que en ocasiones pierda jirones, como le ha ocurrido con la salida de Apemecac, una asociación de comerciantes y pequeños empresarios nacida en Torrelavega en el fragor de la crisis de los primeros años 90, con un tono muy reivindicativo.
Apemecac alcanzó una fuerza significativa, hasta hacerse con el control de la Cámara de Comercio de Torrelavega y entró en CEOE-CEPYME después de muchas dudas, pero finalmente se ha marchado dando un portazo, acusando a la patronal regional de haber apoyado a las grandes empresas en las últimas elecciones camerales, en las que Apemecac cosechó un rotundo fracaso, y de no haber cumplido el pacto por el cual esta asociación debía convertirse en la representación formal de CEOE en la comarca.
Lo cierto es que en el seno de la gran patronal conviven fuerzas con intereses muy distintos y eso provoca situaciones de equilibrio inestable. El caso más evidente es el de las asociaciones de comerciantes, cuyas aspiraciones tienen muy poco que ver con las de las grandes superficies, que también se encuentran afiliadas de forma directa.
Las tiranteces se producen igualmente en la confluencia de las organizaciones horizontales y las sectoriales. Es lo que ha ocurrido con el crecimiento de Coercan, una asociación de pequeños comerciantes y autónomos que se incorporó hace dos años a CEOE-CEPYME y cuya actividad ha causado roces con asociaciones gremiales que temen haber encontrado un competidor dentro de la misma patronal. Unos problemas de tono menor si se tiene en cuenta que la CEOE cántabra vive el mejor momento de su ya no tan corta historia.

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