Una alternativa a los grandes astilleros
Los grandes astilleros europeos siguen luchando por reflotar una industria torpedeada por la feroz competencia de algunos países asiáticos, y su prolongada crisis ha supuesto también una dura prueba para una multitud de empresas que realizaban los trabajos auxiliares.
De este problema no se ha librado Cantabria. Muchos de los talleres dedicados a la construcción naval se han visto obligados a abandonar el sector y buscar otras actividades, pero hay algunos que han logrado mantener su vinculación, continuando una tradición que en Cantabria cuenta con profundas raíces. Y una salida inesperada ha sido la transformación de barcos de cruceros, de la mano de la ingeniería vizcaína Oliver Design, especializada en estas tareas.
La firma vasca ya ha reconvertido cuatro buques en muelles poco usados de la bahía santanderina, a los que podría sumarse otro más de 70 metros de eslora que, de confirmarse el contrato, será remodelado en Astander.
Ferries y cruceros de lujo
No será esta la primera vez que Oliver Design colabore con este astillero. En 1999 lo eligió para la transformación de un buque oceanográfico. Más tarde trajo a aguar santanderinas el ferry ‘Ciudad de la Laguna’, un barco de diseño compacto que cambió sustancialmente su apariencia exterior y distribución para poder ser explotado en cruceros de placer por las cálidas aguas de Canarias. La obra, de gran envergadura, se ejecutó en el muelle de San Martín que por unos meses recuperó la memoria de los Astilleros del Atlántico, cuya base de operaciones estuvo allí durante muchas décadas.
Las dos siguientes transformaciones se han llevado a cabo en Astilleros Solana (Maliaño) con dos buques de parecidas características propiedad de la firma inglesa Carta Magna, especializada en cruceros de lujo. La tarea de Oliver Design ha consistido en remodelar unos barcos diseñados para navegar por mares cálidos para adaptarlos a su explotación en minicruceros de lujo por el Atlántico Norte. El primero de ellos, el ‘Lord of the Glens’, un veterano yate griego, presta ahora servicio en aguas del Lago Ness (Escocia), mientras que el segundo, el ‘Lord of the Highlands’, recién concluido, partía hace algunas semanas de Santander rumbo a Sevilla donde realizará cruceros por el Guadalquivir y la costa atlántica hasta Doñana durante los inviernos. En primavera se trasladará a La Rochelle (Francia) y completará su ciclo anual de explotación en aguas de Escocia durante los meses de verano.
En la remodelación de cada uno de estos buques, que cuesta unos 500 millones de pesetas, han tenido una participación muy activa empresas cántabras que mantienen una estrecha relación con Oliver Design. Es el caso de Talleres Cagigas, una veterana firma astillerense que realiza los trabajos de carpintería interior, o de Talleres del Besaya, de Cartes, que lleva a cabo las modificaciones de estructuras metálicas.
La posibilidad de contar con la infraestructura de Astilleros Solana es otra de las razones que explican la elección de la bahía santanderina para ejecutar este tipo de trabajos, según el director comercial de Oliver Design, Íñigo Oliver: “Para embarcaciones de hasta 50 metros tenemos un acuerdo especial con Astilleros Solana, que es el único en esta zona de la Cornisa Cantábrica que nos permite llevar directamente la ejecución de la obra con nuestras propias subcontratas”.
Además de los servicios propios de un astillero, como el suministro de energía, las grúas y el utillaje, Solana aporta trabajos concretos, como las nuevas tuberías de acero con que se ha dotado al ‘Lord of the Highlands’.
Otras empresas cántabras han proporcionado muchos de los elementos de la cuidadísima decoración interior que han acabado por transformar el barco en un lujoso hotel flotante.
Proyectos llave en mano
La vinculación de los fundadores de esta empresa vasca con Cantabria se remonta la década de los setenta, cuando el ingeniero naval Jaime Oliver creó su propia empresa –Setcom (Servicios Técnicos y Comerciales)– para trabajar como oficina técnica externa con diferentes astilleros. En aquellos años tuvo lugar el primer contacto con Talleres Cagigas, que prestaba servicio como empresa auxiliar en Astander. A comienzos de los ochenta, la firma de Guecho, que se había especializado en la remodelación de buques, cambió su nombre por el de Oliver Design y comenzó a participar en ferias internacionales intentando ampliar su mercado al campo de los ferries y barcos de pasaje, una actividad que no contaba con demasiado arraigo en España.
