Nada es como parece
ESO SI QUE ES ACERTAR.- El valor de Telefónica en Bolsa ha caído un 25% en el breve espacio de un mes, lo que supone la pérdida de más de cuatro billones y medio de pesetas, lo que obviamente habrá supuesto más de un afectado. Pero no van a ser los directivos que cobren los 81.000 millones de pesetas en stocks options. Para su fortuna, la valoración de sus opciones se hizo en el momento más alto de la compañía, lo cual es tanto como dar en el centro de una diana con los ojos cerrados. Y por si fuera poco, les corren intereses hasta el momento del pago.
LO IMPORTANTE ES TOMAR DECISIONES.- La fusión de Deustche Bank y el Dressner Bank fue acogida con una subida de Bolsa y la ruptura del noviazgo antes de la boda con otra. Al parecer, el mercado valora cualquier toma de posición rotunda, aunque sean contradictorias entre sí.
SUSPENSION DE GOLES Y PAGOS.- El fútbol está pasando por un momento más delicado de lo que muchos pueden suponer. Hasta ahora el principal problema era la suspensión de goles, pero ahora puede llevar aparejada la suspensión de pagos. Los equipos se mueven en el filo de la navaja económica y eso supone que mientras meten los goles suficientes, la marca lo aguanta casi todo, incluso las gestiones más nefastas. El problema se plantea cuando a la permanente crisis económica se le une la sequía goleadora, como en el Atlético de Madrid. En ese momento llega la ruina. Por si fuera poco motivo de preocupación, Hacienda ha decidido inspeccionar a todos los clubes y a la vista de que el Atlético pagaba a sus jugadores el doble de la cantidad realmente declarada, ya sabemos lo que podemos esperar de la mayoría. Como no es aceptable por los aficionados que los equipos más gloriosos acaben jugando en Segunda División B, veremos antes de tres años un plan general de saneamiento, por muy privadas que sean las sociedades. El tiempo lo dirá.
MAS MOVILES QUE FIJOS.- La telefonía móvil acaba de superar a la fija en el mercado español, algo que no ha ocurrido en ningún país europeo, excepto en Italia y que pone las cosas muy difíciles al cuarto operador que aún debe iniciar la carrera. Pero lo más insólito es que en 1996 apenas había un millón de teléfonos móviles y hoy hay 45 por cada cien habitantes. Si se descartan los escolares de primaria y pocos colectivos más, todo el mundo parece estar enganchado al móvil y pensando permanentemente en cambiar de aparato, porque la estadística dice que por cada dos abonados se venden tres terminales.
EUFORIA ECONOMICA.- La Unión Europea tira la casa por la ventana, al menos en las previsiones de crecimiento y eso ocurre con un petróleo muy caro, lo que indica que no siempre pueden achacársele todas las culpas a la OPEP, al igual que habrá que reconsiderar la teoría de los ciclos, al menos en Estados Unidos, que parece dispuesto a morir de éxito. Si la economía europea crece este año al ritmo del 3,4% y en dos ejercicios puede producir cuatro millones de empleos, como dice la UE, este tren no hay quien lo pare. Pero una de las circunstancias más llamativas es el comportamiento del sector público. Este año ya habrá siete países comunitarios que cierren el ejercicio con superávit (algo que hasta hace poco parecía una rareza exclusiva de las economías japonesa y alemana) y el año que viene ya serán once, entre ellos España. Algo está cambiando en la economía, porque no siempre la bonanza económica ha supuesto una fuerte reducción del déficit. Basta recordar que Cantabria acumuló la mayor deuda de su historia entre 1987 y 1990 cuando el PIB crecía a un ritmo superior al 4%.
POCA CONTUNDENCIA.- Cuando Estados Unidos encuentra algún obstáculo para sus exportaciones recurre de inmediato a una guerra comercial y las ha tenido de todos los colores: del tomate, del plátano, del trigo… Europa, en cambio, reacciona con bastante menos contundencia. Para la industria naval europea la actitud de los astilleros coreanos ha sido una auténtica catástrofe y, sin embargo, después de muchas negociaciones, sólo se ha conseguido un reconocimiento de culpa de aquel Gobierno que promete no seguir subvencionando bajo cuerda a sus astilleros para que se queden con todos los contratos internacionales. El escepticismo es tanto que la propia UE se ha visto obligada a aclarar que si no cumplen la promesa, recurrirá a la Organización Mundial de Comercio. Algo que los norteamericanos resuelven mucho más rápido cerrando sus fronteras a los productos del competidor supuestamente desleal.