La apertura hacia nuevos mercados les puso también en contacto con una demanda específica para la que no existía muchas alternativas al margen de los astilleros tradicionales. Para atenderla, optaron por crear un equipo multidisciplinar que, además de diseñar la remodelación de los barcos, se ocupase de ejecutar los trabajos y de tramitar los certificados de navegación necesarios. El armador recibe el trabajo llave en mano y a precios más competitivos de los que podría ofertar un astillero tradicional, donde la estructura de costes es mucho más rígida.
“Si el armador no necesita los servicios generales de un astillero –señala Íñigo Oliver–, la obra se puede ejecutar en un muelle cualquiera. Además, estos trabajos complejos, como son la remodelación de un barco ya existente, que exigen mucha ingeniería, sólo son rentables en manos de un equipo gestor pequeño, que puede trasladarse a cualquier sitio y apoyarse en empresas locales”.
Una muestra del grado de flexibilidad al que se llega con esta fórmula es la remodelación que se hizo en un buque de la naviera Balearia, mientras mantenía su actividad entre Baleares y la Península. Un grupo de diez trabajadores de Talleres Cagigas y Talleres Besaya efectuó durante dos meses la reforma de los salones mientras el barco navegaba.
Oliver Design también ha realizado trabajos en Canarias y en Portugal, y actualmente está llevando a cabo la transformación de tres ferries en Vigo. Entre sus proyectos se encuentra el diseño de un buque hospital que tendrá su sede en Santander. Para ello cuenta con la experiencia de haber proyectado en su día el hospital flotante ‘Esperanza del Mar’, un trabajo que ha sido premiado internacionalmente ya que fue el primer barco creado específicamente para dar cobertura sanitaria in situ a la flota pesquera española que faena en altura.
El retorno de los yates de madera
La nostalgia puede ser otra fuente de negocio, y la que provocan la líneas de los antiguos yates de madera va en aumento. La compañía vasca constata un creciente interés por la recuperación de este tipo de barcos tradicionales y desde el pasado mes de agosto construye en una nave muy próxima a la ría de Boo un prototipo de motovelero de 20 metros de longitud inspirado en un modelo clásico.
El barco será exhibido en el Salón Náutico de Barcelona el próximo año y si su acogida responde a las expectativas que despierta, puede ser el primero de una nueva línea de producción con la que Oliver Design retomaría una actividad –la construcción de yates de madera– a la que Jaime Oliver también se dedicó hasta que la crisis de 1973 le obligó a cerrar el pequeño astillero que tenía en Santurce (Yates Revilo).
Los últimos carpinteros de ribera
La construcción del motovelero no sería posible sin la aportación de Julio Ruiz, uno de los últimos carpinteros de ribera que queda en Cantabria. Todo el conocimiento artesanal de este especialista, logrado en más de cincuenta años de trabajo con barcos de madera, se está volcando en la construcción de este magnífico yate, que servirá además para formar a nuevas generaciones de calafates.
Siete trabajadores, entre los que se encuentran dos sobrinos de Julio Ruiz, van dando forma al barco, que se encuentra en la fase de forrado del casco. Posteriormente se construirán las dependencias interiores, que constarán de cuatro camarotes y un salón, y las cubiertas.
En la estructura del barco se utilizan maderas de diversas clases, atendiendo a su resistencia y peso: roble para soportar la tensión interna del barco, pino de Oregón y jatoba. El forro es de teka africana y la superestructura, es decir, la parte que sobresale del agua, se construirá en teka de Birmania, una madera cuyo precio se aproxima al millón de pesetas por metro cúbico.
Para Julio Ruiz este proyecto supone recuperar una tradición que fue progresivamente arrinconada por la irrupción del poliéster en la construcción de embarcaciones. Cuando se generalizó el uso de materiales sintéticos, la madera quedó reducida a la construcción de los modelos que servirían para la fabricación en serie. Los polímeros permitieron abaratar el precio de los barcos, pero también significaron la progresiva desaparición de los astilleros tradicionales. Proyectos como el de Oliver Design permiten aventurar un nuevo renacimiento para la vieja carpintería de ribera.